La Ruta del Císter en Cataluña: belleza y grandeza

El Císter hunde sus orígenes en lo más profundo de la historia. En el siglo VI d.C. San Benito de Nursia, eremita, disgustado por el cariz que tomaba la Iglesia Católica por aquel entonces, fundó una comunidad en Casino (Italia) en la que estableció reglas de convivencia muy estrictas para él y sus discípulos, votos de pobreza, castidad y obediencia. Su objetivo era llegar a Dios a través del trabajo y el rezo. La Orden tomó el nombre de su creador. Así nació la Orden Benedictina.

Mucho tiempo después, allá por 1098, monjes de la Orden observaron con inquietud cómo se estaba perdiendo casi deliberadamente los valores de su creador. Por eso, san Roberto de Molesmes, san Alberico y san Esteban Harding, en la Abadía de Citeaux (cerca de Dijon en Francia), decidieron dar un paso hacia adelante y fundar la congregación cisterciense. Estos benedictinos de estricta observancia conocidos como «monjes blancos», debido a que utilizaban hábitos de lana sin teñir, se convirtieron en una orden monástica que tuvo un protagonismo esencial en la Europa medieval del siglo XII. San Bernardo de Claraval, precursor de la segunda cruzada a Jerusalén y fundador de 68 monasterios es, sin duda, su personaje más importante.

El Císter en Cataluña

En Cataluña la Orden del Císter tuvo una relevancia muy grande en ese siglo XII, cuando en plena Reconquista, Ramón Berenguer IV que une el Reino de Aragón con el Condado de Barcelona, ve en la orden del Císter una oportunidad para repoblar las tierras conquistadas a los musulmanes.

Los monjes son trabajadores, emprendedores y muy inteligentes. Así se fundan en la segunda mitad del siglo tres monasterios en Cataluña que destacan por su grandeza e importancia: Poblet, Santes Creus y Vallbona de les Monges.

Actualmente, los cenobios se encuentran en un estado de conservación excepcional e incluso dos de ellos mantienen comunidades activas, de monjes en Poblet y de monjas en Vallbona.

Es posible visitarlos sin más restricción que la de no molestar la vida monacal de sus habitantes. Como dice D. José Alegre, abad de Poblet, «de alguna manera será un estar más cerca de vosotros, del mundo, porque el monje no puede estar sino en el corazón del mundo con su testimonio de amor. Y también será una manera de que vosotros estéis más cerca del monasterio, de nosotros los monjes, para que podáis descubrir que hay valores —silencio, soledad, comunión, oración, belleza— que son de todos los tiempos.»

Recorremos «La Ruta del Císter», la mejor manera para comprender la historia del Císter, sus costumbres y arquitectura a través de un viaje en el que el entorno es sencillamente idílico: iglesias, castillos y multitud de edificios y monumentos de interés. Encontraremos una amplia oferta de actividades relacionadas con la naturaleza, senderos señalizados perfectamente (el GR 175), así como recorridos preciosos para montar en bici. El Camino de Santiago atraviesa esta sensacional ruta que abarca el territorio formado por las comarcas del Alt Camp, la Conca de Barberá y Urgell.

Poblet

El primer monasterio de la ruta del Císter es el de Poblet (Vimbodí i Poblet – Conca de Barberá), el más grande de los tres, siendo además el conjunto cisterciense habitado más grande de Europa. En 1991 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Destaca por la majestuosidad de su arquitectura, fue monasterio real fortificado y alberga el panteón de los reyes de la Corona de Aragón. Felipe II quedó impresionado al visitar Poblet y ordenó construir el Monasterio de El Escorial con ideas recogidas de este sensacional cenobio. Los Reyes Católicos también fueron aquí visitantes ilustres. Cuesta creer como la desamortización de Mendizábal de 1835 casi lo redujo a la nada. Pero en 1940 los monjes volvieron a la actividad y hoy en día Poblet, con apenas una treintena de monjes sigue muy vivo.

