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Con 600 hombres, partió desde el Puerto de Santa María (Cádiz), un mes antes. Pensando en fortificar el asentamiento del barranco de Guiniguada, se construyó un campamento que recibió el nombre de "El Real de Las Palmas". Rejón no llegó a conquistar Gran Canaria, pero la historia le adjudica un papel importante en las distintas luchas contra los aborígenes, hasta la conquista de la isla en 1483 por parte de Pedro de Vera.
Tras la conquista de la Isla, tuvo lugar la pertinente colonización con el reparto de tierras y el floreciente negocio del cultivo de la caña y fabricación de azúcar para su exportación al resto de Europa. Negocio que permite el rápido crecimiento de la ciudad y la creación del conocido barrio de Triana.

Cristóbal Colón, en Las Palmas. A la derecha, la
preciosa Catedral.
Es aquí, más concretamente en el actual parque de San Telmo, donde se construye el primer puerto de la ciudad. Dos siglos de continuas luchas contra los piratas hacen que la isla se divida en dos y se fortifique enormemente. Hawkins, Drake y Van der Does (quien cruelmente quemó gran parte de la ciudad en 1559) son algunos de los personajes que intentaron sin éxito apoderarse de la isla.
Pero no sólo llegan piratas con intenciones perversas, comerciantes de todas partes del mediterráneo, conquistadores de Portugal y España, flamencos y genoveses, todos buscan en la isla un lugar de abastecimiento e intercambio de mercancías. Las Palmas vive un lento y progresivo deterioro, como el resto del Imperio. La decadencia sume en la depresión a la ciudad hasta que a mediados del siglo XIX el nuevo puerto trae de nuevo a los que antaño hicieron grande a la ciudad.
El turismo comienza su expansión y en 1890 se construye el primer hotel, el Santa Catalina.
La historia en el siglo XX es agridulce. Por un lado, en 1927, un Real Decreto Primo de Rivera puso fin a la provincia única de Canarias, con capital en Santa Cruz de Tenerife con lo que se crean las provincias de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas. Las Palmas de Gran Canaria es capital de esta última, integrando a las islas de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura.
Desde este momento, la rivalidad con la otra provincia crece hasta hoy en día. Las Palmas es un lugar turístico de
primer nivel, donde extranjeros y nativos se mezclan en armonía, con un clima primaveral y una atmósfera de tranquilidad que inunda los sentimientos de los visitantes.
Para conocer la ciudad, proponemos una ruta que comienza en la playa de Las
Canteras, lugar favorito de los grancanarios. El mar llega en calma gracias al arrecife de La Barra, por lo que el paseo marítimo que transcurre paralelo a la playa, abraza la arena en cada paso. Cuenta con numerosas terrazas, bancos y tiendas. A cualquier hora del día, pero sobre todo al caer la tarde, se puede disfrutar de un entorno animado con vistas que relajan el alma.

Las Canteras.
Al final del paseo de Las Canteras (por el extremo noroeste) se alzan el Auditorio Alfredo Kraus, y el Palacio de Congresos de Canarias, centro de los eventos sociales y culturales de la ciudad. Cerca del auditorio nos encontramos con el Centro Comercial Las Arenas, con un diseño original que llama nuestra atención hacia las compras y el tapeo, como no.
Por el otro extremo de la Playa de Las Canteras, hacia el Puerto de la Luz, nos dirigimos al
Parque de Santa Catalina, lugar donde se percibe la historia marítima de la ciudad de manera más clara, como en los edificios Miller (sede del Centro Coreográfico Trini Borrull) y Elder (sede del Museo de la Ciencia y Tecnología).

Plaza del Pilar Nuevo.
Caminamos hacia La Isleta, pasando por el Castillo de la Luz, construido en el siglo XVI, como defensa de la ciudad. La Isleta, al final del puerto, fue en sus orígenes un humilde barrio marinero construido sobre montañas volcánicas. Perdiéndonos entre sus calles llegamos hasta el Barrio de Las Coloradas, desde el que se divisa un paisaje espectacular de toda la Playa de Las Canteras y su arrecife.
Vamos hacia la parte más antigua de la ciudad, a través de la Avenida Marítima, un precioso paseo que transcurre paralelo al mar, para llegar a la Vegueta - Triana, más concretamente a la Plaza de Santa Ana, epicentro fundacional de la ciudad. En Santa Ana se construyeron las Casas Consistoriales, el Palacio del Obispo y la Catedral. En ella recomendamos una tranquila visita al precioso patio de los Naranjos de la Catedral.
En la parte trasera de la Catedral, encontramos la Casa Museo de Colón, en la plaza del Pilar Nuevo, ejemplo de la típica arquitectura isleña, que contiene profusa documentación relacionada con América y el mar en sus distintas variantes (libros, mapas, pinturas, etc).

Avenida Maríritma (izquierda) y Casa Museo de
Colón.
Desde aquí, salimos por la Calle de Los Balcones, para encontrar un edificio neoclásico que alberga al Centro Atlántico de Arte Moderno. Pasamos por la Calle del Doctor Chil, con la Iglesia del Antiguo Convento Agustino, el Templo de San Francisco de Borja y el Museo Canario. Cruzando la Plaza del Espíritu Santo, con casonas señoriales de gran valor, llegamos al barrio de Triana, en el otro margen del lecho del Barranco Guiniguada. Aquí son recomendables las visitas a la Plaza de Hurtado de Mendoza, conocida popularmente como Las Ranas con el Edificio de la Biblioteca Municipal y el antiguo Hotel Monopol, hoy centro comercial, el Teatro Pérez Galdós, cerca de la Calle Cano, lugar donde nació Don Benito, la
Plaza de Cairasco, con el hermoso edificio modernista del Gabinete Literario y la Alameda de Colón, hasta llegar a los pies del Convento de San Francisco y el Hotel Madrid.

Plaza de Cairasco y Triana.
Podemos descansar amparados por la brisa y la sensación de
eterna primavera, ya sea en verano o en invierno, en el Parque de San Telmo frente al Edificio del Gobierno Militar. Un refresco en el Quiosco Modernista es un lujo para el visitante de esta preciosa ciudad.
Por la calle de Bravo Murillo (donde se encuentra el Palacio Insular, sede del Cabildo) salimos a la Calle de Tomás Morales para adentrarnos en el Parque de Doramas y la Plaza de la Constitución.
Como vemos, Las Palmas de Gran Canaria cuenta con numerosos puntos de gran atractivo turístico. La bondad del tiempo y la calma que se respira hacen el resto para convertir a esta ciudad en algo mágico. Un descanso para los sentidos.
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