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Las dos sepulturas más visitadas en la región francesa de Champagne-Ardenne
son la del general Charles de Gaulle, ubicada en Colombey-les-deux-Eglises, en su cementerio municipal;
la segunda está un tanto escondida en la remota abadía de
Hautvillers, cerca de Reims, y hace compañía a Santa Helena, la madre de Constantino el Grande que descubrió la Santa Cruz en Jerusalén, es la de
Dom Pierre Perignon, un abad benedictino que en 1670
alertó a sus cofrades al descubrir accidentalmente un vino con espuma.
"Bajad hermanos -gritaba alborozado- hay un vino que tiene
estrellitas", al ver en la cava botellas rotas producidas por una segunda fermentación ocurrida en la primavera.
Así nació, el que muchos creen el rey de los vinos: el
champán, sinónimo de celebraciones, de placer y bienestar.
Entre Reims, Troyes y Chaumont, discurre la
Ruta Turística del Champagne. Recorrer esta región no muy conocida supone desde luego penetrar en los secretos de elaboración del oro líquido, en unos paisajes ondulantes repletos de vides que se desparraman bajo el peso de sus frutos; pero también
viajar a la Edad Media y descubrir ciudades ancladas en el tiempo, vislumbrar agujas góticas que suben verticales hacia el cielo como las burbujas del champán y atravesar ciudades enclavadas en tierras cubiertas de viñedos.
Durante todo el año hay más de 50 productores que acogen a los visitantes y
muestran algunos de los secretos de la elaboración. Aquí se puede descubrir la mágica alquimia del vino de los reyes en las bodegas de Vranken Pommery, Moët & Chandon, Drappier, G.H Mumm&Cie, Mercier, Piper-Heidsieck, Veuve-Clicquot,
Taittinger. Pero la región de Champagne-Ardenne tiene mucho más. Está bendecida con multitud de atractivos:
enormes bodegas bajo tierra, donde podemos degustar los caldos de la región (además del champán) que asombran los sentidos y dan gusto del paladar. Los viticultores, que actúan como guías espontáneos, cuentan todos los secretos de las tres cepas mejor adaptadas al suelo y al clima:
el Chardonnay con blancos racimos de uvas y una finura excepcional, el Pinot Negro, famoso por que suele dar cuerpo a los vinos y el Pinot Meunier, con un gran sabor afrutado y su aptitud a acelerar el proceso de maduración.
Champagne-Ardenne nos ofrece una exquisita gastronomía: trufas de Haute-Marne, jamón de las Ardenas, morcilla blanca de Rethel, quesos de Langares, figuran entre los variados productos que salen de sus tierras y las enormes plantaciones de campos de remolacha.
Reims
En Reims tuvo lugar un acontecimiento decisivo para la historia de Champagne-Ardenne,
con la coronación de los reyes sacros de Francia. Esta ciudad célebre por su
catedral gótica, destaca por su belleza arquitectónica, el equilibrio de sus proporciones y la riqueza escultural, entre las que destaca la del
"Ángel de la Sonrisa". Declarada monumento de interés artístico del Patrimonio por la
Unesco, ha inscrito cuatro monumentos a su lista del patrimonio mundial: la Catedral, el Palacio del Tau, la Basílica y la antigua Abadía Románica de Saint-Rémi, reconvertida en museo de arte y arqueología, monumentos a los que se une el gran número de edificios románicos y los edificios fortificados de la región, donde podemos dar paseos a pie, en bicicleta o
en barco por alguno de los grandes lagos.

