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Siempre fue punto estratégico como enclave defensivo, motivo de guerras y conflictos, por tanto, y muchas veces, en medio de la nada, un lugar a medio camino, de paso, con continuas despoblaciones, pero también lugar de encuentro entre las distintas culturas y tradiciones. La historia de la ciudad es rica, así como su patrimonio, como prueba que es "Conjunto Histórico-Artístico nacional" desde 1884 y está incluida en la lista del "Patrimonio de la Humanidad" de la UNESCO desde 1985. Hoy en día es
lugar de turismo, tanto histórico como rural y activo, a tan sólo una hora de la capital de España. Ávila es religión y misticismo, cuna de San Juan de la Cruz y Santa Teresa.
Cualquier paseo por la ciudad nos conducirá a la Muralla de Ávila
(siglos XI-XIV), dos kilómetros y medio de longitud, con nueve puertas de acceso (Puerta del Alcázar, Puerta de la Catedral, del Peso de la Harina o de los Leales, Puerta de San Vicente, Puerta del Mariscal, Puerta del Carmen, Puerta de San Segundo o del Adaja, Puerta de la Mala Ventura o del Cielo, Puerta de la Santa y Puerta del Rastro o de la Estrella) y ochenta y ocho torreones. Se construyeron sobre el antiguo recinto defensivo romano (podemos ver piedras de época romana en la calle de San Segundo, en el tramo que va desde el ábside de la Catedral a la Puerta del Alcázar).

La Catedral (izquierda) y la estatua de Santa Teresa
(la Palomilla).
De estilo eminentemente románico, en las puertas podemos encontrar estilos diversos que ven desde el gótico al renacimiento. Es de forma rectangular, las puertas más vistosas son las del Alcázar y la de San Vicente. La mejor vista para contemplar las murallas se tiene desde el crucero de los
Cuatro Postes, una vez que dejamos la ciudad, atravesando el río Adaja, camino de Salamanca. La visión de noche es espectacular, no obstante, las murallas es el monumento completamente iluminado más grande del mundo.

Los cuatro postes.
Durante todo el verano se pueden realizar visitas nocturnas a la muralla y los fines de semana guiadas y teatralizadas, en las que sentimos en primera persona la rica historia de la muralla y los secretos que celosamente guarda.
Dentro del recinto amurallado se encuentra todo el casco histórico, donde salen a nuestro paso numerosas Iglesias y Conventos. Destacamos
La Catedral, cuyas obras se iniciaron en el siglo XII, está incrustada en las mismas murallas, sobria y majestuosa, parece más un edificio civil que uno religioso. Ejemplo de del gótico francés, con cruz latina de tres naves, crucero y girola, cuenta con un impresionante retablo de Berruguete (siglo XV) en la capilla mayor y un bonito claustro de estilo gótico. La fachada norte con la portada de los Apóstoles y la oeste, de estilo Borgoñón son más vistosas que la principal. Sensacional es el sepulcro del Tostado realizado por Vasco de la Zarza, en 1512.
Otro punto de obligada visita es el Convento de Santa Teresa, construido en el solar donde nació la santa. En la iglesia podemos visitar el museo dedicado a Santa Teresa, donde se muestran distintos aspectos de la vida de ésta así como de la congregación que fundó , las Carmelitas Descalzas. Pero no es el único museo dedicado a Santa Teresa, pues, por ejemplo, el Convento de San José cuenta también con recuerdos de su vida y obra.

El convento de Santa Teresa (izquierda) y la Muralla.
Y es que en Ávila podemos seguir la vida de Santa Teresa a través de muchos de los edificios y museos, como en la iglesia de San Juan donde se conserva la pila donde fue bautizada; en el convento de Nuestra Señora de Gracia, donde inició su retiro espiritual, o el de la Encarnación donde vivió veintenueve años. El monasterio de Santo Tomás que data del siglo XV fue residencia de verano de los Reyes Católicos. La Basílica de San Vicente, de la última década del siglo XV, destaca por las capillas de la cripta. La Iglesia de San Pedro (s. XII), se encuentra en la plaza del Mercado Grande frente a la puerta del Alcázar, fuera de la muralla, así como la Ermita de San Segundo.
En cuanto a la gastronomía, los platos típicos de Ávila son las Judías del Barco de Ávila, el Chuletón y las Yemas de Santa Teresa, así como las famosas tapas abulenses, las patatas revolconas. Estas patatas, cocidas y machacadas, se aderezan con pimentón y torreznillos. Carnes, como La ternera de Ávila de raza avileña, con denominación de origen, el cochinillo o tostón asado, el cabrito y el cochinillo cochifritos, el cordero... pescados como las truchas fritas, al horno o escabechadas y la repostería como las mencionadas yemas, las torrijas y los amarguillos son los principales atractivos culinarios de esta ciudad castellana donde la cocina y el tapeo ocupan un lugar muy importante.
Durante el primer fin de semana de septiembre las calles se ambientan como en la Edad Media, para celebrar las Jornadas Medievales y la Feria del Caballo. El 15 de octubre, festividad de Santa Teresa es el día grande de la ciudad, pero también el 2 mayo, día del patrón de la ciudad, San Segundo. Mención aparte merece la Semana Santa abulense, catalogada de interés turístico regional. Aunque cualquier momento del año es bueno para pasear por un lugar lleno de historia.
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