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Brevemente, puede resumirse su historia señalando que comenzó siendo un estado medieval en el siglo XIII, un ducado independiente, que en 1568 pasaría a ser provincia polaca. Más tarde, bajo el reinado de Catalina II sería anexionada a Rusia.
Entre 1915 y 1918 padeció la ocupación alemana. Un año después fue declarada independiente gracias a la Revolución Rusa.

Plaza del Ayuntamiento.
Si bien, en 1940 fue ocupada por la URSS. Al poco, fue invadida por los alemanes, con el terrible desenlace de 25000 judíos asesinados. Luego pasaría nuevamente a ser parte de la URSS. En 1988 se formó el Movimiento Lituano por la Perestroika que triunfó en las elecciones.
Al año siguiente, se proclamaría la independencia del país. Independencia, que tras la dura represión soviética y el fallido golpe de estado de agosto en Moscú, le fue finalmente reconocida. Desde 2004 es miembro de la Unión Europea.
Su azarosa historia, sale al paso del viajero, en forma de distintas influencias artísticas, culturales y arquitectónicas. Sobre todo en la parte vieja, la antigua Vilna, ubicada al sur del río Neris, y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1994.
La ciudad puede visitarse en un par de días. El paseo puede comenzar en el
Casco histórico, en el que edificios góticos, renacentistas, barrocos y neoclásicos, de gran colorido conforman un paisaje de cuento. (Por cierto que lo mejor para evitar el tráfico, es usar el transporte público o el taxi, en verano es también recomendable la bicicleta sobre todo en esta parte sur de la ciudad).
La visita arranca en la plaza de la Catedral, de estilo neoclásico. Frente a la Catedral está la más importante avenida comercial de Vilnius. A su espalda, duermen las ruinas del antiguo palacio de los grandes duques que pueden visitarse. Después, aconsejamos ascender a la
Torre de Gediminas, pues ofrece una de las mejores panorámicas de la ciudad.

Plaza de la Catedral
(izquierda) y calle Pilies.
Seguidamente, recorrer la calle Pilies, cuajada de iglesias ortodoxas, mercadillos, restaurantes y casas de colores de fascinantes patios interiores. En esta zona de calles intrincadas, plazas angostas y patios escondidos es obligada visita a la iglesia de Santa Ana construida con más de 33 tipos diferentes de ladrillos, la iglesia de Pedro y Pablo, la iglesia de Sta. Ana y Bernadette, y la iglesia rusa ortodoxa del Espíritu Santo. Tampoco hay que dejar de ver el Ayuntamiento, la universidad fundada en 1579, y la Puerta del Amanecer que acoge una imagen venerada de la Virgen, lugar de peregrinación para los países limítrofes.No muy lejos de allí, se encuentra el
Museo del Ámbar, resina conocida como"oro báltico" y con la que los lituanos obran auténticas maravillas.
La marcha nocturna se despliega en este casco histórico, que ofrece una divertida variedad de bares, discotecas y restaurantes, así como festivales de música en verano. Aparte de la atractiva oferta cultural de sus teatros como Opera y Balet Vilnius, Teatro Jaunimo, o el Teatro de Muñecos LELE.
La zona más moderna de la ciudad, fue levantada en el siglo XIX. Allí se ubica el Museo del Genocidio, en el antiguo edificio de la Gestapo y la KGB, dedicado a la persecución padecida por los lituanos durante la ocupación alemana. También, como curiosidad, apuntamos la visita al monumento al músico estadounidendse Frank Zappa, en el sur, junto al río.
A 25 kms al sur de Vilnius se sitúa Trakai, que bien merece una excursión -tiene excelentes comunicaciones con transportes públicos- por su castillo edificado en el siglo XIV sobre una diminuta isla del lago Galve.

Castillo de Trakai.
Es todo un símbolo de la independencia lituana y el único parque histórico nacional europeo. Fue la residencia y gran fortaleza defensiva de los grandes duques de Gediminas -quienes extendieron el control lituano más allá de Kursk hacia el este y casi hasta el Mar Negro al sur- contra los ataques de los Cruzados. La fortificación es hoy museo de la historia de Lituania, un lugar donde degustar el "gyra", vino de escasa graduación típico del lugar y un idílico paraje en el que no solo los turistas sino también los oriundos disfrutan de relajantes paseos en
barca.
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