El Monasterio de Poblet - Exterior de la Iglesia
El Monasterio de Poblet – Exterior de la Iglesia

Poblet se encuentra ubicado en un entorno casi mágico, donde el silencio lo abarca todo. El conjunto monástico está conformado por tres recintos. El monasterio en sí nos espera detrás de la Puerta Real (siglo XIV) entre dos grandes torres protectoras. Sorprende ver la muralla, las almenas y aspilleras, pero así tuvo que ser para proteger el panteón real, construido por orden de Pedro IV el Ceremonioso.

En cuanto traspasamos dicha Puerta Real, a través del atrio, todo cambia y nos vemos transportados a otro tiempo. Recorreremos la Iglesia (con un precioso retablo), el claustro, el Palacio de Martín el Humano, los sepulcros reales, el refectorio, la sala capitular, la biblioteca. Todo se encuentra en perfecto estado de conservación.

La Iglesia, de planta basilical, llama nuestra atención por su solemnidad y simpleza. No hay ni un detalle de más, todo es sobrio y elegante. El lugar de mayor importancia es sin duda las tumbas reales, con sepulcros de fino alabastro. Estatuas funerarias con las que podemos recorrer la historia de la Corona de Aragón, desde Alfonso II el Casto (1157-1196), hijo de Ramón Berenguer IV al archiconocido Jaime I el Conquistador (1208-1276); Pedro IV el Ceremonioso (1319-1387) y sus tres primeras esposas, María de Navarra, Leonor de Portugal y Leonor de Sicilia; Juan I el Cazador (1350-1396) y sus dos esposas Marta de Armañac y Violante de Bar; Martín I el Humano (1356-1410) y su primera esposa María de Luna; Fernando I de Antequera (1380-1416), el primer monarca aragonés de la dinastía castellana de los Trastámara ; Alfonso V el Magnánimo (1396-1458), Juan II (1398-1479) con su esposa Juana Enríquez, y Beatriz de Aragón (1457-1508), dos veces reina consorte de Hungría.

Pasaremos varios minutos recordando la historia de cada uno de ellos mientras asistimos asombrados a la peculiar belleza del entorno. Cuatro siglos de historia reposan aquí en Poblet, el Císter en estado puro.

El claustro, de espíritu gótico y con una decoración simple de hojas y cestas, destaca por su armonía. Aquí, la luz se filtra por los arcos dotando al conjunto de una máscara paradisiaca. El murmullo del agua del templete es lo único que se oye. Un lugar en el que los monjes se encuentran consigo mismos y con Dios. Y este silencio se puede oír, es asombroso.

El refectorio (con utensilios de hoy en día sobre las mesas) está presidido por el abad, como en la Iglesia, y los monjes se sientan por orden, como en el coro. Hay un lugar especial reservado al monje lector, desde donde se proclama la Palabra de Dios mientras la comunidad, en silencio, come.

La sala capitular es un espacio de grandes proporciones, donde los monjes hoy en día se reúnen para tratar temas relacionados con su día a día o ser informados por el abad de asuntos importantes. Cuesta no imaginarse formar parte de este lugar tan solemne. Poblet cuenta con un centro de información al visitante muy completo, una hospedería externa (donde nos cuentan que las habitaciones no tienen televisión) así como una bodega. Los monjes siguen fieles al “ora et labora”. Nosotros, impregnados de belleza por los cuatro costados buscamos nuestro segundo hito.

Santa María de Santes Creus

En Aiguamurcia (Alt Camp) encontramos al Real Monasterio de Santa María de Santes Creus, una abadía cisterciense que nos deja helados por su elegancia y belleza serena. Tuvo su momento de esplendor bajo el protectorado de Pedro III de Aragón (enterrado aquí así como su hijo Jaime II). También golpeado por la desamortización del XIX, aquí no volvió a existir vida monástica, lo que nos permite descubrir hasta el último recodo del monasterio.

En Santes Creus nos va a sorprender ya no solo el monasterio en sí sino también los edificios que lo rodean. Nada más llegar a la zona veremos una serie de casas que forman la población de Santes Creus. Las fachadas, preciosas, forman una línea perfecta a modo de guía para llevarnos al segundo recinto. Destacan la capilla de Santa Lucía y el Arco Real (de estilo barroco).

