Voces y protagonistas

Álex Pàmies, Hurtigruten: «La costa noruega a bordo de Hurtigruten nunca ha dejado de sorprenderme»

David Sánchez
Álex Pàmies, representante de Hurtigruten en España, con el paisaje noruego al fondo

El Ártico ha dejado de ser un territorio reservado a viajeros dispuestos a asumir grandes incomodidades. Mejores conexiones, nuevos servicios y otra forma de entender el viaje han acercado lugares como Svalbard y la costa norte de Noruega a un público más amplio, aunque allí continúan mandando el clima, la luz y una naturaleza que no entiende de programas.

Álex Pàmies, representante de Hurtigruten en España y vinculado a la compañía desde hace más de 25 años, ha visto de primera mano esa transformación. En esta entrevista con Gulliveria habla de cómo ha cambiado el viajero, de la relación histórica de los barcos con las comunidades costeras noruegas, de los límites que exige un territorio vulnerable como Svalbard y de una costa que, después de tantos años, todavía consigue hacerle mirar por la ventana.

Llevas muchos años vinculado a Hurtigruten y has podido observar de primera mano cómo ha cambiado el mercado. Si comparas al viajero que descubría la costa noruega cuando comenzaste con el que llega hoy, ¿cuál es el cambio que más te ha llamado la atención?

Ha cambiado mucho lo que el viajero espera de un viaje y, en nuestro caso, ese cambio nos ha favorecido. Hoy se buscan experiencias auténticas, contacto con los lugares y una forma de entender cómo viven las personas que los habitan. Ese es precisamente uno de los grandes atractivos de Hurtigruten.

Viajar a bordo de sus barcos es recorrer la costa noruega en un medio de transporte que ha formado parte de la vida de sus comunidades durante generaciones y que sigue prestándoles servicio. Para el viajero, eso abre una ventana a la vida cotidiana de los pequeños pueblos costeros. No solo contempla el paisaje: también presencia una relación muy viva entre la costa y el barco.

Northern Delights combina Svalbard con la costa ártica noruega en pleno invierno. Hace años, viajar al Ártico en esa época podía parecer reservado a viajeros especialmente aventureros. ¿En qué momento comenzó a convertirse en una opción para un público más amplio?

Creo que ha sido un cambio gradual. A medida que han mejorado las conexiones aéreas y los servicios en Svalbard y el norte de Noruega, el viajero ha descubierto que puede vivir el invierno ártico con mucho confort. Los barcos ofrecen también un nivel de servicio que permite disfrutar plenamente del destino.

La aventura sigue ahí, por supuesto, pero cada persona puede elegir cuánto quiere acercarse a ella. Un viaje al Ártico puede ser tan placentero o tan intenso como uno desee.

Auroras boreales, trineos de perros, Cabo Norte, cultura sami, paisajes nevados… El Ártico se presta especialmente bien a construir una imagen casi mítica del viaje. ¿Qué idea equivocada sobre estos destinos encontráis con más frecuencia entre quienes los visitan por primera vez?

La más frecuente es pensar que será una experiencia demasiado extrema. Hay quien imagina que para disfrutar del Ártico hace falta una gran preparación física o estar dispuesto a pasar incomodidades, y no es así. Existen actividades para distintos intereses y maneras de viajar.

Puedes descubrirlo a un ritmo tranquilo, disfrutando del paisaje y del confort del barco, o buscar una aventura más activa. Lo bonito es que el destino permite ambas cosas. Tú decides cómo quieres vivirlo.

Álex Pàmies, vinculado a Hurtigruten desde hace más de 25 años
Álex Pàmies, vinculado a Hurtigruten desde hace más de 25 años

Hurtigruten nació vinculada a una ruta que formaba parte de la vida cotidiana de las comunidades de la costa noruega. ¿Cómo se conserva esa conexión con el territorio cuando el mismo recorrido se ha convertido también en una experiencia turística internacional?

Porque esa conexión continúa formando parte del día a día de la ruta. Si tuviera que explicarlo con una imagen, elegiría la de unos abuelos que llevan a sus nietos al puerto a recibir el barco. Lo esperan con ilusión y, cuando parte, lo despiden saludando. Hay orgullo y afecto en ese gesto, porque Hurtigruten ha estado presente en sus vidas.

Para quien viaja a bordo, presenciar algo así resulta emocionante. Es un instante sencillo, que no está preparado para el turista, y precisamente por eso dice tanto sobre la relación entre el barco y la costa.

