El Encierro es el único momento del día en el que la fiesta se contiene y la tensión invade el recorrido minutos antes de que los toros inicien su carrera tras los mozos. Un estallido de sensaciones culmina en la Plaza de Toros. La fiesta continúa con el "caldico", el chocolate con churros, los Gigantes y Cabezudos, el aperitivo, la corrida de toros o los fuegos artificiales, que dan paso a la algarabía nocturna.
El culto a San Fermín en Pamplona es anterior a la celebración e los Sanfermines, y su imagen sigue siendo el eje principal sobre el que gira esta fiesta universal. La tradición cuenta que el presbítero Honesto llegó a la Pamplona romana en el siglo III enviado por San Saturnino para evangelizarla, y que el senador Firmo se convirtió al cristianismo junto con toda su familia. Su hijo Fermín fue bautizado por San Saturnino en el lugar que hoy se conoce como el "pocico de San Cernin" y ordenado sacerdote en Toulouse (Francia). Volvió a Pamplona como obispo y murió decapitado en Amiens, lugar donde bautizó a más de 3.000 personas.

Según la tradición, San Fermín fue el primer obispo de Pamplona, aunque su culto no consta documentalmente hasta el siglo XII, importado de Amiens en cuyas letanías figuraba desde el siglo VIII. Actualmente es co-patrón de Navarra junto a San Francisco Javier y patrón de las cofradías de boteros, vinateros y panaderos.
Los orígenes de las fiestas de San Fermín se remontan a la Edad Media y están relacionados con tres celebraciones: los actos religiosos en honor a San Fermín, intensificados a partir del siglo XII, las ferias comerciales y las corridas de toros, documentadas desde el siglo XIV. En los inicios, la fiesta conmemorativa de San Fermín se celebraba el 10 de octubre, pero en 1591 los pamploneses, cansados del mal tiempo, decidieron trasladar la fecha original a julio y hacerla coincidir con la feria. De este modo nacieron los Sanfermines. En su primera edición duraron dos días y contaron con pregón, músicos, torneo, teatro y corridas de toros. Posteriormente se fueron añadiendo otros actos como fuegos artificiales y danzas, y se prolongaron hasta el día 10.
Las crónicas de los siglos XVII y XVIII hablan de actos religiosos junto a músicos, danzantes, gigantes, torneos, saltimbanquis, encierros y toros y de la preocupación del clero por los abusos en el beber y el libertinaje de mozos y mozas. También relatan la presencia de gentes de otras tierras que con sus espectáculos hacían "más divertida la ciudad". Así, durante el siglo XIX hubo curiosas atracciones de feria como la mujer cañón, animales exóticos o figuras de cera, mientras que la Comparsa de Gigantes estrenaba cabezudos, kilikis y zaldikos. Por otro lado, la ausencia del doble vallado en el encierro ocasionó que en numerosas ocasiones los toros se fugasen por las calles de la ciudad.
Con el siglo XX los Sanfermines alcanzaron su máxima popularidad. La novela "The sun also rises" ("Fiesta"), escrita por Ernest Hemingway en 1926, animó a personas de todo el mundo a participar en las fiestas de Pamplona. Además, en este último siglo se incorporaron nuevos elementos como el Riau-Riau, suspendido desde 1991, el Chupinazo, o el programa cultural.
Buena parte de la fama universal de los Sanfermines se debe a las referencias que, sobre estas fiestas, recogió
Ernest Hemingway en sus crónicas periodísticas y en su novela "The sun also rises", conocida como "Fiesta" en el mundo hispano.

