Guipúzcoa pomociona sus faros como atractivos turísticos.

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Gipuzkoa ha sido históricamente un territorio fuertemente relacionado a las actividades marítimas. La pesca y el comercio naval, además de su posición estratégica, han hecho de la costa guipuzcoana una importante red de puertos cuyos faros han evitado numerosas tragedias desde años remotos. Erigidos en prominentes acantilados, los faros guipuzcoanos se enmarcan en paisajes de postal, proporcionando una parada de interés a aquellos turistas que deseen desmarcarse de las rutas habituales. Hondarribia, Pasaia, Donostia, Getaria y Zumaia son los puertos en los que se sitúan estas torres de luz que han iluminado el camino a casa de tantos navegantes. El faro del Cabo Higuer, en Hondarribia, marca el inicio de la costa guipuzcoana. La antigua torre quedó destruida tras la guerra carlista de 1874 por lo que tres años más tarde se construyó una nueva a 93 metros sobre el nivel del mar y en distinta ubicación. Actualmente, la luz de Cabo Higuer se ve desde el faro de Getaria, al quedar Pasaia y Donostia ocultos por la costa. 

En Pasaia dos faros de aspecto acastillado vigilan la bocana del puerto. Pasaia fue durante siglos un importante puerto estratégico además de un sólido centro de comercio, abastecimiento, reparación y construcción. La particular fisionomía del estrecho que da paso a la villa hubiera sido un inconveniente de no ser por los faros del Cabo de La Plata y el de Punta de Senekozulua, que con sus linternas han regulado el tráfico naval. 

El faro del Cabo de la Plata, el más alto de Gipuzkoa situado a 151 metros sobre el nivel del mar, evoca una fortaleza medieval abierta al mar. En su interior destaca la escalera de caracol de hierro fundido que da acceso a la torre. La punta de la Plata, donde está ubicado el faro, es un hermoso paisaje abierto al mar merecedor de su visita. Por su parte, el faro de Senekozulua, proyectado en 1906, es un edificio clásico que nos recuerda a los faros de la costa francesa. A pesar de que Donostia hoy en día acoge mayormente embarcaciones relacionadas al ocio, el desarrollo de la ciudad ha estado tradicionalmente unido a la pesca y al comercio. La bahía de La Concha, por la cual se accede al puerto pesquero, está presidida por la isla de Santa Clara, cuyo faro se encendió por vez primera en 1864, al advertir que los navegantes no conocedores de la costa a menudo confundían la boca del puerto con la de la Zurriola, al tomar La Mota por Santa Clara. Getaria, por su parte, siempre ha vivido cara la mar, principalmente de la pesca de la ballena y, de hecho, el monte San Antón constituyó una privilegiada atalaya desde donde divisar a estos cetáceos. Hasta la guerra de la Independencia el farol se encontraba en la ermita de San Antón, pero en 1862 se encendió la torre-vivienda actual, que cuenta con un sistema de pararrayos especial. Cabe destacar la falsa puerta en el costado opuesto a la entrada, con madera y pintura reales, pero con función meramente estética.

Al final del recorrido encontramos Zumaia, villa que por su amplitud, situación estratégica y contacto directo con el mar servía de punto de referencia diurno a los barcos cuando no había faros. En la atalaya baja, en el mismo lugar donde se situaba el atalayero para ayudar a los barcos, se erige el actual faro, renovado en 1881 tras las guerras carlistas. En la fachada, los aleros y vanos están rematados en un azul intenso, idéntico al de Santiago-Etxea, la casa del pintor Ignacio Zuloaga. El faro cuenta, además, con una estación meteorológica automática. Donostia contaba en un principio con una linterna en la cima del monte Urgull, en el castillo. En el siglo XVIII el consulado de San Sebastián decidió edificar un torreón en Igeldo, construcción de carácter defensivo con fosos a su alrededor. El proyecto de Julián Sánchez Bortt fue un punto estratégico en la guerra de la Independencia, habiéndose situado en él la línea defensiva de la ciudad. Después de 1813, año en el que se incendió la ciudad, la luz se trasladó a su antiguo emplazamiento en La Mota, volviendo de nuevo a Igeldo a mediados del siglo XIX. Sin embargo, ese nuevo emplazamiento fue el escogido para construir el parque de atracciones de Igeldo, por lo que la torre se convirtió en mirador. El actual faro se edificó bajo la dirección de Manuel Peironcely en una zona de mayor visibilidad, a 130 metros sobre el nivel del mar y se encendió por primera vez en 1855. Hoy está considerado como el principal faro de Gipuzkoa. 

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