Túnez suele asociarse a las dunas del Sáhara, a las ruinas de Cartago o a las playas de Hammamet. Sin embargo, el país esconde una de las rutas costeras más interesantes del Mediterráneo, un recorrido que permite descubrir puertos históricos, medinas declaradas Patrimonio de la Humanidad, pueblos de pescadores y algunos de los paisajes más auténticos del norte de África.
Esta propuesta de viaje sigue la línea del mar desde Bizerta, en el extremo norte del país, hasta la localidad de Hergla, en la región del Sahel tunecino. Son apenas unos cientos de kilómetros que condensan más de dos mil años de historia, influencias fenicias, romanas, árabes, otomanas y francesas, además de una gastronomía marcada por el Mediterráneo y una forma de vida ligada al mar.
El norte de Túnez, entre Europa y África
Situada a poco más de 140 kilómetros de Sicilia, Túnez ha sido históricamente una puerta entre continentes. La ruta comienza en Bizerta, la ciudad más septentrional de África, continúa hacia la capital, Túnez, y desciende por el golfo de Hammamet hasta llegar a Hergla, un pequeño pueblo costero próximo a Susa.

El recorrido puede realizarse en coche en tres o cuatro días, aunque quienes deseen explorar con calma las medinas, las playas y los enclaves arqueológicos encontrarán suficientes motivos para dedicar una semana completa al viaje. La mayor parte de la ruta discurre junto al Mediterráneo, alternando paisajes urbanos con zonas agrícolas, lagunas costeras y extensas playas de arena.
De fenicios y romanos a los viajeros del siglo XXI
La historia de esta franja litoral está estrechamente ligada al mar. Los fenicios establecieron aquí importantes puertos comerciales siglos antes de nuestra era. Más tarde llegaron los romanos, que integraron la región en una de las provincias más ricas del Imperio.
La ciudad de Túnez creció a la sombra de Cartago, una de las grandes potencias del Mediterráneo antiguo. Tras la destrucción de Cartago en el año 146 a.C., Roma reconstruyó la zona y convirtió el territorio en un centro agrícola y comercial de enorme relevancia. Durante siglos, barcos procedentes de Europa, Oriente Próximo y África cruzaron estas aguas transportando aceite, cereales y especias.
Entre las figuras históricas vinculadas al recorrido destacan Aníbal Barca, el célebre general cartaginés; el explorador medieval Ibn Jaldún, considerado uno de los grandes pensadores de la historia islámica; y el escritor francés Gustave Flaubert, que visitó la región durante sus viajes por el norte de África. Más recientemente, numerosos artistas y cineastas han encontrado inspiración en la luz mediterránea y en las medinas blancas que jalonan la costa tunecina.
Pocas rutas mediterráneas permiten viajar en apenas unos kilómetros desde antiguos puertos fenicios hasta pueblos pesqueros donde el ritmo cotidiano sigue marcado por la salida y llegada de las barcas.
De Bizerta a Hergla: los lugares imprescindibles de la ruta
Bizerta, la ciudad más septentrional de África
El viaje comienza en Bizerta, fundada por los fenicios alrededor del siglo IX a.C. Aunque suele quedar fuera de los itinerarios turísticos tradicionales, es una de las ciudades más interesantes de Túnez.

Su principal atractivo es el Puerto Viejo, un canal natural rodeado de casas blancas, cafeterías y embarcaciones pesqueras. La imagen recuerda por momentos a algunos puertos mediterráneos europeos, aunque conserva una personalidad claramente norteafricana.

