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Carolina Hernández 30 agosto 2014

A pesar de que hoy Mongolia es uno de los países de mayor extensión del mundo la comparación es imposible con el antiguo esplendor de imperio mongol de Gengis Kan, que cuyos límites se extendieron hasta las orillas del Mediterráneo y el Pacífico.

Estamos hablando de un país cuya historia hunde sus raíces en la prehistoria y que, a lo largo de su sinuoso pasado, ha creado costumbres y tradiciones que para los ojos de un occidental pueden parecer exóticas a pesar de la creciente globalización y empequeñecimiento de nuestro mundo.

Tierra de nómadas, a lo largo de los siglos han desarrollado maneras de sobrevivir en un entorno no siempre amigable y en un clima duro para el hombre. La tradición mongola más conocida para los occidentales es el canto gutural: Khuumii. Dominado sólo por unos pocos, la singularidad de los sonidos que producen estos hábiles intérpretes resulta hipnótica. La respiración circular que realizan durante los minutos que dura cada tema parece no suponerles un esfuerzo.

Algunos ven semejanzas entre esta técnica y las utilizadas el pranayama de los yoguis.

Siempre supeditados a los dictados de la naturaleza y el caprichoso clima, los mongoles viven respetando su entorno. La conjunción de mito y respeto por la naturaleza se refleja en los ritos religiosos que llevan a cabo. Lugares de poder, sagrados, son donde encontramos los Ovoos, puntos en el camino especialmente señalados y los destinados a agradecer, venerar y hacer peticiones a la madre naturaleza. Formados por piedras, huesos, botellas de vodka y jirones de seda azul, el viajero que recala en estos puntos ha de lanzar tres pequeñas piedras al Ovoo y rodearlo tres veces en el sentido de las agujas del reloj.

Con un gran sentido de los ritmos de la tierra, los mongoles celebran el año nuevo con la finalización del invierno y la consecuente llegada de la primavera. Siguiendo el calendario lunar, Tsagaan Tsar es una larga celebración que comienza con la visita al Ovoo o al altar más cercano y continúa con la visita a familiares, comenzando por los de mayor edad y terminando por los más jóvenes y, tras estos, los amigos.

Poco tendría de exótico esta celebración al compararla con las nuestras, sobre todo si tenemos en cuenta el pasado cercano en el que también las fiestas tenían un marcado sentido religioso, pero la geografía de Mongolia imprime un carácter único a la manera de celebrar el año nuevo y estas fiestas se pueden prolongar durante semanas debido a las largas distancias que han de recorrer para las visitas.

Como impreso en el ADN de casi todo ser humano, el punto álgido del año nuevo se desarrolla en torno a la comida y la bebida. Se sacrifica una oveja, la mayor y más gorda, y se coloca la cola de la oveja sobre la mesa. Se bebe vodka, se comen empanadillas Buuz, y se cantan canciones.

La alimentación de los mongoles está basada en la carne y la leche. Los vegetales, verduras o todo lo que tenga aspecto de tal está considerado comida para cabras. La dieta mongola no se encuentra entre las preferidas de los dietistas ni de los weight watchers, pero le proporciona la energía necesaria para sobrevivir en un entorno tan duro.

Grandes cantidades de grasa de oveja, leche fermentada y te salado pueden ser bastante sorprendentes para el viajero que habrá de ser osado y atreverse a probar (La leche de yak es realmente deliciosa).

La variedad de ingredientes no es una característica de esta dieta, y es sorprendente los numerosos modos que tienen de cocinar con ellos. Parte del trabajo de las mujeres es ordeñar el ganado: yaks, vacas, ovejas, camellos y cabras. Esta tarea no sólo se realiza diariamente, sino que ha de hacerse dos veces al día en el caso de las ovejas y las cabras. La leche se utilizará para preparar el te salado, y parte de esta se empleará en yogures, cremas y quesos.

Ovejas, camellos, vacas, yaks y, sólo en caso de extrema necesidad, caballos, son sacrificados siguiendo un ritual y sólo cuando han engordado y en ocasiones especiales.

VIVIENDA
La vivienda de los nómadas se denomina Ger. La construcción de estas pequeñas casas es sorprendentemente simple y muy brillante. La economía y la eficacia son los dos adjetivos que mejor definen la vivienda nómada mongol: Son necesarios sólo dos árboles para construirla, es ligera, totalmente desmontable y en su transporte se utilizan exclusivamente dos camellos.

En unos cuarenta y cinco minutos los nómadas montan y desmontan una vivienda que es cálida y sirve de dormitorio para unas veinte personas.

Su estructura circular es siempre de madera y, dependiendo de la época del año se cubre con más o menos capas de fieltro para mantener el calor.

La organización dentro de la casa está marcada por la tradición, la zona para las mujeres y los niños se sitúan a la derecha, así como los utensilios de cocina, y los hombres a la izquierda. El fuego encendido en el centro para cocinar y mantener la temperatura agradable en durante los largos inviernos.

La puerta siempre se sitúa hacia el sur, de manera que esto les sirve para saber la hora en todo momento en que hay luz solar. Los colores de las puertas y ornamentos de los Ger siempre se pintan en colores llamativos, en contraste con la cubierta de las casas que suele ser de colores claros.

CABALLOS
El mongol, tras siglos de convivencia con los caballos, ha convertido a este animal en su mejor aliado: como portador de la carga durante sus viajes, fuente de alimento, y hasta arma, tal y como demostró Gengis Kan, quien conquistó medio mundo a lomos de estos animales.

CARÁCTER
La cooperación e importancia del clan es fundamental para entender la cultura mongola. En un clima que a veces se muestra enemigo del hombre, el trabajo en grupo es imprescindible para la supervivencia, así como la fortaleza interior, clave para afrontar las adversidades, y la generosidad sin límites. Probablemente, estemos hablando de uno de los últimos pueblos que habitan la tierra donde la propiedad privada es una entelequia. Las puertas de las casas nunca se cierran al salir de ellas y el espíritu de comunidad no es asignatura que se imparta ya que el ejemplo dado generación tras generación es el mejor maestro.

Cómo llegar
Mongolia es un enorme país, que se encuentra entre las regiones de Asia Oriental y Asia Central. Limita con Rusia al Norte y China al Sur. Su capital es Ulán Bator, en donde radica un tercio de la población total.

El Transmongoliano es la principal conexión ferroviaria entre Mongolia y sus vecinos. La vía es una bifurcación del Transiberiano que, con origen en Ulán-Udé, se adentra en Mongolia, cruza Ulán Bator y cruza la frontera con China, donde se une al sistema ferroviario chino en Jining. Mongolia tiene varios aeropuertos para vuelos domésticos, siendo el único aeropuerto internacional el Aeropuerto Internacional Chinggis Khaan (ULN), cerca de Ulan Bator. Hay vuelos directos entre Mongolia y Corea del Sur, China, Japón, Rusia y Alemania. MIAT Mongolian Airlines es la compañía aérea nacional, y cubre trayectos tanto internacionales como domésticos. El transporte por carretera en Mongolia se limita a carreteras sin pavimentar, aunque se pueden encontrar algunas asfaltadas entre Ulan Bator y la frontera rusa y china, así como entre Darkhan y Bulgan.

Un reportaje de www.gulliveria.com