Cinco joyas patrimoniales de Palma de Mallorca

Palma de Mallorca articula su identidad histórica entre el mar y la piedra. Capital de las Islas Baleares, la ciudad ha sido puerto estratégico del Mediterráneo occidental desde época romana y conserva un conjunto patrimonial que permite leer, casi sin interrupciones, su evolución política, religiosa y urbana. A diferencia de otros destinos insulares, Palma ha integrado sus monumentos en la vida cotidiana, sin aislarlos del pulso urbano.

Las cuatro joyas que vertebran este reportaje —el Castillo de Bellver, el Ayuntamiento de Palma, la Catedral-Basílica de Santa María, el Pont de la Riera y el Baluard de Sant Pere— se distribuyen entre el casco histórico, el frente marítimo y las elevaciones que dominan la bahía. Juntas ofrecen una lectura completa de la ciudad: poder civil, poder religioso, defensa, infraestructuras y control del territorio.

La historia de Palma está marcada por su condición de enclave estratégico. Fundada como Palma romana, Madina Mayurqa durante el periodo islámico y capital del Reino de Mallorca tras la conquista cristiana de 1229, la ciudad se consolidó como centro político y comercial del archipiélago. Este pasado explica la densidad monumental concentrada en un espacio relativamente reducido.

Figuras como el rey Jaime I, impulsor de la Palma cristiana, o Jaime II de Mallorca, responsable directo de la construcción del Castillo de Bellver, resultan determinantes para entender el urbanismo histórico. En el ámbito religioso, la Catedral de Palma simboliza la afirmación del nuevo poder cristiano sobre la antigua medina islámica, mientras que el Ayuntamiento refleja la progresiva institucionalización del gobierno municipal.

El sistema defensivo, representado por el Baluard de Sant Pere, y las infraestructuras hidráulicas, como el Pont de la Riera, muestran una ciudad preocupada por protegerse y organizar su crecimiento. Palma no se desarrolló de forma espontánea, sino mediante decisiones estratégicas ligadas a la defensa, el comercio marítimo y la gestión del territorio.

El Castillo de Bellver constituye uno de los ejemplos más singulares de arquitectura militar gótica en Europa. Construido a partir de 1300 por orden de Jaime II de Mallorca, destaca por su planta circular, una rareza en el contexto de las fortalezas medievales. Situado a más de 100 metros sobre el nivel del mar, el castillo controlaba visualmente la bahía de Palma y el acceso terrestre a la ciudad. Su estructura incluye un patio central porticado, torres semicirculares y una torre del homenaje separada por un puente elevado. A lo largo de su historia, Bellver ha sido residencia real, prisión y, en la actualidad, sede del Museo de Historia de la Ciudad. Desde su terraza superior se obtiene una de las panorámicas más completas de Palma y su entorno.

Castillo de Bellver, un castillo de estilo gótico ubicado en una colina a 3 km al oeste del centro de Palma de Mallorca
Castillo de Bellver, un castillo de estilo gótico ubicado en una colina a 3 km al oeste del centro de Palma de Mallorca

El Ayuntamiento de Palma, ubicado en la plaza de Cort, representa el poder civil de la ciudad desde la Edad Media. El edificio actual combina una estructura gótica con una fachada barroca añadida en el siglo XVII. Uno de sus elementos más reconocibles es el voladizo de madera tallada que recorre la fachada principal, símbolo de la arquitectura civil mallorquina. En su interior se conserva el Salón de Plenos y piezas de valor histórico como la escultura del rey Jaime I. La plaza de Cort, además, actúa como nodo urbano entre calles estrechas del casco antiguo, reforzando la función institucional del edificio.