El que sería premio Nobel llegó por primera vez a Pamplona acompañado de su primera mujer, Hadley Richardson, el 6 de julio de 1923. Tan hondo calaron en él los Sanfermines, que repitió viaje en varias ocasiones, la última de ellas en 1959. Durante sus estancias en Pamplona acostumbraba a hospedarse en el hotel La Perla de la plaza del Castillo.
Por aquella época, era frecuente verlo en las terrazas de la Plaza del
Castillo, corriendo el encierro o en la arena del coso taurino, ante los novillos embolados que llegaron a darle algún tremendo susto.
Gran admirador de las feria del toro y de los matadores, tampoco se perdía una corrida. Fue asiduo cliente de los restaurantes y bares como Casa Marceliano. En esta taberna degustaba los platos más tradicionales de la cocina navarra y siempre conservó la receta del ajoarriero con gambas que allí le proporcionó su amigo Matías Anoz.
Su apretada agenda festiva aún le dejaba tiempo para practicar su afición favorita, la pesca, en los ríos trucheros navarros. De esas escapadas al campo ha quedado un reflejo en el viaje que Jake Barnes y Bill Gorton, protagonistas de "Fiesta", realizan por los valles pirenaicos.
Desde los primeros testimonios de Hemingway, numerosos norteamericanos han visitado Pamplona en San Fermín. Entre ellos, cabe recordar a David Black, que vino 40 veces; Matt Carney, que llegó a ser un gran corredor del encierro gracias a su buen amigo y maestro, Jerónimo Echagüe; Alice Hall, Joe Disler, Ray Morton y el dramaturgo Arthur Miller y su mujer, la fotógrafa austriaca Inge Morath. James Michener repasa en "The drifters" la presencia de visitantes extranjeros en San Fermín.
Junto a tanta figura de renombre, ciudadanos de todo el mundo siguen el camino de Hemingway y se acercan a Pamplona para conocer in situ la Fiesta.
El toro es uno de los protagonistas indiscutibles de los Sanfermines. Los morlacos y los mozos se dan cita a las 8:00 h. de la mañana en el Encierro, el acto más conocido de las fiestas de Pamplona. Por la tarde, tiene lugar la corrida, un espectáculo en el que contrasta el silencio de los tendidos de sombra con la desbordada algarabía de las peñas en las gradas de sol. Al oscurecer, se celebra el Encierrillo. Bajo una sorprendente calma y sin corredores, se trasladan los toros desde los
"corrales del gas", hasta los de Santo Domingo, punto de inicio del Encierro.
El Encierro es el acto central de los Sanfermines y convierte a estas fiestas en un espectáculo inimaginable en cualquier otro lugar del mundo. Nació por una necesidad: trasladar a los toros desde los extramuros de la ciudad al coso taurino. El encierro tiene lugar del 7 al 14 de julio y comienza en los corralillos de Santo Domingo cuando el reloj de la iglesia de San Cernin marca las ocho en punto de la mañana. Tras el lanzamiento de dos cohetes, las reses salen en tropel para recorrer tras los mozos los 825 metros que separan la puerta de los corrales de la plaza de toros en un tiempo medio de entre tres y cuatro minutos, aunque en ocasiones excepcionales la carrera se ha prolongado por encima de los diez minutos, principalmente al haberse quedado "descolgada" de la manada alguna de las reses.
El encierro tiene un preámbulo especialmente emotivo. Se trata del momento en que los mozos, a escasos metros de los corrales donde están encerrados los toros, levantan sus periódicos enrollados y cantan frente a la imagen del Santo, colocada en una hornacina en la
Cuesta de Santo Domingo. En el más profundo de los silencios, se escucha la siguiente letra: "A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición". Al terminar se corean los gritos ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín! Esta estrofa se canta en tres ocasiones consecutivas: cuando faltan cinco minutos para las 8 de la mañana, a tres minutos de esta hora y a un minuto de abrirse la puerta del corral.

El tercer cohete, desde el coso, permite saber que la manada ha llegado a la plaza. Un cuarto y último chupinazo significará que finalmente todos los morlacos se encuentran dentro de los corrales y que, en consecuencia, el encierro ha terminado.
Un doble vallado delimita, por razones de seguridad, las calles de paso del encierro. Está construido en madera e integrado por más de 3.000 piezas, entre tablones, postes, puertas, etc. Parte de este vallado permanece fijo durante todas las fiestas, pero otros tramos se montan y desmontan diariamente, labor de la que se encarga una brigada especial de trabajadores.
El encierro es una experiencia irrepetible para el espectador y sobre todo para el que corre ante los toros. Es un espectáculo que se define por el
riesgo y la capacidad física. El corredor poco experimentado ha de informarse de las características de esta peligrosa carrera y de las medidas de protección que necesariamente ha de adoptar por su seguridad y la de quienes corren a su lado.
El encierro no es para cualquier persona. Requiere serenidad, reflejos y excelente preparación física. Quien no reúne estos requisitos no debe participar.
El riesgo es serio.
Los corredores deberán situarse en el tramo comprendido entre la Plaza del Ayuntamiento y el edificio de Educación, en la Cuesta de Santo Domingo, y lo deberán hacer antes de las 7,30 de la mañana, dado que a partir de esa hora serán cerradas las puertas de acceso. El resto del recorrido, salvo el ya mencionado, permanecerá totalmente limpio de corredores, hasta escasos minutos antes de las 8 de la mañana.
Para ampliar información sobre cómo correr el encierro, consulte la web de los corredores veteranos:
www.sanferminencierro.com