Su nombre procede del latín "Balneolao" -balneario-. Sucesivas civilizaciones han pasado por Banyoles, incluso culturas milenarias, como avala la conocida mandíbula ante-neandertaliana hallada en la zona. No obstante, Banyoles tal y como lo conocemos hoy surge de la época medieval, cuando el monasterio benedictino de Sant Esteve atrajo a muchos labriegos de los alrededores.
El casco urbano, se sitúa a orillas del lago y se vertebra entorno a: la Vila Vella y la Vila Nova. En la primera, se ubican la iglesia de Santa María del Turers, (de estilo gótico catalán, del siglo XIV, con siete ventanales de ojiva) y el monasterio de Sant Esteve (fundado por el abad Bernardo en 822; la iglesia y el claustro datan del XVIII; en el interior destacan la Nostra Senyora de l'Escala, del XV y la urna con las reliquias de San Martirián).

Església dels Turers.
En la Vila Nova, nos espera la Plaza Mayor (s. XIII), con cuarenta arcadas de perfil irregular, donde desde hace siglos se celebra el mercado cada miércoles. Otras construcciones relevantes son la Pia Almoina -que acoge al Museo Arqueológico Comarcal-, del XIV, y la Llotja del Tint.
El Museo Arqueológico, Plaça de la Font, 11, recoge importantes muestras, incluida una reproducción de la afamada mandíbula: uno de los restos más antiguos de la península ibérica (100.000 aC).
El otro museo de Banyoles es el Darder, Plaça dels Estudis, 2. Es de historia natural y alberga una amplia colección de minerales, fósiles, reptiles, mamíferos...
Pero sin duda, uno de los grandes atractivos es el lago, espacio natural protegido de nueve kilómetros de perímetro, en el que hoy se practica la remo, la pesca, la natación, el piragüismo... En 1992 fue subsede de remo de los Juegos Olímpicos y en 2004 sede del Campeonato del Mundo de remo.

El Lago.
Es un lago natural de origen cárstico, en forma de ocho, que ocupa una superficie de 106 ha y presenta una profundidad entre los 6 y los 62 metros. Sus aguas proceden de una grieta cárstica -donde evacuan parte de su caudal el río Llierca y las rieras de Borró y Oix- que desciende hasta Banyoles provocando la formación del lago y sus doce estanques.
En la orilla del lago se puede disfrutar de diversidad de vegetación: jardines, arboledas de ribera (chopo, sauce, fresno, aliso o el árbol blanco) y plantas (junco, anea, o cañizo). Asimismo es un lugar de paso para especies en migración (patos, chorlitos, etc.). En cuanto a los peces, conviven autóctonos -anguila, barbo, blenio, espinosa y bagre- y foráneos -tenca, carpa, pez gato, trucha, lucio, black-bass, rutilo, perca y lucioperca-.

Otra imagen del lago natural.
Las aguas adoptan tonalidades diferentes según sea la época del año, la hora del día, la dirección del viento o el estado del cielo. Dicen que el lago es de color plata en verano, azul si ruge el mistral, verde cuando sopla la tramontana, gris en los días nublados, y malva cuando el sol se pone.
Igualmente, como todo lago que se precie, cuenta con su típico monstruo (que además tiene hasta página web propia:
http://www.grn.es/monstre). La leyenda asegura que San Martirián conjuró a un dragón, por eso las mejores vistas se obtienen desde el mirador de la colina que lleva su nombre.
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