Bunbury, gran faena en Las Ventas, sin puerta grande.

Madrid, Plaza de Toros de Las Ventas, 20 de junio de 2009. Esta fecha quedará marcada para siempre en el diario de a bordo de Enrique Bunbury, un genio de la música y un animal en el escenario.

Con media hora de retraso, por problemas en las taquillas con las entradas reservadas por Internet (parece mentira pero es así) se presentó el aragonés errante ante miles de personas que, sin llegar a llenar el aforo, esperaban ansiosos el comienzo del show.

Y vivieron una noche inolvidable, con altos y bajos, con hitos en la memoria y, como todo en la vida, cosas mejorables. Porque la perfección no existe y siempre da motivo a la mejora. Como el sonido, quizá no preparado para un lugar como Las Ventas; con las guitarras demasiado estridentes, un sonido no muy claro que a veces distorsionaba el mensaje. Mensaje que Bunbury se encargó de hacer llegar con su alma de showman cabaretero. Ese cabaret que muchos echamos de menos, sobre todo al escuchar versiones que empeoran la original.

Bunbury ha optado por la vía del rock oscuro, de las guitarras potentes, pero conmueve y llega al corazón con las canciones desgarradoras, con el dolor en la boca y la rabia en el estómago. Eso es lo que le hace grande. Y a veces, parece elegir otras vías para llegar al público, con canciones menos queridas pero que él se empeña en interpretar (las canciones con Nacho Vegas son prueba de ello).

Pero vayamos por partes. Bunbury sigue de gira con su ‘Hellville de Tour’ (se espera en noviembre nuevo disco). Comenzó el concierto con “El club de los imposibles”, con sombrero vaquero y la fuerza de su personalidad conquistando al personal. Siguieron “La señorita hermafrodita”, y “Hay muy poca gente”. Con “Bujías para el dolor” llegó el final de la colaboración de Phil Manzanera en la guitarra, testimonial y prudente.

“Puta desagradecida” (del disco con Nacho Vegas) dió paso a “Sólo si me perdonas” y al primer cambio de ropa, para llegar al primer momento álgido con “Sácame de aquí”, “De mayor” y “El extranjero”, con brindis al sol por los extranjeros y una declaración de intenciones para reflexionar. Una demasiado atronadora, “El hombre delgado que no flaqueará jamás“, pasando por “Sí”, una preciosa “El rescate”, el recuerdo a Héroes en “Apuesta por el rock and roll”, y “Lady Blue” nos llevó casi sin darnos cuenta a los bises: “El anzuelo”, “El porqué de tus silencios” y “El viento a favor“, con un público entregado quizá canciones demasiado introspectivas y poco motivantes.

Por suerte, con la segunda tanda, la canalla “No me llames cariño”, “El jinete” y “Canto (el mismo dolor)“, volvimos a lo más alto, con el corazón en un puño. Para rematar, una de las joyas que Bunbury dejará para los amantes de la música “Y al final”.

Con el púbico entregado, Bunbury pudo salir por la puerta grande, pero, como en las grandes faenas en las que el torero pincha en hueso, decidió acabar el concierto con la insulsa “El tiempo de las cerezas“. Un sabor agridulce inundaba las gradas, es como si a mitad de una gran película se fuera la luz en el cine. Pero sólo un genio como Bunbury es capaz de generar estas sensaciones. Porque el concierto, al fin, fue de los grandes. Bunbury es el mejor cantante español del momento y lo demostró una vez más. Y es tan listo que sabrá aprender de los errores… Gracias, maestro.
Gulliveria.com

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