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Pasaron cerca
de ocho siglos con expresas prohibiciones de visitar el lugar. Hasta
que en el año 813 d.C. el eremita Pelayo observó resplandores y cánticos en campo santo
donde estaba enterrado el Apóstol Santiago. Desde entonces el lugar pasó a llamarse Campus
Stellae (Campo de la Estrella). De ahí el nombre que recibió la ciudad actual de
Santiago de Compostela. Pelayo comunicó su descubrimiento al obispo de Iria Flavia,
Teodomiro, quien descubrió los restos del apóstol identificados por la
inscripción en la lápida. El obispo informó al Rey Alfonso II, quien
acudió al lugar y proclamó al apóstol Santiago patrono del reino, edificando allí
mismo un santuario que más tarde llegaría a ser la Catedral (Alfonso VI inicia la
catedral románica en el 1075 y la termina el Maestro Mateo en 1211), así como distintas
iglesias y los monasterios de Antealtares y Pinario.
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A partir de este momento los milagros y apariciones se
sucedieron, dando lugar a numerosas historias y leyendas, como la que cuenta que Ramiro I
venció a las tropas de Abderramán II en la batalla de Clavijo ayudado por un soldado
sobre un caballo blanco que luchaba a su lado y que resultó ser el Apóstol, de ahí el
mito que lo convirtió en patrón de la Reconquista y más tarde en patrón de España.
Estas leyendas llegaron a toda la Europa cristina a partir sobre todo
del siglo XI y peregrinos de toda condición (príncipes, militares, pobres y hasta reyes)
viajaron al lugar desde distintos puntos de la cristiandad (trazando así el Camino de
Santiago). En los s. XII y XIII, ya creada la la primera guía del
peregrino el Códice Calixtino, la ciudad alcanza su máximo esplendor. El Papa
Calixto II concedió a la Iglesia Compostelana el "Jubileo Pleno de del Año
Santo" y Alejandro III lo declaró perpetuo, convirtiendose Santiago de Compostela en
Ciudad Santa junto a Jerusalén y Roma. El Año Santo se celebra cada vez que la
festividad del Apóstol, el 25 de Julio, cae en Domingo. 1999 fue el último Año Santo
Compostelano. Recorriendo la hermosa ciudad de Santiago podemos darnos cuenta de la
importancia que tuvo en épocas pasadas y sobre todo podremos admirar las monumentales
obras de arte como las que relatamos a continuación.
Si nos dirigimos a la Plaza del Obradoiro, de una belleza excepcional,
nos encontraremos en es el corazón de la ciudad de Santiago y desde donde estableceremos
el punto de partida para nuestra visita. Nos encontramos con monumentos de un muy variado
estilo:
La Catedral. Comenzamos la visita en la Capilla del Salvador,
de influencia prerománica destacada en su planta rectangular al exterior. Si bien la
construcción la comenzó en 1075 Alfonso VII como ya hemos contado, su segunda etapa de
construcción comienza tras el matrimonio de Doña Urraca con Raimundo de Borgoña, lo que
imprimiría al templo un clara influencia del románico francés desembocando en un estilo
propio; el románico compostelano. De esta época es la fachada del Obradoiro,
aunque posteriormente, respetando su estructura románica se le añadieron los elementos
barrocos decorativos que hoy se aprecian sobre todo en La Torre de las Campanas y
la Torre de la Carraca. A excepción de los Años Jubilares, en que el acceso
principal se realiza por la Puerta Santa, el Obradoiro es la entrada más característica
de la Catedral, a la que se accede a través de una escalinata del siglo XVII. Por la
Puerta del Obradoiro se entra a la llamada Catedral Vieja, que es en realidad la
Cripta, Iglesia románica con planta de cruz latina que introdujo en su construcción la
primeras bóvedas de crucería que hasta entonces hubo en España, el
Tesoro y las Reliquias, el Claustro, las salas de Arqueología, ricas colecciones de
tapices, la sala Capitular, la Biblioteca y el Archivo. En la Biblioteca se guarda cuando
no es utilizado el célebre Botafumeiro, el mayor incensario del mundo. En las
