El vino tinto no tiene por qué desaparecer de la mesa cuando suben las temperaturas. Familia Figuero ha puesto el foco este verano en una cuestión que condiciona directamente la forma de disfrutarlo: servirlo a la temperatura adecuada. Su propuesta pasa por bajar ligeramente la temperatura habitual y recuperar, sin complejos, un elemento que tradicionalmente se ha asociado a otros tipos de vino: la cubitera.
La recomendación parte de una cuestión sencilla. Cuando hace calor, una botella que se sirve a una temperatura excesiva puede hacer que la percepción del alcohol gane protagonismo y altere el equilibrio del vino. Si, por el contrario, se enfría demasiado, pueden quedar ocultos parte de sus aromas. La solución que plantea la familia bodeguera es buscar un punto intermedio.
Para ello, Familia Figuero propone que los tintos que habitualmente se sirven entre 14 y 16 ºC se presenten en verano entre 12 y 14 ºC, teniendo en cuenta que el vino aumentará su temperatura una vez servido en la copa. La recomendación forma parte de cinco pautas difundidas por la compañía para adaptar el consumo de tinto a los meses más cálidos.
Por qué la cubitera puede tener sentido con un vino tinto
La idea más llamativa de la propuesta es probablemente la utilización de la cubitera. Lejos de plantearla como un recurso exclusivo para vinos blancos o espumosos, Familia Figuero considera que puede ayudar a conservar fresco el tinto durante una comida o una cena veraniega.

La clave está en utilizarla como herramienta para controlar la temperatura y no para enfriar excesivamente la botella. En ese sentido, la recomendación se distancia de la idea de servir el tinto prácticamente frío: el objetivo es compensar el efecto de las altas temperaturas y permitir que alcance después una temperatura adecuada en la copa.
Es un pequeño cambio que puede resultar especialmente útil en comidas al aire libre, terrazas o reuniones en las que la botella permanece durante bastante tiempo sobre la mesa. En verano, la temperatura ambiente puede convertirse en un factor determinante para la evolución del vino durante el servicio.
Servir poco a poco también ayuda a conservarlo
La segunda cuestión tiene que ver con la cantidad que se sirve en cada copa. La recomendación de Familia Figuero es hacerlo progresivamente, evitando llenar demasiado el recipiente.
El motivo señalado por la compañía es práctico: el vino se conserva mejor en la botella que una vez expuesto en la copa. Cuanto mayor sea la cantidad servida y más tiempo permanezca allí, mayor será también la influencia de la temperatura exterior.
Para el viajero interesado en la gastronomía y el vino, el consejo tiene además una lectura sencilla: una comida de verano no tiene por qué plantearse alrededor de una única botella servida de principio a fin. Mantenerla fresca y servir cantidades moderadas permite prestar más atención a cómo cambia el vino durante la comida.
La relación entre vino y gastronomía forma parte, además, de muchas experiencias vinculadas al viaje. Rutas vinícolas, bodegas y territorios productores han convertido el vino en un elemento más de la experiencia gastronómica, como ocurre en propuestas de enoturismo que Gulliveria ha recorrido en destinos como La Mancha.
Ni demasiado caliente ni tan frío como un blanco
La tercera idea que conviene tener presente es precisamente evitar los extremos. La propuesta para el verano no consiste en transformar un tinto en un vino frío.
Familia Figuero insiste en que debe mantenerse fresco, pero sin alcanzar las temperaturas habituales de un vino blanco o un espumoso. La referencia de 12 a 14 ºC funciona, según la recomendación facilitada por la familia bodeguera, como un punto de partida para afrontar el calor sin perder las características del tinto.
El consejo resulta especialmente pertinente cuando la botella va a consumirse en espacios exteriores. Una terraza, un jardín o una mesa junto al mar pueden ofrecer un escenario perfecto para una comida de verano, pero también exigen prestar más atención a la temperatura del vino que en un comedor climatizado.
El detalle de la copa también cuenta
La última de las cinco claves se encuentra en un gesto cotidiano: la manera de sujetar la copa.
La recomendación es hacerlo por el tallo y no por el cáliz. Al sujetarla por la parte donde se concentra el vino, el calor de la mano puede transmitirse al contenido y contribuir a elevar su temperatura. Sujetarla por el tallo reduce ese contacto y ayuda a mantener durante más tiempo las condiciones de servicio.
Es un detalle sencillo, pero resume bien el planteamiento de la propuesta: en verano no se trata de cambiar radicalmente la manera de beber vino tinto, sino de adaptar algunos gestos a unas condiciones ambientales diferentes.
Cinco claves para disfrutar del tinto durante el verano
La propuesta de Familia Figuero puede resumirse en cinco recomendaciones: utilizar la cubitera para mantener fresca la botella, servir el tinto aproximadamente entre 12 y 14 ºC, llenar la copa de forma moderada, evitar enfriarlo hasta las temperaturas propias de blancos y espumosos y sujetar la copa por el tallo.
Más allá de la campaña concreta de la familia bodeguera, el mensaje resulta útil para quienes siguen considerando que el vino tinto es una bebida reservada para los meses fríos. El verano cambia el contexto de consumo y obliga a prestar más atención a factores tan sencillos como la temperatura, el tiempo que permanece la botella sobre la mesa o la cantidad servida.
La próxima vez que una comida veraniega incluya una botella de tinto, por tanto, la cubitera no tiene por qué quedar relegada a los blancos. La recomendación es utilizarla con criterio, mantener el vino fresco sin enfriarlo en exceso y dejar que la copa haga el resto. Para ampliar la mirada sobre la cultura y el territorio del vino, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación reúne información oficial sobre el sector vitivinícola español.