Ayuntamiento de Palma
Ayuntamiento de Palma

La Catedral-Basílica de Santa María de Palma, conocida como La Seu, domina el frente marítimo y constituye el principal hito arquitectónico de la ciudad. Su construcción comenzó en el siglo XIII sobre una antigua mezquita mayor y se prolongó durante varios siglos, lo que explica la combinación de elementos góticos con intervenciones posteriores. El templo destaca por sus dimensiones, su nave central de gran altura y uno de los rosetones góticos más grandes del mundo. En el siglo XX, Antoni Gaudí intervino en el interior, reorganizando el coro y diseñando elementos litúrgicos que introdujeron una lectura moderna del espacio sin alterar su estructura esencial. Más recientemente, la capilla del Santísimo fue intervenida por el artista Miquel Barceló, integrando arte contemporáneo en un contexto histórico.

Catedral-Basílica de Santa María de Palma de Mallorca
Catedral-Basílica de Santa María de Palma de Mallorca

El Pont de la Riera es uno de los elementos menos conocidos por el visitante, pero fundamentales para entender la evolución urbana de Palma. Construido para salvar el cauce de la Riera, un torrente que durante siglos atravesó la ciudad, el puente permitió conectar zonas clave y proteger el casco urbano de las frecuentes inundaciones. La Riera fue desviada en el siglo XVII, pero el puente permanece como testimonio de la ingeniería hidráulica histórica y del esfuerzo por controlar el entorno natural. Hoy se integra en un espacio urbano más amplio, vinculado a paseos y zonas verdes.

El Baluard de Sant Pere, integrado en las antiguas murallas renacentistas, formaba parte del sistema defensivo moderno de Palma, adaptado al uso de artillería. Construido en el siglo XVI, este baluarte protegía el frente marítimo occidental y el acceso al puerto. Actualmente, su estructura alberga el museo Es Baluard, dedicado al arte moderno y contemporáneo, lo que ejemplifica la reutilización del patrimonio defensivo con funciones culturales. El contraste entre la arquitectura militar y las vistas abiertas al mar refuerza su interés para el visitante.

Pont de la Riera (Puente de la Riera) y el Baluard de Sant Pere (Baluarte de San Pedro) en Palma de Mallorca
Pont de la Riera (Puente de la Riera) y el Baluard de Sant Pere (Baluarte de San Pedro) en Palma de Mallorca

Estas cinco localizaciones, aunque distintas en función y cronología, comparten una lógica común: todas responden a necesidades concretas de la ciudad en momentos clave de su historia. Visitarlas permite comprender Palma no como una postal aislada, sino como un organismo urbano en transformación constante.

La gastronomía de Palma se nutre de una tradición ligada al mar y al interior de la isla. En el entorno del casco histórico y del frente marítimo es habitual encontrar platos basados en pescado fresco, arroces y recetas heredadas de la cocina campesina mallorquina, como el tumbet o el frito mallorquín.

La repostería ocupa un lugar central, con la ensaimada como referente indiscutible, presente tanto en obradores tradicionales como en cafeterías contemporáneas. Junto a ella, productos como la sobrasada o el queso mahonés forman parte de la identidad culinaria que el visitante puede descubrir sin alejarse de los principales monumentos.

En los últimos años, Palma ha incorporado propuestas gastronómicas que reinterpretan la cocina local desde una perspectiva actual, manteniendo el producto como eje. Esta convivencia entre tradición y renovación refuerza el atractivo de la ciudad como destino cultural y culinario.

Palma cuenta con un aeropuerto internacional bien conectado con el centro mediante autobús y taxi. El casco histórico puede recorrerse a pie, y las principales atracciones se encuentran a distancias razonables entre sí. El Castillo de Bellver se accede mediante transporte público o vehículo privado.

Para alojarse, el Hotel Almudaina ofrece una ubicación céntrica y vistas parciales a la catedral y la bahía. En cuanto a restauración, Ca’n Joan de S’Aigo resulta una referencia histórica para conocer la tradición dulce mallorquina.

Más información puede obtenerse en el organismo oficial Fundació Turisme Palma 365, a través de la web https://www.palma365.es.