grandea solemnidades litúrgicas ahuma el recinto catedraliciao en un increible vuelo
dirigido por los expertos tiraboleiros. El Archivo, por su parte, conserva preciado
códices, como el Códice Calixtino, primera guía para los peregrinos. El Pórtico de
la Gloria, realizado por el Maestro Mateo a finales del siglo XII, constituye un
conjunto escultórico románico tan excepcional que se le ha considerado "el más
acabado monumento iconográfico medieval". El ritual del peregrino obliga, primero, a
posar la mano en el parteluz, sobre la misma huella que millones de manos han labrado en
la piedra y , después, a dar tres croques o golpes en la frente en la figura del
Maestro Mateo, o Santo dos Croques, situada del otro lado del parteluz. El Sepulcro
del Apóstol Santiago guarda en la cripta situada bajo el Altar Mayor, los restos de
Santiago. En la parte superior, un pasillo atraviesa transversalmente la girola y permite
abrazar al Santo Apóstol.

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Fachada de la Catedral |
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Sepulcro del Santo Apóstol |
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| Altar con el Santo Apóstol |
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El botafumeiro |
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Por el lado sur del crucero se puede salir a través de
la más antigua de las fachadas de la Catedral, la Porta de Praterías (Puerta de
Platerías). Labrada con un excepcional conjunto iconográfico es única puerta románica
que se conserva y nos coduce a la plaza del mismo nombre. La plaza que tiene en su
centro una fuente de estilizada línea conocida como la Fuente de los Caballos.
Frente a la fuente de las Platerías se levantó la Casa del Cabildo , de
estilo barroco, que con poco más de tres metros de fondo tiene una función meramente
escenográfica, cerrar uno de los lados de la bella plaza.

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Visión nocturna de la Fuente de los Caballos
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El Palacio de Rajoy (Pazo de Raxoi), es la más
moderna de las construcciones del Obradoiro (finales del siglo XVIII). Este enorme y
elegante edificio neoclásico frente a la Catedral, fue edificado por mandato del
arzobispo Bartolomé de Raxoi y Losada y destaca en su frontón central una minuciosa
descripción de la batalla de Clavijo y sobre ésta una gran escultura de Santiago. Creado
originalmente para seminario de confesores, da aún mayor grandiosidad a la plaza.
Actualmente es sede compartida del Ayuntamiento de Santiago y de la Presidencia de la
Xunta de Galicia.
El Palacio de Gelmírez (Pazo de Xelmírez) es uno de los más
brillantes ejemplos del románico civil en España. Fue construido tras las revueltas que
arruinaron el antiguo palacio arzobispal entre los siglos XII y XIII. Destacan sus
bóvedas de crucería que cubren un amplísimo espacio sin más soporte central que el del
Arco de Palacio. La sobriedad de sus exteriores puede hacer ignorar injustamente un
interior de espléndidas piezas románicas, como las bóvedas del refectorio, decoradas
con escenas de un festín medieval.
En el lateral norte de la Plaza del Obradoiro nos encontramos con El
Hostal del os Reyes Católicos, fundado por los Reyes Católicos en 1492 como
hospital real y hospedería de peregrinos, constituye una brillante combinación de estilo
plateresco y renacentista. Hoy es Parador de Turismo y uno de los hoteles más lujosos de
Galicia. Exhibe una rica y variada decoración plateresca en su portada y son notables sus
cuatro patios interiores. Sin salir de la plaza, desde la terraza exterior del Hostal, se
puede contemplar, a la vez que la típica Rúa das Hortas, la Iglesia de San Fructuoso,
templo barroco del siglo XVIII en cuya cornisa llaman la atención cuatro esculturas que
representan la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza.