Muy cerca se encuentra la Kasbah de Bizerta, una fortificación construida durante el periodo árabe y ampliada posteriormente por los otomanos. Desde sus murallas se obtienen magníficas vistas del puerto y del entramado urbano.
La Medina de Bizerta conserva callejuelas estrechas, pequeños talleres artesanales y mercados tradicionales. Aunque menos monumental que las medinas de Túnez o Susa, ofrece una visión mucho más cotidiana de la vida local.
A pocos kilómetros aparece el Lago de Bizerta, uno de los mayores humedales del país. Sus aguas albergan numerosas especies de aves migratorias y forman parte de un ecosistema especialmente valioso.
También merece una visita Cap Blanc, el punto más septentrional del continente africano. Los acantilados dominan el Mediterráneo y ofrecen una panorámica espectacular sobre la costa.
La capital tunecina y el legado de Cartago
Desde Bizerta la carretera conduce hacia Túnez, capital del país y principal centro cultural y económico.
La gran protagonista es la Medina de Túnez, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1979. Fundada en el siglo VII, alberga más de setecientos monumentos históricos entre mezquitas, madrasas, palacios y mausoleos.
La Mezquita Zitouna, construida originalmente en el siglo VIII, constituye uno de los edificios religiosos más importantes del Magreb. Su patio y su arquitectura reflejan siglos de evolución artística islámica.

Entre los zocos destacan los dedicados a perfumes, joyería, tejidos y artesanía tradicional. A diferencia de otros mercados turísticos del Mediterráneo, muchos continúan desempeñando una función comercial real para la población local.
A escasos kilómetros se encuentran las impresionantes ruinas de Cartago. Fundada por colonos fenicios procedentes de Tiro, la ciudad llegó a rivalizar con Roma por el control del Mediterráneo.
Los visitantes pueden recorrer las Termas de Antonino, construidas en el siglo II; el Tophet, asociado a rituales religiosos cartagineses; y diversos restos de villas romanas dispersos por la zona arqueológica.
Sidi Bou Said, el pueblo azul y blanco
Ninguna visita a la región de Túnez está completa sin una parada en Sidi Bou Said. Situado sobre un acantilado que domina el golfo, este pequeño pueblo se caracteriza por sus fachadas blancas y puertas azules. El aspecto actual se consolidó durante el siglo XX gracias al impulso del barón Rodolphe d’Erlanger, quien promovió la conservación de la arquitectura tradicional.
Las calles empedradas, los patios floridos y los balcones decorados convierten el paseo en una experiencia visual única. Desde los miradores se contempla una de las panorámicas más conocidas del país.

El histórico Café des Nattes sigue siendo uno de los lugares más frecuentados para tomar té con piñones mientras se observa la actividad de la plaza.

Hammamet, la gran ciudad balnearia de Túnez
La siguiente gran etapa es Hammamet, uno de los destinos turísticos más conocidos del país. La ciudad conserva una medina fortificada cuyos orígenes se remontan al siglo XV. Sus murallas se levantan junto al mar y ofrecen una imagen especialmente fotogénica al atardecer.

La Kasbah de Hammamet domina el conjunto histórico. Desde sus torres pueden contemplarse tanto la medina como las playas que se extienden hacia el sur.
Durante el siglo XX, Hammamet atrajo a numerosos artistas e intelectuales europeos. Entre ellos destacó el escritor George Sebastian, cuya residencia se convirtió en un importante centro cultural.
La Villa Sebastian, construida en la década de 1920, sigue acogiendo festivales y eventos culturales. Sus jardines constituyen uno de los espacios más agradables de la ciudad.

Las playas de Hammamet se extienden durante varios kilómetros y presentan arena fina y aguas tranquilas. Aunque son muy populares durante el verano, siguen siendo uno de los principales atractivos del destino.
Nabeul, la capital de la cerámica
A pocos minutos de Hammamet aparece Nabeul, considerada la capital artesanal de Túnez. La ciudad es famosa por su producción de cerámica decorada, cuyos diseños combinan influencias árabes, andalusíes y otomanas. Numerosos talleres permiten observar el proceso de fabricación.
El mercado semanal de Nabeul figura entre los más importantes del país. Además de artesanía, ofrece productos agrícolas procedentes de toda la península del Cabo Bon.
La región también destaca por los cultivos de cítricos, jazmín y flores de azahar que han contribuido a la elaboración de perfumes y aguas aromáticas durante generaciones.
Susa, una de las grandes ciudades históricas del Magreb
Antes de llegar a Hergla merece la pena detenerse en Susa, una de las ciudades más antiguas de Túnez. Su medina, también inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, conserva un extraordinario conjunto defensivo islámico.
El Ribat de Susa, construido en el siglo VIII, constituye una de las fortalezas costeras mejor conservadas del mundo islámico. Desde su torre se obtienen magníficas vistas sobre el Mediterráneo.

