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Frío. Es la palabra con la que asociamos mentalmente a
Ávila. No todo el mundo sabe que es la capital de provincia que se encuentra a más altura sobre el nivel del mar (1.100 metros). Por eso precisamente es una ciudad fría, muy fría, aunque sus 50.000 habitantes sean gente realmente acogedora. Los termómetros avulenses siempre dan mínimas espectáculares cada invierno.
Ávila se sitúa en la Historia desde tiempos remotos, desde que los pueblos nómadas celtibéricos ocuparon la zona. Es en época romana cuando se construye todo un macizo fortificado para defender a la población
de los ataques foráneos. Las famosas murallas medievales se levantaron sobre la base de la construcción romana. Sufrió la ocupación árabe hasta su reconquista y repoblación por parte del rey cristiano Alfonso VI (1040-1109). Vivió su época de explendor en los siglos XI y XII cuando era
lugar de encuentro para caballeros (Ávila de los Caballeros, se le denominó en aquel entonces), comerciantes y artesanos de toda condición y nacionalidad. Vivió con desaliento la expulsión de los judíos en el siglo XV y desde entonces todo el poder económico adquirido en el final de la Edad Media fue cayendo hasta dar con una Ávila hundida en la miseria a finales del siglo XVI. En realidad la historia de Ávila es la historia de las ciudades
castellanas.
Hoy en día, Ávila es un centro turístico importante, quizá agraciado por su cercanía a la capital de España, de la que dista 115 km. Turismo de calidad, distanciado del sol y la playa, pero con identidad propia, gastronomía, arte e historia de primero nivel. Porque Ávila tiene un
patrimonio valioso. Además de las murallas que rodean la ciudad, cuenta con una majestuosa catedral, y otras iglesias muestras del mejor románico y gótico.
Las murallas datan del siglo XI, si bien su construcción como dijimos anteriormente se basa en un asentamiento romano. Su estilo es eminentemente románico, aunque veremos muestras góticas y renacentistas sobre todo en puertas y arcos. A lo largo de sus 2.500 metros veremos torres, puertas y portillos. Las más conocidas son la del Alcázar y la de San Vicente.
El torreón más conocido es el "Cimorro", en el ábside de la catedral.
Recomendamos la vista de las murallas con perspectiva, el mejor lugar es el
crucero de los Cuatro Postes (de camino a Salamanca). Y si es al anochecer la imagen es inigualable. Muestra de la imagen de dureza de la fortaleza es que la
Catedral está incorporada a la misma. Y es que la Catedral, declarada Monumento Histórico Artístico el 31 de octubre de 1914,
es recia y sobria, con imágenes interesantes en su interior y cuenta
con un buen conjunto de orfebrería y arte religioso.
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Las Murallas de Ávila. |
El monasterio de Santo Tomás fue fundado por los Reyes Católicos y construido entre los años 1482 y 1494. Fue sede de la Inquisición y cuenta con un museo de Arte Oriental. Destacamos el retablo del altar mayor, con escenas de la vida de Santo Tomás de Aquino. Está considerado como la mejor obra de Pedro de Berruguete.
Otros monumentos de interés son la basílica de San Vicente, la iglesia de San Pedro, la iglesia de San Andrés, el convento de Santa Teresa, El Convento de San José, la iglesia de San Juan y el convento de Nuestra Señora de Gracia. En todos ellos veremos recuerdos de los dos habitantes más conocidos de Ávila: Santa Teresa y San Juan de la Cruz. En realidad en cualquier rincón de Ávila tenemos acceso a una iglesia, una capilla o un convento. Es sin duda una ciudad
eminentemente religiosa.
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Basílica de San Vicente. |
Tal y como comentamos anteriormente, Ávila fue lugar de encuentro para nobles y comerciantes en la Edad Media y el Renacimiento. De esa época han quedado muchos
palacios y mansiones, como el de los Velada, los Dávila o el Palacio de Valderrábanos.
Ávila en fiestas es cálida y atractiva. Es sin duda una buena excusa para perdernos en sus calles y plazas. Romerías como la de San Segundo, la de Nuestra Señora de las Vacas, o la Virgen de Sonsoles, son buena muestra de ello. Como no, la gran fiesta anual y que no deberíamos perdernos por nada del mundo son las dedicadas a Santa Teresa, entre el 8 y 15 de octubre. Comida, bedida y fiesta, mucha fiesta. Ideal para los más jovenes.
Porque la gastronomía de Ávila, como toda la castellana, se basa fundamentalmente en sabrosas carnes (chuletones de vacuno, cordero o el cochinillo, por ejemplo), de las mejores de toda la península. Un buen vino tinto con denominación de origen completará nuestro almuerzo. Uno de los postres más conocidos de España son las yemas de Santa Teresa, en Ávila los encontraremos en cualquier pastelería, aunque las mejores se consumen en la Plaza de Santa Teresa, por algo será.
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