Svalbard ocupa un lugar cada vez más visible en el imaginario viajero. ¿Qué exige gestionar turísticamente un territorio tan excepcional y, al mismo tiempo, tan vulnerable?

Exige mucha conciencia y un gran respeto por el entorno. Svalbard es un lugar extraordinario, pero también vulnerable. Quienes organizamos viajes allí tenemos la responsabilidad de trabajar con medidas de protección estrictas y de ayudar al viajero a comprender dónde se encuentra.

Poder conocer un lugar así es un privilegio. Debemos visitarlo con cuidado para que las generaciones venideras también puedan descubrirlo y maravillarse con él.

MS Trollfjord de Hurtigruten navegando junto a Longyearbyen, en Svalbard
MS Trollfjord en Longyearbyen © Espen Mills

Después de tantos años trabajando con el mercado español, ¿hay algo que los españoles hagan de manera diferente cuando viajan por Noruega? Me refiero no solo a lo que compran, sino a cómo viven el barco, las escalas, la gastronomía o el propio paisaje.

Sinceramente, no sabría señalar una diferencia clara. Lo que observo en nuestros viajeros, sean españoles o de otros países, es una reacción muy parecida ante la costa noruega. Llegan con sus horarios y su ritmo habitual, pero poco a poco se dejan llevar por el viaje.

Empiezan a disfrutar de ese transcurrir pausado, de las escalas y de los cambios continuos del paisaje. Hay momentos en los que parece que nadie quiere ni parpadear por miedo a perderse lo que aparece al otro lado de la ventana.

En un viaje por el Ártico hay elementos que pueden planificarse y otros —el tiempo, la luz, la fauna o las auroras— que no obedecen al programa. ¿Es más difícil gestionar las expectativas del viajero en un destino donde una parte importante de la experiencia depende de la naturaleza?

Sí, siempre lo es. Cuando dependes de la naturaleza, tienes que viajar con cierta flexibilidad. Podemos preparar muy bien un itinerario, pero no prometer unas condiciones meteorológicas concretas, una aurora o un encuentro con la fauna.

Recuerdo un viaje a Svalbard con un grupo de agentes de viajes, en febrero. Nos tocó vivir una tormenta con vientos de más de 100 kilómetros por hora y tuvimos que adaptar los planes. Fue una experiencia impresionante: nos recordó de una forma muy directa que estábamos en un lugar remoto y que allí la naturaleza marca el ritmo. Incluso cuando las cosas no salen exactamente como estaban previstas, el Ártico tiene una enorme capacidad de sorprenderte.

El invierno ártico tiene oscuridad, temperaturas exigentes y desplazamientos condicionados por el entorno. ¿Qué descubre allí un viajero que difícilmente podría experimentar recorriendo la misma región en verano?

Descubre casi otro destino. En verano, la luz acompaña durante horas y parece que el día no quiera terminar. En invierno, todo cambia: los paisajes nevados, la luz tenue, el silencio y la posibilidad de ver auroras crean una atmósfera completamente distinta.

También cambia tu forma de viajar. Estás más pendiente del cielo, de la luz de cada momento y de lo que sucede a tu alrededor. Hay algo muy especial en experimentar un lugar que se transforma tanto de una estación a otra.

Después de tantos años vinculado a Hurtigruten, seguramente has recorrido muchas veces estas costas. ¿Hay todavía algún momento, lugar o tramo de la ruta que consiga hacerte dejar lo que estás haciendo y mirar por la ventana?

Me hacen a menudo esta pregunta y siempre digo lo mismo: la costa noruega a bordo de Hurtigruten nunca ha dejado de sorprenderme. Me robó el corazón la primera vez y, cada vez que regreso, encuentro un motivo nuevo para quedarme mirando por la ventana. De hecho, aún no he vuelto de un viaje y ya estoy pensando en el siguiente.

Más que elegir un solo lugar, elegiría una época: el otoño. Sus colores, la luz, los cambios de tiempo y las auroras boreales me fascinan. La costa tiene entonces una fuerza especial. Es brutal.

Después de más de dos décadas ligado a Hurtigruten, Pàmies no elige un puerto ni un paisaje concreto, sino una estación. Su respuesta devuelve la conversación al punto de partida: incluso en una ruta recorrida muchas veces, la costa noruega conserva la capacidad de alterar los planes y obligar a mirar de nuevo.

Información práctica

Más información sobre los viajes de Hurtigruten por Noruega y Svalbard en la web oficial de Hurtigruten. La ruta Northern Delights: Svalbard and Arctic Norway combina Longyearbyen y Svalbard con la costa ártica noruega durante el invierno.