Reims.
Al salir de Reims entramos en las tierras vinícolas del cercano Valle del Marne, donde parece que brota el champán por todas partes. Las lujosas mansiones y las iglesias de la zona han crecido al ritmo de las burbujas. La localidad de
Epernay es considerada la capital del champaña, pues en su principal
avenida se alinean las sedes de las compañías más importantes. Hay un museo dedicado a la elaboración del célebre espumoso que nos muestra los datos históricos más destacados.
Troyes
Troyes es considerada como la perla de la región. La antigua muralla que la limitaba tenía la curiosa forma de un tapón de champán, lo que fue toda una premonición, ya que todavía no se había inventado. Dando un paseo por las estrechas calles empedradas descubriremos casas conservadas del siglo XVI, una arquitectura de entramado de madera típica de la campiña champanesa. Las restauraciones que se están haciendo dejan a la vista esta original estructura, rellenada con ladrillos. La Torre del Orfebre y la Casa del Panadero, que conservan las pequeñas poleas con las que se subían las mercancías, son los mejores exponentes de esta original arquitectura. En Troyes hay nueve iglesias, cada una de ellas de un estilo diferente con las vidrieras más exquisitas de Francia (consta con mas 9140 metros cuadrados de vidriera intacta fechadas del siglo XII al XVII) y varios museos: El antiguo palacio de Obispo es hoy el Museo de Arte Moderno, Museo de Farmacia y la antigua Abadía de St-Loup que posee preciosos tesoros arqueológicos y obras maestras de la pintura francesa.
Merece la penar dar un paseo por el Centro Comercial McArthurGlen instalado a las afueras de la ciudad con 84 Boutiques con 240 Grandes marcas de ropa de vestir y calzado.

Troyes.
Al sur de Troyes se encuentra Côte des Bar que debe su reputación al champán que aquí se produce. Los viñedos con 2300 viñadores ubicados en los profundos valles y colinas verdosas producen el 20% del
champán. Del suelo calcáreo brotan las famosas cepas (algunas casi centenarias) que necesitan para sobrevivir una temperatura media anual de 10 grados centígrados.
En épocas frías veremos en los campos de viñedos sobresalir gigantescas aspas de ventiladores, para que las cepas no se hielen cuando aparezcan las bajas temperaturas.
Visitar alguna bodega, seguida de la correspondiente cata, se hace imprescindible,
recomendamos la casa de Champagne de Drapier en Urville
(1808). La familia Drapier posee una propiedad de 75 Hectáreas. Creada por los
galo-romanos cerca del siglo I despues de Cristo, su viñedo fue uno de los primeros mejorados por los monjes Cistercianos de la Abadía de Clairvaux. San Bernardo participó en la construcción de la bodega del edificio en el siglo XII.
Al pasar a la nueva bodega, nos comentan que casi toda la uva que usan es Pinot Noir (negra) donde es prensada en los anchos lagares con suma delicadeza hasta obtener un mosto blanco, sin teñirse del rojo de la
piel. Continuamos por la vieja bodega, donde siguen elaborando los procesos de producción hasta que las botellas, de diversos tamaños y colores, llegan a depositarse en un laberinto de túneles. Este proceso natural, en parte es debido al clima fresco de esta comarca y
a la corta temporada de crecimiento de la vid. En otoño hacen la cosecha, con lo cual se obtienen uvas llenas de azúcar, que las levaduras no llegan a convertir totalmente en alcohol. Cuando llega la primavera realizan el proceso dentro de la botella, formándose burbujas de dióxido de carbono que quedan atrapadas en ella. Después en el oscuro frescor de las bodegas, el champán comienza su envejecimiento que suele ser entre unos 15 meses (los jóvenes) y 10 años (los
más viejos). Y la cata, en un precioso salón, adornado con amplios ventanales, degustamos un Champagne Drappier Brut Carte-D'or que nos reconforta los sentidos.

Imágenes de la bodega Drapier en Urville.
Chaumont
Chaumont tiene una situación estratégica, situada entre la Marne y la Suize, a la orilla de una escarpada meseta. Posee un famoso viaducto
(600 metros de largo y 50 metros de alto) y es una ciudad tranquila.
Fue lugar de residencia de los Condes de Champagne. Podemos
visitar la torre del antiguo alcázar y algunas casas muy pintorescas con puertas
preciosamente esculpidas, situadas a lo largo de acogedoras callejuelas. Si tenemos opción, podemos pedir a algún lugareño
que nos de un paseo por el campo, acompañados de sus perros trufa
para enseñarnos a encontrar las trufas que luego disfrutaremos en
la comida, seguro. Nosotros tuvimos la suerte de contar con
el chef del Hotel Terminus Reine, todo un experto en la
materia.

El perro trufa en acción.
Nuestro agradecimiento a Laurence Prevot del Comité Regional
de Turismo de Champagne-Ardenne y a Colette Sensevy de CSDevelppement.
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