Al cruzar el Arco Real desembocamos en una plaza rectangular con una fuente en el centro en la que vemos la estatua dedicada a san Bernardo Calbó, antiguo abad del monasterio. Alrededor de la plaza se ubican las antiguas dependencias monacales, sobresaliendo el Palacio Abacial. Desde este lugar ya vislumbramos la Puerta Real de acceso al monasterio en sí (al lateral del claustro).

Santes Creus
Santes Creus

Como en cualquier cenobio cisterciense, Santes Creus cuenta en su núcleo principal con tres piezas básicas: la Iglesia, el claustro adosado a ella y la sala capitular; pasaremos después por el refectorio, el locutorio, el scriptorium y, en la segunda planta, el dormitorio común. La visita, perfectamente señalizada y con una sala audiovisual espectacular, nos permite conocer la enfermería, las habitaciones de los monjes jubilados, el claustro posterior, el Palacio Real y el cementerio.

De la Iglesia es necesario mencionar sus sepulcros reales (preciosos monumentos funerarios de Pedro III y su hijo Jaime II de Aragón), el ventanal gótico y un gran rosetón (que se ve muy bien desde el cementerio). Del Claustro nos va a sorprender los capiteles y frisos de las columnas, podríamos pasar horas viéndolos. No se lo pierdan. Decoraciones vegetales, bíblicas, animales y más de una sorpresa, como el autorretrato del maestro de obra, Reinard de Fonoll, con sus aparejos. Les invitamos a que lo encuentren. En todo el claustro podemos encontrar tumbas de nobles y caballeros de la época, lápidas de familias catalanas de alto rango y la preciosa Capilla de la Asunción.

La sala capitular es muy bonita, de estilo románico, con arcos de descarga en medio punto característicos de las construcciones cistercienses. Entre tanta pureza y estoicismo constructivo sobresale el Palacio Real, de dos plantas, donde debieron existir varias dependencias reales. Preciosa es la parte que hoy en día se puede visitar: la que ordenó construir Pedro IV el Ceremonioso. El dintel de la escalera, los pasamanos y los arcos son bellísimos.

Santes Creus colma las expectativas de los amantes del arte y la historia. Un lugar único en el mundo.

Vallbona de las Monjas

La tercera abadía de la ruta nos espera en Vallbona de las Monjas (Urgell – Lleida). Declarado Monumento Nacional en 1931, es el monasterio cisterciense femenino más importante de Cataluña. Hospedó durante muchos años a los reyes Alfonso II el Casto, Jaime I el Conquistador y Alfonso X el Sabio y fue siempre un foco de vida contemplativa así como un centro de cultura, trabajo, ascesis y oración, todo encaminado todo al servicio divino.

Está incrustado en el corazón del pueblo de Vallbona, por lo que el exterior del mismo se confunde con el resto de edificios, dotando al conjunto de una gran belleza. Desde el siglo XIII, Vallbona tiene escuela monacal y existen pruebas de la existencia de un scriptorium, donde algunas monjas se dedicaban a copiar y ornamentar los códices, por el que el cenobio se hizo muy famoso.

Entorno bello de Vallbona
Entorno bello de Vallbona

El exterior es precioso. Ya en el interior, de la Iglesia cabe destacar la torre campanario así como el sepulcro de Violante de Hungría (esposa de Jaime I el Conquistador). El coro con la verja de separación llamará especialmente nuestra atención. El claustro, austero como marca la regla, va dando paso a las distintas dependencias en la que destacamos la sala capitular y la capilla de la Virgen del Claustro.

La ruta ha terminado y rememorando los momentos vividos, es de justicia decir que estos tres monasterios forman un triángulo artístico-histórico único en Cataluña y son muestra viva de una orden tan importante como poco conocida en toda España: La Orden del Císter.

Más información: www.larutadelcister.info

Nuestro agradecimiento a la Oficina de Gestión de La Ruta del Císter