Estamos hablando de un
país cuya historia hunde sus raíces en la prehistoria y que, a lo
largo de su sinuoso pasado, ha creado costumbres y tradiciones que
para los ojos de un occidental pueden parecer exóticas a pesar de la
creciente globalización y empequeñecimiento de nuestro mundo.
Tierra de nómadas, a lo largo de los siglos han desarrollado
maneras de sobrevivir en un entorno no siempre amigable y en un clima
duro para el hombre. La tradición mongola más conocida para los
occidentales es el canto gutural: Khuumii. Dominado sólo por
unos pocos, la singularidad de los sonidos que producen estos hábiles
intérpretes resulta hipnótica. La respiración circular que realizan
durante los minutos que dura cada tema parece no suponerles un
esfuerzo.
Algunos ven semejanzas entre esta técnica y las utilizadas el
pranayama de los yoguis.

El entorno de Mongolia es simplemente espiritual.
Siempre supeditados a los
dictados de la naturaleza y el caprichoso clima, los mongoles viven
respetando su entorno. La conjunción de mito y respeto por la
naturaleza se refleja en los ritos religiosos que llevan a cabo.
Lugares de poder, sagrados, son donde encontramos los Ovoos,
puntos en el camino especialmente señalados y los destinados a
agradecer, venerar y hacer peticiones a la madre naturaleza. Formados
por piedras, huesos, botellas de vodka y jirones de seda azul, el
viajero que recala en estos puntos ha de lanzar tres pequeñas piedras
al Ovoo y rodearlo tres veces en el sentido de las agujas del reloj.

El Ovoo, lugar sagrado para los mongoles.
Con un gran sentido de
los ritmos de la tierra, los mongoles celebran el año nuevo con la
finalización del invierno y la consecuente llegada de la primavera.
Siguiendo el calendario lunar, Tsagaan Tsar es una larga
celebración que comienza con la visita al Ovoo o al altar más cercano
y continúa con la visita a familiares, comenzando por los de mayor
edad y terminando por los más jóvenes y, tras estos, los amigos.
Poco tendría de exótico esta celebración al compararla con las
nuestras, sobre todo si tenemos en cuenta el pasado cercano en el que
también las fiestas tenían un marcado sentido religioso, pero la
geografía de Mongolia imprime un carácter único a la manera de
celebrar el año nuevo y estas fiestas se pueden prolongar durante
semanas debido a las largas distancias que han de recorrer para las
visitas.
Como impreso en el ADN de casi todo ser humano, el punto álgido del
año nuevo se desarrolla en torno a la comida y la bebida. Se sacrifica
una oveja, la mayor y más gorda, y se coloca la cola de la oveja sobre
la mesa. Se bebe vodka, se comen empanadillas Buuz, y se cantan
canciones.

Una fiesta mongola tiene como protagonista al caballo, como no.
La alimentación de los
mongoles está basada en la carne y la leche. Los vegetales,
verduras o todo lo que tenga aspecto de tal está considerado comida
para cabras. La dieta mongola no se encuentra entre las preferidas de
los dietistas ni de los weight watchers, pero le proporciona la
energía necesaria para sobrevivir en un entorno tan duro.
Grandes cantidades de grasa de oveja, leche fermentada y te salado
pueden ser bastante sorprendentes para el viajero que habrá de ser
osado y atreverse a probar (La leche de yak es realmente deliciosa).
La variedad de ingredientes no es una característica de esta dieta, y
es sorprendente los numerosos modos que tienen de cocinar con ellos.
Parte del trabajo de las mujeres es ordeñar el ganado: yaks, vacas,
ovejas, camellos y cabras. Esta tarea no sólo se realiza diariamente,
sino que ha de hacerse dos veces al día en el caso de las ovejas y las
cabras. La leche se utilizará para preparar el te salado, y parte de
esta se empleará en yogures, cremas y quesos.
Ovejas, camellos, vacas, yaks y, sólo en caso de extrema necesidad,
caballos, son sacrificados siguiendo un ritual y sólo cuando han
engordado y en ocasiones especiales.
VIVIENDA
La vivienda de los nómadas se denomina Ger. La construcción de estas
pequeñas casas es sorprendentemente simple y muy brillante. La
economía y la eficacia son los dos adjetivos que mejor definen la
vivienda nómada mongol: Son necesarios sólo dos árboles para
construirla, es ligera, totalmente desmontable y en su transporte se
utilizan exclusivamente dos camellos.
En unos cuarenta y cinco minutos los nómadas montan y desmontan una
vivienda que es cálida y sirve de dormitorio para unas veinte
personas.

La construcción típica mongola: el Ger.
Su estructura circular es
siempre de madera y, dependiendo de la época del año se cubre con más
o menos capas de fieltro para mantener el calor.
La organización dentro de la casa está marcada por la tradición, la
zona para las mujeres y los niños se sitúan a la derecha, así como los
utensilios de cocina, y los hombres a la izquierda. El fuego encendido
en el centro para cocinar y mantener la temperatura agradable en
durante los largos inviernos.
La puerta siempre se sitúa hacia el sur, de manera que esto les
sirve para saber la hora en todo momento en que hay luz solar. Los
colores de las puertas y ornamentos de los Ger siempre se pintan en
colores llamativos, en contraste con la cubierta de las casas que
suele ser de colores claros.
CABALLOS
El mongol, tras siglos de convivencia con los caballos, ha convertido
a este animal en su mejor aliado: como portador de la carga
durante sus viajes, fuente de alimento, y hasta arma, tal y como
demostró Gengis Kan, quien conquistó medio mundo a lomos de estos
animales.

El mongol, siempre unido a su caballo.
CARÁCTER
La cooperación e importancia del clan es fundamental para entender la
cultura mongola. En un clima que a veces se muestra enemigo del
hombre, el trabajo en grupo es imprescindible para la supervivencia,
así como la fortaleza interior, clave para afrontar las adversidades,
y la generosidad sin límites. Probablemente, estemos hablando de uno
de los últimos pueblos que habitan la tierra donde la propiedad
privada es una entelequia. Las puertas de las casas nunca se cierran
al salir de ellas y el espíritu de comunidad no es asignatura que se
imparta ya que el ejemplo dado generación tras generación es el mejor
maestro.

Los mongoles, un pueblo milenario que nos sorprenderá.
Cómo llegar
Mongolia es un enorme país, que se encuentra entre las regiones
de Asia Oriental y Asia Central. Limita con Rusia al Norte y China
al Sur. Su capital es Ulán Bator, en donde radica un tercio
de la población total.

El Transmongoliano es la principal conexión ferroviaria entre
Mongolia y sus vecinos. La vía es una bifurcación del Transiberiano
que, con origen en Ulán-Udé, se adentra en Mongolia, cruza Ulán Bator
y cruza la frontera con China, donde se une al sistema ferroviario
chino en Jining. Mongolia tiene varios aeropuertos para vuelos
domésticos, siendo el único aeropuerto internacional el Aeropuerto
Internacional Chinggis Khaan (ULN), cerca de Ulan Bator. Hay vuelos
directos entre Mongolia y Corea del Sur, China, Japón, Rusia y
Alemania. MIAT Mongolian Airlines es la compañía aérea
nacional, y cubre trayectos tanto internacionales como domésticos. El
transporte por carretera en Mongolia se limita a carreteras sin
pavimentar, aunque se pueden encontrar algunas asfaltadas entre
Ulan Bator y la frontera rusa y china, así como entre Darkhan y Bulgan.