Sus aguas, que bañan las tres penínsulas del sur de Europa (Ibérica, Itálica y Balcánica) y una de Asia (Anatolia), comunican con el océano Atlántico (a través del Estrecho de Gibraltar), con el mar Negro (por los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos), y con el mar Rojo (por el canal de Suez). Es sin duda, una
autopista de comunicación intercontinental, fuente de riqueza y aventura para los más diversos viajeros.
Si hay algo que tienen en común todas las denominadas civilizaciones mediterráneas, ha sido una
cultura mediterránea en gran parte común por encima de las profundas diferencias políticas y religiosas. Y en ello el mar ha tenido mucho que ver. Una unidad que se activa periódicamente mediante iniciativas políticas e incluso deportivas como los famosos Juegos del Mediterráneo.

Y es que el Mediterráneo ha sido un mar clave para la Historia. Fenicios, romanos y griegos han navegado por él desde hace unos 3000 años aproximadamente. Viajar a lo desconocido, conquistar nuevas tierras desde el mar… ya desde entonces el mar originó una serie de leyendas y mitos en torno a él, como la de Jasón y los argonautas.
El Imperio romano extendió su control en torno al Mar Mediterráneo. Bajo la etapa imperial de Trajano los dominios de Roma llegaron a su máxima extensión, de ahí la denominación de Mare Nostrum (nuestro mar). Todo lo que rodeaba al Mar Mediterráneo hasta el Océano Atlántico era de Roma.
¿Quién no ha oído hablar de Las Guerras Púnicas? Aquellas que enfrentaron entre los años 264 a. C. y 146 a. C. a las dos principales potencias del Mediterráneo de la época: Roma y Cartago. El control del mar era fundamental y al final Roma consiguió su propósito: borrar a Cartago del mapa de la época, pero no de la historia.
Desde épocas muy antiguas, ha habido piratas en el Mediterráneo. Cobraron notoriedad en el siglo XVI, cuando surgieron desde Argel, Túnez, y Marruecos, estados corsarios, al amparo del Imperio Otomano. El Mediterráneo se convierte en un lugar peligroso, una época de terror que duró cerca de cien años y que derivó además en enfrentamientos entre las principales potencias de la época: España, Francia e Inglaterra. Porque en cualquier guerra, en cualquier disputa, el mar mediterráneo y su control ha sido objetivo prioritario para cualquier estado involucrado.

Hoy, en el siglo XXI, podemos conocer culturas tan diversas como
fascinantes, paisajes espectaculares, amaneceres evocadores, anocheceres nostálgicos... un crucero por el mediterráneo es una manera única de conocer tres continentes que se abrazan a lo largo del azul infinito que les rodea. Días interminables en un recorrido que nos llevará a conocer ciudades tan llenas de historia como Barcelona, Marsella, Génova,
Nápoles, Pompeya, Messina, La Goullete, Cartago, Palma, etcétera.
Durante su visita a la ciudad en 1862, el escritor Hans Christian Andersen remarcó que
Barcelona era la "París de España". Algunas de las más famosas obras arquitectónicas son de Antonio Gaudí quien empleó parte de su vida para la construcción de la Sagrada Familia. Barcelona está situada entre montañas y el Mar Mediterráneo, contando con uno de los mejores campos de fútbol, el Nou Camp.
Marsella, el puerto más importante de Francia yace en el Mediterráneo hacia el Este del delta del Ródano. La encontramos en una ensenada del Golfo de Lyon, y está dominada por la Catedral de Notre Dame de la Garde. Fue fundada alrededor del año 600
A. C. por los griegos de Asia Menor. Muy recomendable es el paseo desde el centro de la ciudad al puerto, paseando por calles donde se han rodado películas tan famosas como Borssalino.
Pensar en Génova es pensar en Cristóbal Colón, el
descubridor de América, quien seguramente miraría al mar
mediterráneo con sueños premonitorios. Sensacional es bordear toda la costa con cientos de curvas,
pasando por diversos pueblos para llegar a Santa Margarita. Desde
allí, podemos alcanzar Portofino, famoso puerto, lleno de lujosas tiendas,
no alcance de todos los bolsillos. En Castello Brown podemos ver un magnifico panorama que se divisa alrededor del mismo ya que se empleaba como fortaleza y vigia de los enemigos que pudieran llegar desde el mar.
Las vistas son únicas.
Desde el puerto de la evocadora Nápoles (precioso el viaje por la
bahía) llegamos a Pompeya, una ciudad romana mantenida a través de los siglos desde que la ceniza volcánica del Vesubio la sepultara junto a sus habitantes. Interesantes fragmentos de la vida cotidiana de la antigua Roma nos esperan.
En Taormina puede que nos sorprenda ver en suelo, tejados y techos de coches, "ceniza negra", según nos cuentan vecinos de la zona son restos "normales" de la erupción del Etna, la segunda montaña más alta de Europa después del Teide. Podems pasear por preciosas calles y sentirnos gladiadores por un momento en el magnífico Coliseo.
En La Goullete, Túnez, recomendamos una visita a la Medina (zoco tunecino), de Cartago, las ruinas. De Palma de Mallorca, las cuevas del Drac y Portocristo.

Se cree que un futuro ahora lejano e improbable (unos 5 millones de años) el Estrecho de Gibraltar se cerrará y el Mediterráneo quedará reducido a lagos salinos primero para más tarde secarse. Hoy en día, las
amenazas son mucho más cercanas e igual de preocupantes y el causante no es la propia naturaleza sino el hombre: la sobre pesca, el exceso de urbanismo, la contaminación y el calentamiento global ponen en peligro tanto a flora como fauna marina. Tenemos que concienciarnos de que
el mar está herido y necesita nuestra ayuda.