La Gran Mezquita de Susa y el museo arqueológico, que alberga una importante colección de mosaicos romanos, completan una visita imprescindible para comprender la historia del país.
Hergla, la calma frente al Mediterráneo
La ruta concluye en Hergla, una pequeña localidad costera situada al norte de Susa. A diferencia de otros destinos turísticos más conocidos, Hergla conserva un ambiente tranquilo y auténtico. Sus calles blancas descienden hacia el mar formando un conjunto urbano de gran atractivo.

El puerto pesquero sigue siendo el corazón de la localidad. Cada mañana llegan embarcaciones cargadas de pescado que abastecen los restaurantes de la zona.
Las playas cercanas ofrecen extensos arenales poco frecuentados incluso durante los meses de verano. Es un lugar ideal para terminar el viaje lejos de las grandes concentraciones turísticas.
Sabores del Mediterráneo tunecino
La gastronomía de esta ruta refleja siglos de intercambios culturales. El ingrediente más representativo es el pescado fresco, presente en prácticamente todas las localidades costeras.
Uno de los platos imprescindibles es el cuscús de pescado, elaborado con sémola, verduras y diferentes especies capturadas en el Mediterráneo. También son habituales las doradas, lubinas y calamares preparados a la parrilla.
Otro producto fundamental es la harissa, una pasta de guindilla considerada símbolo nacional. Se utiliza como acompañamiento de carnes, pescados y guisos. En la región del Cabo Bon se elaboran algunas de las variedades más apreciadas del país.
Los dulces tradicionales incorporan miel, almendras, pistachos y agua de azahar. El té con piñones y los cafés aromatizados forman parte inseparable de la experiencia gastronómica tunecina.
Información práctica para organizar el viaje
Cómo llegar
La principal puerta de entrada es el Aeropuerto Internacional de Túnez-Cartago, situado a unos 8 kilómetros del centro de la capital. Desde allí puede alquilarse un vehículo para recorrer toda la costa. Las carreteras principales se encuentran en buen estado y permiten completar la ruta con facilidad.
Dónde alojarse
- Dar El Kasba Bizerte (Bizerta). Pequeño alojamiento con encanto ubicado junto a la medina y al puerto histórico.
- La Badira Hammamet (Hammamet). Hotel de categoría superior situado frente al mar y orientado a viajeros que buscan tranquilidad y vistas panorámicas.
- Dar Hergla (Hergla). Casa tradicional restaurada en el centro histórico del pueblo, ideal para conocer el ambiente local.
Dónde comer
- Restaurant Le Phenicien (Bizerta). Especializado en pescado fresco y cocina mediterránea.
- Chez Achour (Hammamet). Conocido por sus platos tradicionales tunecinos.
- Restaurant Sidi Ali (Hergla). Excelente opción para degustar mariscos y pescado recién capturado.
Más información turística
- Oficina Nacional de Turismo de Túnez: www.discovertunisia.com
- Ministerio de Turismo de Túnez: www.tourisme.gov.tn
Consejos útiles
- La moneda oficial es el dinar tunecino.
- El francés está ampliamente extendido junto al árabe.
- La primavera y el otoño son las mejores épocas para realizar esta ruta.
- Conviene reservar alojamiento con antelación durante julio y agosto.
- El recorrido completo entre Bizerta y Hergla puede realizarse cómodamente en cuatro o cinco días.

