Mula, su castillo y los Marqueses de los Vélez

[dropcap]S[/dropcap]ubir a lo alto del castillo de Mula, es retrotraernos en el tiempo para conocer la historia de los Fajardo, una familia que protagonizó momentos relevantes en nuestra historia, esa que está presente en todos y cada uno de los rincones del castillo.

Sobre todo, la historia del segundo y tercer marqués, aristócratas que participaron de forma destacadísima en la vida política, con suma lealtad a los Habsburgo, y que como todos, conocieron los sinsabores de una corte ambiciosa y amoral.

El castillo de Mula, una fortaleza que impresiona

El castillo de Mula se alza en una loma al norte de la población, solitario y amenazante, sobre el caserio y la fértil vega murciana. Pedro Fajardo, ordenó levantarlo aprovechando los restos de una antigua fortaleza romana, para protegerse de las revueltas de la población que se negaba a reconocerle como primer Marqués de los Vélez.

La fortaleza de Mula, que exhibe orgullosa los escudos de armas de la familia Fajardo y Silva, presenta tres partes: la torre del homenaje, el torreón del aljibe, y una gran sala conocida como la “plaza baja”. Al castillo se accede por un lienzo de la muralla que data de la época musulmana. Dentro, nos da la bienvenida un adusto patio que da paso a las distintas estancias y hace las veces de receptáculo del agua de lluvia que posteriormente se conduce al aljibe. Frente a la puerta, se ubica el área reservada a la guarnición del castillo, y una reja que conduce a las mazmorras.

Si nos dirigimos a la terraza, aparece la escalera que se une con el adarve, en cuyo extremo se despliega un elevadísimo matacán. Por el clásico puente de madera se llega a la torre del homenaje, precisamente, en el dintel de la puerta, hay una lápida que recuerda que la fortaleza fue erigida en tiempos de Carlos V por el primer Marqués de los Vélez, (el marquesado de los Vélez se otorga en 1507). La torre, que tenía la función de acoger los dormitorios de la guarnición, tiene tres plantas y una espectacular terraza almenada, cuyo acceso se realiza a través de una pasarela levadiza.

Desde ella contemplaría el pasaije de sus queridas tierras de Mula, como hoy lo hacemos nosotros, Luis Fajardo, el segundo Marqués de los Vélez y adelantado mayor del reino de Murcia. El hombre que pasa a la historia por su participación, en tiempos de Carlos V, en la campaña de Túnez. Y luego en tiempos de Felipe II, por acudir servicialmente desde sus tierras murcianas, y con un ejército de vasallos, a sofocar la rebelión de los moriscos de Granada en 1568.

La misión granadina resultó un éxito, si bien el marqués decidió olvidarse para siempre de la corte y retirarse a sus territorios. Los enfrentamientos con el marqués de Mondéjar, capitán general de Granada, y tener que acatar las órdenes, a su avanzada edad y dilatada carera, del altanero y jovencito Don Juan de Austria, provocan su autodestierro a sus dominios en Mula, después de recibir cordialmente a Don Juan en Huéjar.

Sin embargo, a pesar de las prevenciones de Luis Fajardo sobre los sinsabores de la vida cortesana, su hijo Pedro Fajardo, tercer marqués de los Vélez irrumpe con fuerza en la corte de Felipe II. En ella se posiciona desde el primer momento del lado del bando ebolista, de la facción de Ruy Gómez de Silva.

El conocido clásicamente como partido ebolista, enfrentado al de Alba, defendía una postura federalista, heredera de los postulados del Gran Cardenal donde “tanto monta, monta tanto”, y defensora del respeto a las libertades y particularidades de las entidades territoriales; frente a la “castellana”, y seguida por Alba, que propugna que un poder centralizado y castellano se imponga sobre los demás.

En cuanto a política exterior, burdamente se suele clasificar a los ebolistas de pacifistas y los de Alba de belicistas. Pero en realidad, la gran diferencia entre ellos era que los ebolistas creían firmemente en que solo se debía hacer la guerra contra el enemigo externo, nunca contra los propios territorios de la monarquía hispánica, como sí defendían la facción del duque de Alba.

Dos concepciones políticas opuestas que John H. Elliot define sucinta y acertadamente como: “Alba representaba un mundo cerrado en sí mismo. Éboli era la España que se abría sin temor al exterior ”.

La brillante carrera del marqués de los Vélez en la corte de Felipe II (entre otros puestos destacados fue mayordomo mayor de la cuarta esposa de Felipe II, Ana de Austria y formó parte del Consejo de Estado), se ve de repente truncada al implicarse en uno de los episodios más siniestros de la historia de España. Según Antonio Pérez, secretario de Felipe II, y heredero en la bandería de Ruy, el marqués aconsejó, como Pérez, al rey: la eliminación de Escobedo, el secretario de Don Juan de Austria, que estaba alimentando cada día los deseos de “silla y cortina” de Don Juan.

El supuesto plan que apoyaba Escobedo, era que Don Juan se casara con la reina de Escocia. Y desde allí, apoyados por los Guisa y Roma, cumplir el viejo sueño de Felipe II de conquistar Inglaterra. Más tarde, una vez logrado el objetivo, el plan último era derrocar a su hermanastro del trono español. Hoy sabemos que Pérez tal vez exageró la deslealtad de Don Juan, y que si forzó el asesinato fue que porque Escobedo había descubierto los tejemanejes de Pérez y la princesa de Éboli (delitos tales como corrupción, tráfico de secretos de estado, intervención en intrigas políticas…).

Después de la muerte de Escobedo, el rey comenzó una persecución de Pérez, al que no perdonó que le implicara en el asesinato del secretario de su hermanastro. La primera víctima de esta persecución fue el marqués de los Vélez, quien se vio obligado a dejar la corte. Decepcionado y agotado por las intrigas palaciegas murió, como tantos en la hora de su caída, de camino a sus tierras murcianas.

Siglos después, volvemos a sus dominios, y todavía podemos escuchar los lamentos por la pérdida de la gracia real…

Más información:

Ayuntamiento de Mula
Plaza del Ayuntamiento, 8 – 30170 Mula – Región de Murcia – España
Web: https://www.murciaturistica.es

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