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Su origen data de la Cascais romana, por donde pasaron las huestes de Julio César, los árabes hasta la reconquista de Afonso Henriques en el siglo XII. Ya en el siglo XIV y de la mano de Pedro I, Cascais se independizó de Sintra. Una anécdota muy conocida de este rey es que contrajo matrimonio en secreto con la española Inés de Castro, en una época de gran tensión entre ambos países. Hoy yacen en el monasterio de Alcobaça bajo una lápida que reza
"Hasta el Fin del Mundo".
El núcleo urbano fue edificado en el siglo XVII, para proteger a la bahía, el cual creaba un cordón de artillería junto al Fuerte de Oitavos. Hoy el visitante, puede acudir al museo de artillería al aire libre y contemplar tanto Estoril como Lisboa, si el día es despejado.
Son representativos de Cascais, su puerto, el Paseo Marítimo y sus monumentos tanto de arquitectura religiosa como civil. Entre los primeros, destaca la iglesia de la Asunción, que acoge pinturas de Malhoa y del Mestre de Lourinha, y unos valiosos muros azulejos de 1748. También reseñamos la capilla de Nuestra Señora de la Guía, con el portal manuelino y los azulejos del siglo XVII y XVIII, junto con la iglesia barroca de Nuestra Señora de los Navegantes de planta octogonal e interior decorado con mármol blanco, rosa y gris.
Respecto a la arquitectura civil, destacamos la Torre de San Sebastián del antiguo palacio de los Condes de Castro Guimaraes, símbolos de Cascais, que alberga además una estupenda biblioteca, una colección de pinturas, muebles indo-europeos, vestigios arqueológicos que datan de la Prehistoria...
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Vista de la playa en Cascais, con el paseo marítimo al fondo.
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En el Largo 5 de Outubro, llaman la atención la estatua en bronce de Pedro I y el Ayuntamiento. Si bien, recorrer Cascais, supone percatarse de sus influencias árabes, en los alicatados, con los que se pintan azulejos a mano, como bien puede comprobarse en cada calle de la ciudad. No obstante, recomendamos la Cámara Municipal (Ayuntamiento), el antiguo palacio de los Condes de Guarda, que posee en su fachada formidables paneles del siglo XVIII y el parque de Gandarinha.
También destacamos El Museo del Mar, una buena forma de acercarse al mundo marino portugués, el Centro Cultural, antaño convento y su majestuosa plaza de toros. Paseando por las calles de Cascais, se puede llegar hasta Estoril, municipios unidos a través de sus playas. Éstas fueron asiduas de las clases altas a finales del XIX, trufando la costa de maravillosos palacetes de ensueño.
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Praca 5 de Outubro, Cascais. |
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