Es la segunda ciudad más poblada de Francia, principal centro económico y mayor metrópoli del Mediodía francés.
Es el puerto comercial más importante de Francia y del Mediterráneo, tercero en importancia de Europa tras Rotterdam y Amberes, centro de importante actividad industrial especializado en la petroquímica y el refino de petróleo, construcción naval e industrias diversas, es también un
estratégico nudo de comunicaciones en el que confluyen las rutas entre París, Italia, Suiza y España.
El territorio de Marsella forma una especie de anfiteatro, encerrado por el mar al oeste, por
"les calanques" (calas) al sur con Marseilleveyre, por la Costa Azul al norte con l'Estaque
y por las cadenas montañosas de l'Étoile y Garlaban al noreste. La ciudad se extiende en una franja de 57 km a lo largo del Mediterráneo y cerca de la mitad de la superficie comunal está en territorio natural no urbanizable.
Las bellas calas de Marsella se pueden visitar mediante excursiones marítimas que cruzan el archipiélago de Frioul para llegar a
Callelongue, la más garndes e importante de ellas. El resto (Mounine, Podestat, La Polidette y Queyrons) son muy pequeñas y de muy difícil acceso, ya que bordean los peligrosos cortantes del Massif de Marseilleveyre. Frente a estas diminutas calas se erigen multitud de islas rocosas, como la isla de Riou.

Una de las preciosas calanques que bordean Marsella.
La ciudad ha ido creciendo alrededor del antiguo puerto griego, llamado
"Le Vieux-Port", particularmente en el transcurso de la segunda mitad del siglo XIX.
Sorprende conocer que, aún siendo la ciudad más antigua de Francia, Marsella conserva pocos vestigios de épocas antiguas. Entre las instituciones culturales y educativas, destacan las universidades de Aix-Marseille I y II (1970) y los museos de Bellas
Artes, Arqueología y Navegación.

El Viejo Puerto.
En la bahía situada frente a Marsella hay varias islas, entre las que se encuentra la
isla de If, cuyo castillo (siglo XVI), se describe en la novela de Alejandro Dumas
El conde de Montecristo. Contemplamos varios fortines que protegen el puerto y, en una franja de terreno que se proyecta hacia el oeste de la bahía,
donde se encuentra la iglesia de Notre-Dame de la Garde (siglo XIX), coronada por una estatua dorada de la Virgen María, que ordenó edificar San Eugenio de Mazenod, obispo de la ciudad y fundador de los
Misioneros Oblatos de María Inmaculada.

El Castillo de If, descrito en El conde de Montecristo.
Marsella cuenta con un importante turismo costero, debido a su buen clima y sus
playas, así como su puerto marítimo. Como hemos dicho, el viejo puerto o Vieux-Port,
es el principal puerto de Marsella salvaguardado por dos fuertes, Fort St Nicolas y Fort Saint Jean.
Recomendamos un paseo tranquilo por su multitud de cafés, tiendas y mercados.
Cualquier lugareño nos contará la historia de su toma por parte de
los nazis en 1943, hecho que dejó profunda huella en los marselles.
Mención aparte merece el Faro de Santa María (1855), situado a la entrada del
puerto, con 22 metros de altura.
Los barrios marselleses gozan de una gran popularidad debido a su encanto. Uno de los más importantes es el barrio de
Le Panier, repleto de tiendas artesanales como panaderías y bollerías con productos típicos de la zona. El monumento más importante de Le Panier es el edificio La Charité. El producto gastronómico estrella del barrio es el chocolate artesanal, muy demandado por los vecinos de Marsella y los turistas. La Chocolatière du Panier es una de las tiendas especializadas y de mayor prestigio en la ciudad.

Notre-Dame de la Garde (izquierda) vista desde el puerto y Le Panier, el barrio
más conocido de Marsella.
La plaza Castellane en el Prado es uno de los barrios más activos de la ciudad. Se convirtió en el lugar elegido por los marselleses cuando el centro histórico fue despoblándose poco a poco. Cerca de la plaza de la Prefectura se localiza
Cours Julian, conocido localmente como Cours Ju'. Es una plaza, pero también uno de los barrios más alternativos de la
ciudad. En ellos se dan numerosos bares, restaurantes de todas las nacionalidades y librerías.
Otra opción turística interesante es recorrer la ciudad en busca de
los edificios religiosos más importantes de la ciudad. Como la basílica de
Notre-Dame de la Garde, de estilo románico-bizantino y realizada
en la segunda mitad del siglo XIX a partir de diversos materiales importados expresamente de
Italia. Destaca también la Catedral de Marsella, conocida también como la basílica de Santa María la Mayor o, simplemente, la
Mayor, también de estilo románico-bizantino y construida en la segunda mitad del siglo XIX por el arquitecto Léon
Vaudoyer. Uno de los lugares más importantes del catolicismo francés y de los más antiguos de la ciudad es la
Abadía de San Víctor, fundada en el siglo V.

La Mayor, otro de los símbolos de
Marsella.
No menos importantes son los castillos marselleses. Además
del de If, podemos visitar el castillo de Borely (anteriormente un museo de arqueología), donde se realizan exposiciones de
pintura así como el fuerte Saint Jean (comenzado durante el siglo XII y completado bajo el mandato de Luis XIV).
Otro punto que hace de Marsella una ciudad culturalmente
interesante es la variedad y calidad de sus museos. El Museo de la Vieille Charité en el Panier es un edificio histórico diseñado por Pierre Puget en el siglo XVII. El Museo de Historia de Marsella,
con una gran cantidad de restos de la presencia griega y romana en la ciudad.
El Musée des Beaux-Arts de Marseille, el Musée de la Mode, el Musée Cantini,
junto al Palacio de Justicia... por último otro de los museos más importantes de la ciudad es el dedicado a la "vieja Marsella", en el que se muestra el día a día de los marselleses siglo a siglo.
Está situado en la Maison Diamantée.
Con estos precedentes, no es extraño comprender por qué Marsella presentó su candidatura para ser
Capital Europea de la Cultura en 2013, y fue elegida. La propuesta de Marsella es la cultura, el conocimiento y el arte, tanto en la vida como en la ciudad, bajo el lema
"Marsella, ciudad de importantes mezclas culturales".
En Marsella el deporte más popular es el fútbol, y la ciudad cuenta con su propio equipo, el
Olympique de Marseille, uno de los equipos más laureados del país y el único equipo francés que ha ganado la Liga de Campeones de la UEFA, lograda en 1993.
Precios es el Stade Vélodrome, con capacidad para 60.000 espectadores,
donde el Olympique juega como local. Fue sede de los dos Mundiales de fútbol realizados en Francia en 1938 y 1998.
Hablar de Marsella y el fúbol es hablar, por supuesto, de los
mundialmente conocidos Zinedine Zidane y de Éric Cantona, nacidos
aquí.
Marsella nos ofrece una excelente gastronomía, basada en el
mar, sobre todo. Pescados con la firma de la alta cocina marsellesa,
como el más emblemático de la ciudad, "La Bouillabaisse" que ofrece el restaurante
Le Miramar y que es una obra de arte culinaria.

"La Bouillabaisse", un
clásico en Marsella.
La mejor fórmula de visitar Marsella, es el
City Pass que permite a los visitantes descubrir la ciudad con 'todo incluido'. Este abono, con una validez de 1 o 2 días, permite acceso libre a museos, transportes públicos
y otras ventajas. Marsella es una ciudad de contrastes, donde el mar y
la tierra se unen en armonía. Un lugar lleno de encanto.