Viajar con perros o gatos se ha convertido en una opción cada vez más habitual, pero incorporar un animal de compañía a las vacaciones exige algo más que encontrar un alojamiento que lo admita. Su estado de salud, el medio de transporte, la duración del trayecto, la temperatura o incluso su carácter pueden determinar si acompañarnos es realmente la mejor opción.
Ana Ramírez, directora técnica veterinaria de Clínica Kivet, explica a Gulliveria qué debemos valorar antes de salir, cómo reconocer el estrés durante un desplazamiento, qué hacer ante un golpe de calor y qué conviene llevar en un botiquín. También repasa las precauciones al viajar al extranjero y las señales a las que prestar atención cuando regresamos a casa.
Cada vez son más las personas que quieren incorporar a sus animales de compañía a sus vacaciones en lugar de dejarlos al cuidado de terceros. Desde el punto de vista veterinario, ¿todos los perros y gatos están preparados para viajar o hay casos en los que es preferible evitar un desplazamiento?
No todos los animales viven los desplazamientos de la misma manera. Hay perros y gatos acostumbrados a viajar que se adaptan con facilidad, mientras que otros pueden experimentar un nivel de estrés que hace recomendable buscar otra alternativa. También debemos valorar su estado de salud, edad, temperamento y el tipo y duración del trayecto. Es especialmente importante consultar previamente con un veterinario en el caso de animales de edad avanzada, con enfermedades crónicas, problemas respiratorios o cardiacos, lesiones recientes o una ansiedad intensa asociada al transporte. Los animales braquicéfalos, por ejemplo, requieren una valoración especial ante el calor y los viajes en avión debido a su mayor riesgo de sufrir dificultades respiratorias. La decisión debe tomarse pensando en su bienestar y no únicamente en la posibilidad de que pueda acompañarnos.
Antes de emprender un viaje largo, ¿qué aspectos de la salud del animal conviene revisar y con cuánta antelación sería recomendable hacerlo?
Lo ideal es programar una revisión veterinaria con varias semanas de antelación y no dejarla para los días inmediatamente anteriores a la salida. En esa consulta comprobaremos su estado general, la identificación mediante microchip, las vacunas, la desparasitación y si su protección frente a parásitos se ajusta al lugar de destino. También conviene revisar cualquier medicación habitual y calcular la cantidad necesaria para todo el viaje. Si el animal tiene una enfermedad crónica, es mayor o va a realizar un trayecto especialmente largo, puede ser necesaria una valoración más específica. Además, cuando se viaja al extranjero, algunos requisitos sanitarios y documentales requieren plazos concretos, por lo que es aconsejable informarse con varios meses de antelación.
Coche, tren, avión, barco… ¿qué factores deberían tenerse en cuenta para decidir si un determinado medio de transporte es adecuado para nuestro animal y qué errores se cometen con mayor frecuencia durante los desplazamientos?
Debemos valorar la duración total del viaje, el tiempo que el animal permanecerá en el transportín, la temperatura, la ventilación, el nivel de ruido y si podremos supervisarlo. También influyen su tamaño, edad, estado de salud y experiencia previa con ese medio de transporte. Antes de reservar, es fundamental consultar las condiciones de la compañía, porque pueden variar considerablemente. Entre los errores más frecuentes están estrenar el transportín el mismo día, llevar al animal suelto en el coche, no planificar descansos o asumir que tolerará bien un trayecto largo porque se comporta con normalidad en recorridos cortos. Siempre que sea posible, conviene acostumbrarlo de forma progresiva al transportín y al movimiento antes del viaje. En carretera, además, debe utilizarse un sistema de retención adecuado que evite distracciones y proteja a todos los ocupantes.
El estrés durante el viaje no siempre resulta fácil de identificar. ¿Qué señales pueden indicar que un perro o un gato lo está pasando peor de lo razonable durante el trayecto y cuándo deberíamos preocuparnos?
Las señales pueden ser muy evidentes, como vocalizaciones continuas, jadeo intenso, temblores, babeo, vómitos, diarrea o intentos de escapar, pero también más discretas. Algunos gatos permanecen inmóviles, se esconden, dejan de interactuar o adoptan una postura corporal muy tensa. En perros también podemos observar inquietud, bostezos repetidos, lamido frecuente de los labios o incapacidad para descansar. Debemos preocuparnos si estas señales son intensas, no disminuyen al realizar una pausa o aparecen dificultades respiratorias, debilidad, desorientación, encías de color anormal o pérdida de consciencia. En esos casos hay que detener el trayecto en condiciones seguras y solicitar atención veterinaria. Nunca debemos administrar sedantes o medicamentos por nuestra cuenta, ya que la elección y la dosis deben ser valoradas previamente por un profesional veterinario.
El calor continúa siendo uno de los principales riesgos cuando se viaja en determinadas épocas del año. Más allá de no dejar nunca al animal dentro de un vehículo, ¿qué precauciones suelen olvidarse y qué síntomas pueden advertirnos de un posible golpe de calor?
