Carmen Laffón llega al Thyssen: una vida entera pintando lo cotidiano

Hay artistas que no necesitan grandes gestos para decir cosas enormes. Carmen Laffón (Sevilla, 1934 – 2021) fue una de ellas.

Durante más de sesenta años pintó cunas, armarios, cestos, máquinas de coser y las orillas del Coto de Doñana con una precisión y una sensibilidad que la convirtieron en una de las voces más singulares del arte español del siglo XX. Este verano, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza le rinde el homenaje que merecía: una gran retrospectiva que reúne 77 obras y que permanecerá abierta del 23 de junio al 27 de septiembre de 2026.

La primera gran exposición tras su muerte

Carmen Laffón. Variaciones es la primera muestra monográfica de gran formato que se le dedica a la artista desde su fallecimiento a finales de 2021. La comisaría corre a cargo de Paula Luengo, jefa de exposiciones del Thyssen, y el título no es casual: Laffón trabajaba por series y variaciones, regresando una y otra vez a los mismos motivos —la muñeca Marcelina, los armarios, las salinas— para explorarlos desde ángulos distintos y con técnicas diferentes a lo largo de décadas.

Inés Laffón en la cuna, 1995, óleo de Carmen Laffón. Colección privada. Exposición Thyssen 2026
Inés Laffón en la cuna, 1995, óleo de Carmen Laffón. Colección privada. Exposición Thyssen 2026

La exposición incluye óleos, carboncillos y esculturas organizados en nueve secciones que trazan un recorrido cronológico y temático por su obra. Laffón comenzó desde una perspectiva puramente realista y fue evolucionando hacia composiciones cada vez más abstractas, construidas a base de veladuras y manchas difuminadas que convierten objetos cotidianos en pura poesía visual.

Su trabajo es difícil de clasificar, y precisamente eso es lo que lo hace tan valioso: Laffón nunca encajó del todo en ninguna corriente, y esa independencia es hoy su mejor credencial.

Un recorrido por nueve mundos propios

La exposición arranca con Marcelina y la cuna, el capítulo más íntimo, con óleos de los años sesenta que destilan una atmósfera onírica cercana al realismo mágico. La imagen de Inés Laffón en la cuna (1995), con esa luz blanca que todo lo envuelve, es uno de los momentos más delicados de toda la muestra.

Los bodegones ocupan la siguiente sala: composiciones horizontales divididas en dos planos donde los objetos centrales aparecen nítidos y el entorno se difumina. A partir de los noventa, Laffón introduce el paisaje como fondo y comienza a romper las fronteras entre pintura y escultura, como en Repisa improvisada (2002-2003).

La sección de objetos cotidianos reúne canastas, pequeños muebles y máquinas de coser que remiten al trabajo doméstico y a la esfera íntima de la mujer. Dos de las máquinas aparecen cubiertas bajo una tela, introduciendo un juego entre lo visible y lo oculto que anticipa su obra más tardía.

Los paisajes urbanos de azoteas sevillanas y vistas de Sanlúcar de Barrameda dan paso al capítulo más reconocible de su producción: El Coto de Doñana. Desde 1978, Laffón pintó obsesivamente la desembocadura del Guadalquivir en series de vistas horizontales en tonos pastel que capturan la luz cambiante de la marisma a diferentes horas y estaciones. Es aquí donde su pintura se acerca más a la abstracción pura.

La serie de los armarios, desarrollada entre 1973 y 2018, es uno de los proyectos más longevos de su carrera: una pequeña alacena de madera que pinta en blanco, negro o color y que, desde 1995, también ejecuta en bronce. Con el tiempo, el mueble pierde su sombra y parece flotar en el espacio, como suspendido entre la realidad y el sueño.

Las últimas secciones recogen sus series más ambiciosas en términos de formato y abstracción: La cal (2011-2015), dedicada a los utensilios de los encaladores de un cortijo andaluz, y La sal (2017-2020), su proyecto más radical, con grandes óleos sobre las blancas salinas de Bonanza que bordean la pintura no figurativa. El recorrido cierra con La viña, cuatro paneles monumentales instalados en el hall central del museo junto a Espuertas cargadas con uvas, una pieza de bronce pintado formada por más de veinte cestos a tamaño natural.

Información práctica para visitarla

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza está en el Paseo del Prado, 8, a pocos metros del Museo del Prado y del Museo Reina Sofía, lo que convierte esta visita en una jornada cultural de primer nivel en el corazón de Madrid. Si planificas el viaje para este verano, ten en cuenta que el horario cambia a partir del 1 de julio: de martes a viernes de 10 a 21 h, y los sábados hasta las 23 h. Los lunes permanece cerrado.

La entrada general cuesta 14 € e incluye la colección permanente y las exposiciones temporales. Hay tarifa reducida a 10 € para mayores de 65 años, pensionistas y estudiantes, y entrada gratuita para menores de 18 años, personas en situación de desempleo y familias numerosas. Un dato a tener en cuenta: todos los sábados entre las 21 y las 23 h la entrada es gratuita dentro del programa Noches Thyssen con Uber, una opción perfecta si quieres disfrutar de la exposición sin aglomeraciones y con la ciudad ya en modo nocturno.

Se puede comprar la entrada anticipada en taquillas, en la web del museo o llamando al 91 791 13 70.

Más información: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza