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Ramón Medrano 17 mayo 2018
La Catedral de Notre Dame

El 9 de enero de 1431 comienza en Ruán el juicio contra uno de los personajes históricos más importantes de Francia, Juana de Arco. Lo preside Pierre Cauchon, obispo de Beauvais. Todo el mundo sabía cuál sería el veredicto incluso antes de comenzar el juicio: culpable. Juana de Arco, con 19 años de edad, fue declarada bruja y hereje. Es condenada a la hoguera y es martirizada en la plaza del mercado de Ruán; era el 30 de mayo de 1431. Hoy, esta fecha es motivo de conmemoración para los habitantes de esta preciosa ciudad normanda y un momento ideal para conocer un lugar lleno de historia.

La historia de Juan de Arco: un icono para Ruán

Juana de Arco, nació el 6 de enero de 1412, en Domrémy (Vosgos) en el seno de una familia campesina. A los trece años, siendo analfabeta, dijo oír las voces de san Miguel, santa Margarita y santa Catalina en el jardín de su casa. Los santos le piden salvar al delfín de Francia (el que más tarde sería Carlos VII) de la amenaza inglesa y conducir al ejército francés a la reconquista de Orleans.

En 1429 parte hacia Chinon, donde convence al delfín de su misión y es armada caballero. Una vez liberada Orleans consigue la coronación del delfín como Carlos VII, realizada en Reims el 17 de julio de 1429. Sin embargo, la vida de Juana cambiará un año más tarde, cuando es capturada por las tropas del duque de Borgoña y vendida a los ingleses. Tras un proceso de tres meses, en el que es abandonada a su suerte por Carlos VII, es condenada a ser quemada viva, el 24 de mayo de 1431, muriendo el 30 de ese mismo mes. Un juicio sin defensa y una condena injusta basada en hechos no demostrables: todos los argumentos para elevar a Juana a la categoría de mártir. Así ocurrió en 1456 cuando, a raíz de una comisión pontificia, fue beatificada y canonizada, si bien, ya desde su muerte fue un referente de culto para los habitantes de toda la región.

Es a mediados del siglo XIX cuando Juana se convierte en heroína y santa nacional. Es patrona de la telegrafía y la radio, hecho curioso debido a las voces que la leyenda dice que escuchó. Beatificada por Pío XII en 1909 y canonizada en 1920 es la segunda patrona de Francia, después de la Virgen de la Asunción; y sobre todo, es un icono para los habitantes de Ruán.

Ruán y Juana de Arco: dos caras de la misma moneda

En Ruán todo nos recuerda a Juana de Arco y su leyenda. Como “La Torre Juana de Arco” (Donjon), donde tuvo lugar el juicio, el “museo Juana de Arco” (sótano abovedado de estilo románico donde podemos ver escenas de la vida la heroína) o La Iglesia de Santa Juana de Arco, que se levanta en el mismo lugar del martirio y muerte de Juana. Una cruz recuerda el punto exacto donde se colocó la hoguera. Situada en la plaza del Mercado Viejo (Vieux-Marché), sorprende por su diseño, obra de Louis Arretche en 1979. El tejado de pizarra, tiene una forma de sombrero dicen unos o de mar, dicen otros. El interior es realmente excepcional, con unas vidrieras espectaculares. En la plaza podemos contemplar, además, los restos de la antigua iglesia Saint Sauveur, lugar donde fue bautizado Pedro Corneja, otro personaje ilustre de Ruán.

Otro lugar de visita obligada es la Catedral de Notre Dame. Construcción gótica que conserva su palacio arzobispal y las construcciones anexas de la misma época. Durante la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos aliados causaron enormes destrozos en la catedral y hubo de ser reconstruida en gran parte. Posee en el crucero del transepto, una torre linterna rematada en la actualidad por una flecha de hierro fundido (1825 – 1876) de 151 metros de altura (es la más alta de Francia). La fachada occidental está flanqueada por dos torres, la Torre Norte (Saint-Romain) y la Torre Sur (Tour de Beurre – La Torre de Mantequilla), curioso nombre pues cuenta la leyenda que las obras para su construcción se costearon con el dinero que se pagaba a la iglesia para poder consumir mantequilla durante la cuaresma). La Tour de Beurre es una auténtica obra maestra del gótico flamígero.

La Catedral siempre ha sido fuente de inspiración de muchos artistas, el más conocido, Monet. En la década de 1890, Claude Monet trabaja en varias series de pinturas sobre la catedral, siendo la más conocida la que representa la fachada occidental. Monet pinta más de 30 versiones distintas. Desde la Oficina de Turismo (antiguo Bureau des Finances, precioso edificio renacentista del siglo XVI) tenemos la opción de contemplar el lugar exacto desde el que pintor se concentraba ante su caballete. Sólo una de estas pinturas se puede ver en el Museo de Bellas Artes de Ruán. Otras pertenecen a otros museos o coleccionistas privados. Destacamos las vidrieras y el coro, con algunas sepulturas de los antiguos duques de Normandía, como Rollón, el fundador del ducado y la de Ricardo Corazón de León, quien “dejó” su corazón en la cripta.

En la actualidad, se realiza un espectáculo monumental “De Monet a los pixels” consistente en la iluminación de la fachada principal de la catedral utilizando colores que recuerdan los cuadros de Monet. Es un espectáculo de luces que se puede ver todas las noches de verano.

Víctor Hugo bautizó a Ruán con el sobrenombre de “la ciudad de los cien campanarios”, por la cantidad de Iglesias existentes. Muchos de sus edificios resultaron dañados como consecuencia de los bombardeos que sufrió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial, pero afortunadamente siguen en pie algunos edificios destacables, ya sean religiosos o no.

Seguimos nuestro camino por el centro de la ciudad, donde nos encontramos con la iglesia Saint Maclou, máxima expresión del Gótico Flamígero. Cerca de allí encontramos, el Aître Saint Maclou, un lugar especial. Su origen se debe a la Gran Peste negra de 1348, que acabó con las tres cuartas partes de los habitantes del barrio de Maclou. Convertido en improvisada fosa común, más tarde osario, hoy en día es la sede de la Escuela Regional de Bellas Artes. Un gato “especial” nos espera en la entrada.

Nuestro siguiente punto de interés es la Abadía Saint-Ouen, monasterio benedictino que, después de la Revolución de 1789, fue Ayuntamiento (en el antiguo dormitorio de los monjes). La iglesia abacial es majestuosa, con 137 m de longitud y 33 m de alto. Si el exterior es magnífico el interior es una maravilla, con la luminosidad excepcional que dan ochenta vidrieras y el gran Órgano, obra de Cavaillé-Coll.

Nos sorprende el Palacio de Justicia, antiguo Parlamento de Normandía, muestra perfecta de la arquitectura civil de finales de la edad media, antes de llegar a la Rue du Gros Horloge, la primera calle peatonal de Francia (1970). Un lugar mágico, lleno de comercios y terrazas.

Nuestra vista se clavará de inmediato en El “Gros Horloge” (Gran Reloj), símbolo de la ciudad. Es un reloj astronómico que data del siglo XIV. Se compone de un campanario gótico y de un arco Renacentista. Se puede visitar con una audioguía, para contemplar de primera mano cómo el hombre ha intentado controlar el tiempo. El reloj es sensacional, de los primeros en el mundo en ser astral pues daba la hora, las fases de la luna y los días de la semana. Utilizado como “alarma” para las horas en las que se cerraban las puertas de la ciudad, terminaba la jornada de trabajo e incluso para alentar revueltas, tiene una única aguja con el cordero (símbolo de la ciudad) en el extremo. Visita obligada y muy entretenida. Las vistas desde lo alto de la torre campanario son sensacionales.

El museo de Bellas Artes, en la explanada Marcel Duchamp, contiene cuadros de Caravaggio, Velázquez, Delacroix, Géricault, Modigliani y, por supuesto, de Monet y de Sisley, como máximos exponentes del impresionismo. Otro museo muy interesante es el de la Cerámica, así como el Antigüedades, con colecciones que varían desde la Edad media al antiguo Egipto. Caso aparte es el museo que encontramos en la rue Jacques Villon. Se trata del Museo del Hierro, “Le Secq des Tournelles”. Colección privada donada a la ciudad, con más de cien mil piezas de hierro forjado : llaves, compases, tijeras, rejas, balcones, todo lo que se nos ocurra, existe en este museo, único en el mundo. Otro museo curioso, es el de Ciencias Naturales, donde los animales nos “hablan” para ayudarnos a encontrar el tesoro de la madre naturaleza. Y dejamos para el final, el Museo marítimo, donde nos daremos cuenta de la importancia de Ruán como puerto.

El puerto de Ruán

Desde la Edad Media e incluso antes, el puerto de Ruán constituye una parte fundamental de la actividad de la ciudad por su situación estratégica entre París y el mar, en una zona donde la acción de las mareas aún es perceptible. Aunque el estuario del Sena se encuentra a 80 km en barco (6 horas de navegación), el puerto es al mismo tiempo fluvial y marítimo, pues es capaz de recibir navíos muy grandes (hasta 280 m de eslora y 150000 toneladas). Es el quinto puerto de Francia por detrás de los de Marsella, Le Havre, Dunkerque y Saint-Nazaire, pero es el primero en transporte de cereales y harina.

Los Mercadillos de la Plaza Saint Marc, del Vieux-Marché o des Emmurés nos dan la posibilidad de descubrir de primera mano una gran variedad de platos regionales inspirados por la cocina burguesa. En Ruán tenemos a nuestra disposición un enorme abanico culinario: la tarrina de pato, el lenguado normando, el patito ruanés a la prensa (la preparación es sensacional), el pie de carnero ruanés, los famosos quesos normandos, la tarta de manzana, el soufflé normando, el chocolate… todos de primer nivel y es que en Ruán no se puede comer mal, es imposible. Las “lágrimas de Juana” es el postre típico y suele ser el souvenir preferido por los turistas, aunque no es el único.

Ruán mezcla a la perfección el encanto de una ciudad pequeña con la modernidad de las infraestructuras y comodidades. Un lugar ideal para los amantes de la historia, el arte y la gastronomía. Sus calles empedradas y sus comercios quedarán en nuestra memoria. Barrios llenos de recuerdos de tiempos pasados que perduran en el tiempo, casi de manera intacta. Inolvidable.

Cómo llegar

Ruán se encuentra al noroeste de Francia y es la capital de la región de Alta Normandía y del departamento de Sena Marítimo. La ciudad es atravesada por el Sena y tres de sus pequeños afluentes, el Aubette, el Robec y el Cailly. Tiene una población de unos 112.000 habitantes, aproximadamente.

Dónde alojarse
Hôtel de Dieppe
Place Bernard Tissot – 76000 Ruán
Tel: 00 332.35.71.96.00
Web: www.hotel-dieppe.fr

Situado junto a la estación de tren, este coqueto hotel cuenta con todas las comodidades necesarias. El personal es agradable.

Dónde comer
Le P’tit Zinc
20 place du Vieux Marché – 76000 Ruán
Tel: 00 332.35.89.39.69

Le Vieux Carré
34 rue Ganterie – 76000 Ruán
Tel: 02.35.71.67.70

Más información
Oficina de Turismo de Ruán
Información sobre la ciudad y sus alrededores (museos, monumentos, espectáculos, informaciones prácticas). Billetes para los espectáculos. Reserva de habitaciones de hoteles, de habitaciones de huéspedes y casa de turismo rural.

25, place de la Cathédrale
BP 666
76008 RUAN Cedex 1
Tél. 02 32 08 32 40
E-mail: accueil@rouentourisme.com