También desde la plaza del Obradoiro vemos El Colegio de San
Jerónimo fue fundado por Alfonso III de Fonseca en el s. XV. Tiene una hermosa
portada que procede de un viejo hospital,de estilo románico, que aun pervivía en Galicia
en este siglo (románico tardío). Alberga el Rectorado de la Universidad. El Colegio
de Fonseca junto a la pequeña plaza del mismo nombre, a espaldas del Colegio de
San Jerónimo, fue fundado también por Alfonso III de Fonseca para estudios de
Teología. La portada es renacentista con columnas jónicas, en la Sala de Grados
hay un admirable artesonado mudéjar y su bellísimo patio combina de forma brillante
diversos estilos artísticos. Este edificio aloja la Biblioteca de la Universidad y el
valiosísimo manuscrito mozárabe de Fernando I, Libro de Horas, del s. XI. Destaca
su portada renacentista y su claustro, excenario de exposiciones. Fue además sede del
Seminario de Estudios Gallegos y del primer Parlamento democrático de la autonomía
gallega.
La Torre del Reloj o Berenguela levanta sus más de setenta
metros de altura mirando simultáneamente hacia la Plaza de Platerías y hacia la Plaza de
la Quintana. Sobre una base gótica, Domingo de Andrade realizó en pleno barroco su obra
cumbre tallando profusamente sus paredes. En lo alto, la torre cobija la campana de
Berenguela, que marca el discurrir del tiempo Compostela con su tañido denso y potente, y
la linterna que guiaba a los peregrinos, que se enciende en los Años Jubilares y
ocasiones señaladas.

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La majestuosa Torre del Reloj |
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La Plaza de la Quintana es otro Punto de cita
inedudible, es un espectáculo de luces y sombras, de día y de noche. Dividida en dos
planos, la parte de abajo se conoce como la Quintana de Mortos y la de arriba como
Quintana de Vivos. En ella se sitúa el Pórtico real, lugar de salida de las procesiones
litúrgicas, y la célebre Puerta Santa, abierta únicamente los años de jubileo.
El frente sur de la plaza lo ocupa la Casa de los Canónigos o Casa da Conga,
que destaca por sus monumentales chimeneas y acoge en sus soportales agradables
cafeterías. El Monasterio de San Pelayo de Antealtares
cierra la Plaza de la Quintana por su lado este y es uno de los más antiguos monasterios
de la ciudad. Fue fundado en el s. XI por Alfonso II para custodiar la tumba del Apóstol
cuando fue descubierta. Su inmensa fachada tal como actualmente la vemos se debe a los s.
XVII y XVIII. Destaca el bello enrejado de sus ventanas, las portadas del s. XVII, su
cúpula y el museo de Arte Sacro del monasterio, que exhibe entre sus piezas el ara
marmórea del altar del Apóstol. La barroca Casa de la Parra, con sus plantas
trepadoras, adornos frutales, gárgolas y chimenea, constituye un bellísimo broche que
cierra la plaza de la Quintana. Está situada n la Quintana de Vivos.

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Casa de la Parra |
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Siguiendo el contorno de la Catedral, a través del
estrecho callejón de la Travesía de la Quintana se accede a la fachada de la Inmaculada
o Acibechería (Azabachería). Debe este popular nombre al gremio de los azabacheros que
tanta fama dieron a la artesanía compostelana. Aquí se halló la original puerta
románica, llamada Puerta del Paraíso, principal entrada de los peregrinos, donde
se desprendían de sus ropas a los pies de la Cruz d'os Farrapos, que tomaría su
nombre de los harapos que allí dejaran los peregrinos. Hoy ha sido sustituida por la
fachada neoclásica de Ventura Rodríguez. El Monasterio de San Martín Pinario,
el más monumental de Santiago, procede del oratorio que en el año 912 el obispo Sisnado
dedicó a San Martín. En 1102 el obispo Gelmírez consagró la iglesia, llegando a ser un
gran centro religioso y su culto llegó a rivalizar con la Catedral. El edificio románico
desapareció, al iniciarse en el s. XVI la construcción del actual convento. Su iglesia
representa como ninguna el barroco compostelano, resaltando en su interior el Retablo
Mayor de exuberante riqueza barroca.

