El templo de Debod constituye uno de los pocos
testimonios arquitectónicos egipcios que pueden verse completos fuera de Egipto y el único de sus características existente en España.
Construido en el siglo IV a.C., estuvo situado hasta hace unas décadas al sur de Egipto, muy cerca de la primera catarata del Nilo y del gran centro religioso de la diosa Isis, en Filé.
Este templo egipcio fue cedido a España en 1968 en agradecimiento a la labor de la misión arqueológica española que colaboró en el rescate de los templos del valle de Nubia que iban a ser anegados por las aguas de la presa de Asuán.
Desde su inauguración en el nuevo emplazamiento en 1972, el templo puede ser admirado al este de la Plaza de España, junto al Paseo del Pintor Rosales. El reconocido como
monumento más antiguo de Madrid mantiene la misma orientación que tuvo en su lugar de origen: De este a oeste.

Su construcción la inició, a comienzos del siglo II antes de Cristo, Adijalamani, rey del fronterizo país de Meroe, quien levantó una capilla dedicada a los dioses Amón e Isis. Con posterioridad, distintos reyes de la dinastía Ptolemaica añadieron nuevas estancias alrededor del núcleo original. Los emperadores romanos Augusto, Tiberio y, tal vez Adriano, completaron la construcción y decoración del edificio.
La primera descripción exacta del edificio que se tuvo en Europa se elaboró en el año 1813, cuando el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt fue enviado para inspeccionar y detallar la zona por orden de Napoleón.
En el año 1961, a causa de la construcción de la nueva presa de Asuán, sus piedras fueron desmontadas y depositadas en la isla Elefantina hasta su posterior traslado al puerto de Alejandría.

En 1968, el templo fue donado a España por el Estado egipcio en agradecimiento por la ayuda prestada al salvamento de los templos de Abu Simbel. Una vez trasladado a España
piedra a piedra, el templo se enfrentó a una complicada labor de reconstrucción y restauración. Estos trabajos incluyeron la instalación en su interior de aire acondicionado caliente para crear una atmósfera seca parecida al clima de Nubia. Como recuerdo al río que tuvo el templo en sus proximidades, se construyó un estanque de poca profundidad a lo largo de los tres portales de acceso al templo. Los trabajos de reconstrucción del monumento duraron dos años. Su inauguración fue el 20 de julio de 1972.
El templo se halla en la actualidad restaurado y las partes desaparecidas han sido reconstruidas. Consta de una serie de estancias que se pueden ser visitadas. Entre estancias se pueden destacar las siguientes:
Capilla de Adijalamani o de los relieves: Esta estancia constituye la parte más antigua del templo y se conserva en su estado original. La capilla se encuentra decorada con escenas que representan al rey adorando a los dioses y ofreciendo sacrificios. Esta capilla está consagrada desde los primeros tiempos al dios Amón, aunque más tarde fueron recibiendo culto otros dioses como Isis, Hathor, Osiris, Horus, etc.
Mammisi: La palabra mammisi es de origen copto y significa "lugar de nacimiento", ya que aquí se celebraban las ceremonias de evocación del nacimiento del dios Horus. Esta sala fue la última aportación que los romanos hicieron al templo, al parecer en tiempos del emperador Tiberio (42 adC-37 d.C.). Esta construcción rompe por completo la simetría característica de los templos egipcios.

En el muro sur se abre una claraboya a través de la cual entraría una luz indirecta que proporcionaría el ambiente necesario para las ceremonias del misterio.
Otras estancias del Templo de Debod son las siguientes: Vestíbulo o pronaos, Antesala de la naos, Sala de la naos, Corredor, Capilla osiriaca y Terraza.
Dirección: Ferraz,1 28008 Madrid
Parque del Cuartel de la Montaña
Transporte público
Autobuses: 74
Metro: Plaza de España, Líneas 2 y 10
Renfe: Principe Pio
Horarios: De martes a viernes, de 1 de Abril al 30 de Septiembre, de 10 a 14 horas y de 18 a 20 horas.
Del 1 de Octubre al 31 de Marzo, de 9.45 a 13.45 horas y 16, 15 a 18.15 horas.
Sábados y domingos, de 10 a 14 horas. Lunes y festivos: Cerrado
Entrada: gratuita
Visitas guiadas: todos los sábados de 11,30 a 12,30 horas con cita previa (excepto grupos superiores a 20 personas).
La Puerta de Toledo es la última puerta ornamental de la villa de
Madrid. La Sigue el modelo tradicional de las puertas construidas por el arquitecto italiano Sabatini, autor de la Puerta de Alcalá y el Palacio Real. Construida en granito y piedra blanca de Colmenar, se finalizó en 1827.
Se estructura en tres vanos, con un arco central de medio punto mayor que los dos arcos laterales. Sobre esta estructura de tres arcos se añade un cuerpo que soporta esculturas con alegorías militares. Ambas fachadas, la norte y la sur, están decoradas con pilastras y medias columnas, que tienen la particularidad de ser distintas en cada una de las fachadas de la puerta, igual que sucede en la Puerta de Alcalá, que también dispone de dos fachadas diferentes.

Sobre el arco central se sitúa un ático con una inscripción en latín, que indica la fecha de finalización y el monarca reinante en ese momento. La ubicación de la Puerta de Toledo es
excelente. Desde el Puente de Toledo se vislumbra una cuesta en línea recta que permite ver primero los dos obeliscos de la Glorieta de Pirámides y, al fondo, la silueta de la Puerta de Toledo.
Ya en el siglo XV existía una puerta llamada de Toledo de donde partía el camino que llevaba a dicha localidad. Su construcción obedece también al deseo de embellecer la entrada a Madrid desde el camino de Andalucía.
Diseñada por Antonio López Aguado como un arco triunfal dedicado al rey Fernando VII, con esculturas diseñadas por José Ginés y realizadas por Ramón Barba y Valeriano Salvatierra, la Puerta de Toledo se proyectó pensado en conmemorar un hecho significativo dentro de la vida política de la época pero, que a tenor de la rapidez en que se sucedían los acontecimientos, varió
tres veces de objetivo.
Primero se pensó construirla en 1813 para conmemorar a la recién nacida Constitución de 1812. Se encargó su construcción a López Aguado, e incluso se colocó bajo los cimientos un pequeño cofre con monedas y objetos relativos a la reciente Carta Magna, pero el proyecto fue abandonado por falta de presupuesto.

En 1817, Fernando VII, a través de unos recién instaurados impuestos sobre el vino y otros licores reunió la cantidad de dinero suficiente como para culminar la proyectada Puerta de Toledo. Como el rey había abandonado el constitucionalismo, el cofre ubicado en los cimientos cambió de contenido: de monedas conmemorativas de la Constitución de 1812 se pasó a monedas con la efigie del rey.
La lentitud de las obras hizo que éstas continuaran en el trienio constitucional (1820 a 1823), con lo cual se decidió una nueva intervención, esta vez bajo la clave del arco principal, para situar objetos pertenecientes al momento político en otro cofre, que contenía monedas y periódicos de la época que reflejaran el nuevo momento político marcado por el liberalismo. Finalmente las obras culminaron en 1827, convirtiendo a la Puerta de Toledo en la última puerta ornamental construida en el Madrid histórico.