A veces se olvida que el riesgo no se limita al interior de un coche estacionado. También debemos evitar viajar y pasear durante las horas de mayor temperatura, comprobar que existe una ventilación adecuada, disponer siempre de agua fresca y realizar descansos frecuentes. Hay que prestar atención a las superficies muy calientes, como el asfalto, y extremar las precauciones con animales braquicéfalos, mayores, con sobrepeso o con enfermedades respiratorias o cardiacas. Un jadeo muy intenso, babeo excesivo, debilidad, desorientación, vómitos, diarrea, falta de coordinación, encías de color anormal o un colapso pueden indicar un golpe de calor. Es una urgencia veterinaria. Debemos trasladar al animal a un lugar fresco, comenzar a bajar su temperatura de forma gradual con agua a temperatura ambiente y acudir cuanto antes a un centro veterinario.

Llegar al destino supone también cambiar de entorno, horarios, alimentación y rutinas. ¿Cómo podemos facilitar la adaptación durante las primeras horas o días, especialmente en hoteles, apartamentos o alojamientos que el animal no conoce?
Lo primero es permitir que explore el nuevo entorno a su ritmo y sin forzar interacciones. Llevar su cama, manta, juguetes, comedero y otros objetos con olores familiares puede aportarle seguridad. También ayuda mantener, en la medida de lo posible, sus horarios habituales de alimentación, paseo y descanso. En el caso de los gatos, es aconsejable comenzar por una habitación tranquila y bien acondicionada, con agua, comida, arenero, escondites y el transportín abierto, antes de ampliar progresivamente el espacio disponible. En perros conviene realizar un paseo tranquilo al llegar y evitar una acumulación de actividades o estímulos durante las primeras horas. Además, debemos revisar puertas, ventanas, balcones y posibles vías de escape, ya que un animal desorientado en un lugar desconocido puede intentar huir.
Durante las vacaciones podemos encontrarnos lejos de nuestro veterinario habitual. ¿Qué debería incluir un pequeño botiquín de viaje para animales de compañía y qué situaciones requieren acudir directamente a un veterinario en destino en lugar de intentar resolverlas por nuestra cuenta?
Un botiquín básico puede incluir gasas estériles, vendas, esparadrapo, guantes, suero fisiológico, antiséptico de uso veterinario, pinzas, tijeras de punta redondeada y una toalla o manta. También debemos llevar su medicación habitual, siempre en su envase original y acompañada de las indicaciones veterinarias, además de una copia de su historial clínico y los contactos de centros veterinarios próximos al alojamiento. No es recomendable incluir medicamentos para administrarlos sin supervisión, especialmente fármacos de uso humano, porque algunos pueden resultar tóxicos para perros y gatos. Dificultad respiratoria, convulsiones, pérdida de consciencia, traumatismos importantes, hemorragias, intoxicaciones, vómitos o diarrea persistentes, incapacidad para orinar, dolor intenso o signos de golpe de calor requieren atención veterinaria directa. El botiquín permite prestar una primera ayuda, pero no sustituye un diagnóstico profesional.
Viajar al extranjero añade documentación, requisitos sanitarios y, en ocasiones, riesgos diferentes a los habituales. ¿Qué comprobaciones considera imprescindibles antes de cruzar una frontera con un animal de compañía?
Hay que comprobar los requisitos del país de destino y también los necesarios para regresar a España, ya que no siempre son los mismos. Dentro de la Unión Europea, perros, gatos y hurones deben contar, con carácter general, con identificación mediante microchip, vacunación antirrábica válida y pasaporte europeo para animales de compañía. Algunos destinos exigen además tratamientos específicos, certificados sanitarios o pruebas adicionales. Fuera de la Unión Europea, los trámites pueden ser más complejos y requerir certificados oficiales, permisos de importación o una prueba de anticuerpos frente a la rabia. También conviene confirmar las normas de la compañía de transporte y localizar con antelación una clínica veterinaria en destino. Mi recomendación es comenzar estas gestiones varios meses antes, porque determinados requisitos no pueden resolverse en pocos días.
Después de varios días o semanas fuera, también hay que regresar a la rutina habitual. ¿Puede el viaje provocar cambios de comportamiento o de salud que aparezcan al volver a casa y a los que deberíamos prestar especial atención?
Sí, algunos animales necesitan un tiempo para recuperar sus rutinas después del viaje. Durante los primeros días podemos observar más cansancio, menor apetito, cambios en el sueño, mayor necesidad de contacto o, por el contrario, tendencia a esconderse y buscar tranquilidad. En los gatos también pueden aparecer alteraciones en el uso del arenero o en el acicalamiento, mientras que algunos perros pueden mostrarse más inquietos o sensibles a quedarse solos. Lo recomendable es recuperar progresivamente los horarios habituales, ofrecer un entorno tranquilo y observar su evolución sin forzar la interacción. Si los cambios son intensos, se prolongan durante varios días o aparecen vómitos, diarrea, tos, fiebre, dolor, pérdida marcada de apetito, dificultades para orinar o cualquier otro síntoma físico, es importante consultar con un veterinario para descartar que exista un problema de salud.
Viajar con un animal de compañía requiere adaptar el viaje a sus necesidades y no al contrario. Una revisión veterinaria previa, la preparación del transporte, conocer los requisitos del destino y anticipar posibles urgencias permiten reducir riesgos. Pero, como recuerda Ana Ramírez, la primera decisión debe ser todavía más sencilla: valorar si realizar ese viaje es realmente lo mejor para el animal.
Información práctica
Kivet cuenta con una red de clínicas veterinarias en España y Portugal y ofrece servicios de medicina veterinaria general y diferentes especialidades. Más información en la web oficial de Kivet.