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Monasterio de San Martín Pinario |
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Cercano al impresionante muro occidental del Monasterio
de San Martín Pinario se encuentra el Convento de San Francisco, que rememora la
peregrinación de San Francisco de Asis a Compostela en 1213-1215. Según la leyenda San
Francisco recibió una revelación divina por la que se le encargaba que erigiera un
monasterio en "Val de Dios", terreno propiedad de San Martín Pinario. El
citado monasterio cedió el terreno a cambio de la entrega anual de un cestillo de peces,
(solemne ceremonia que perduró hasta fines del s. XVIII, en que los monjes de un
monasterio solían entregar el citado tributo a los del otro monasterio). La financiación
de tal proyecto debiera de hacerse con un tesoro que encontraría Cotolay en una
fuente. Y así sucedió, Cotolay encontró el tesoro levantandose un edificio gótico del
que hoy sólo quedan cinco arcos en el patio de la sala capitular. El convento actual y
sus dos claustros son del s. XVII y la Iglesia del XVIII. La Estatua de San Francisco
frente a la Iglesia fue realizada en conmemoración al séptimo centenario franciscano en
1930. Actualmente el monasterio alberga un interesantísimo Museo de Tierra Santa.
Otros puntos que debemos visitar son la Rúa del Villar y la Rúa Nueva.
En la Rúa del Villar encontraremos bellísimas palacios como la barroca Casa
del Deán, que nos lleva por esta sugestiva calle de soportales al Palacio de
Monroy, renacentista y al Palacio de los Marqueses de Bendana, con su fachada
neoclásica y portada barroca. Está rematada con un escudo y un atlas que sostiene el
mundo, que según cuenta la leyenda, lo dejará caer cuando se cumplan una serie de
acontecimientos (no se preocupen, pues es difícil que todo ello ocurra al mismo tiempo).
A sus espaldas, pasando por la más estrecha calle de Santiago; la de Entrerúas, llegamos
a la Rúa Nueva, donde se alza la torre barroca de la Iglesia de Santa María
Salomé, templo románico que conserva su portada del s. XII. Y desde allí llegaremos al
Palacio de Ramirans, el de los Condes de Gimonde y la Casa de las Pomas, con sus pilastras
de adornos frutales. A continuación llegaremos al Teatro Principal y el Palacio de
Mondragón de bellísima sobriedad neoclásica. Calles más comerciales son la Rúa de la
Reina y la Rúa del Franco, que junto con la del Villar hasta la Puerta Faxeiras, componen
un la mayor concentración de bares, locales, restaurantes y alojamientos de la ciudad.
La visita a Santiago debe durar al menos cinco o seis días. Además no
sólo vamos a disfrutar del arte y los monumentos. También habrá momento para la
gastronomía. La cocina compostelana es sabrosa, variada y rica, con una variada
selección de pescados y mariscos. En los numerosos bares y restaurantes podremos degustar
la receta estrella; las vieiras, cuya concha (la jacobea o del peregrino) está tan
conectada simbólicamente a la ciudad. Igualmente el pulpo a la gallega, las
sardinas asadas, el caldo de grelos, la empanada gallega... En cuanto a su
repostería resalta la tarta compostelana, de almendras. Entre sus vinos el más popular
el Ribeiro; blanco o tinto, de cuerpo joven y ligero, pero otros igualmente
deliciosos como Fefiñanes, Betanzos, Rosal, Valdeorras, Ulla
y Amandi serán complemento ideal para tan sabrosa cocina.
Visitar Santiago nos reconfortará y nos hará acordarnos de ella
durante mucho, mucho tiempo.
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