Alejandría y El Alamein: viaje por el Mediterráneo

Frente a la Ciudadela de Qaitbay, el Mediterráneo oculta una parte de Alejandría. A pocos metros de profundidad se han localizado columnas, estatuas, bloques monumentales y restos relacionados con la antigua isla de Pharos. Sobre tierra tampoco sobreviven el gran Faro, la biblioteca de la Antigüedad ni los palacios de los Ptolomeos. Pocas ciudades han alcanzado tanta fama universal a través de edificios que ya no existen.

Viajar por Alejandría y El Alamein permite recorrer esa memoria desde dos momentos radicalmente diferentes. Alejandría fue fundada por Alejandro Magno en 331 a. C. y se convirtió bajo los Ptolomeos en una de las grandes metrópolis políticas, comerciales e intelectuales del Mediterráneo. Poco más de un centenar de kilómetros hacia el oeste, El Alamein quedó asociado en 1942 a dos de las batallas más importantes de la campaña del norte de África durante la Segunda Guerra Mundial.

En esta parte de Egipto, el Mediterráneo sirve de hilo conductor para recorrer más de dos mil años de historia sin abandonar la costa.

Alejandría: una ciudad que hay que reconstruir a través de sus huellas

La Alejandría contemporánea está construida literalmente sobre la ciudad antigua. Bajo edificios, calles y aguas costeras permanecen restos de la metrópolis que Alejandro Magno fundó junto a un asentamiento egipcio anterior conocido como Rhakotis o Raqote.

Tras la muerte de Alejandro en Babilonia en 323 a. C., Ptolomeo I tomó el control de Egipto e inició una dinastía que convertiría Alejandría en su capital. El periodo terminaría con Cleopatra VII, pero la ciudad mantuvo una posición predominante en el Mediterráneo oriental durante siglos.

Fue aquí donde se desarrollaron el Museion y la antigua Biblioteca y donde se levantó el Faro de Alejandría, una de las siete maravillas del mundo antiguo. El puerto conectaba Egipto con las redes comerciales mediterráneas mientras la ciudad reunía población y tradiciones egipcias, griegas y, posteriormente, romanas.

Buena parte de aquella monumentalidad desapareció debido a transformaciones urbanas, destrucciones y terremotos. La arqueología submarina ha añadido otra dimensión: el antiguo puerto real y parte de la línea costera se encuentran actualmente bajo el Mediterráneo.

Por eso Alejandría exige una forma de visita diferente a otros grandes destinos arqueológicos egipcios. Aquí no se contempla intacta una ciudad antigua; se reconstruye mentalmente a partir de fragmentos pertenecientes a distintas épocas.

Infografía de Alejandría y El Alamein con los principales lugares del recorrido por la costa mediterránea de Egipto
De Alejandría a El Alamein, un recorrido por más de dos mil años de historia en la costa mediterránea de Egipto

Qaitbay: una fortaleza donde estuvo el Faro de Alejandría

La Ciudadela de Qaitbay ocupa el extremo de la península de Pharos y proporciona uno de los mejores puntos de partida para entender esa superposición histórica. El sultán mameluco al-Ashraf Qaitbay ordenó construirla entre 1477 y 1479 sobre las ruinas del antiguo Faro de Alejandría.

La fortificación, levantada principalmente con piedra caliza, ocupa aproximadamente 17.550 metros cuadrados. Murallas exteriores con torres defensivas protegen un recinto interior en el que se encuentra la gran torre cuadrada de tres plantas. Su función era clara: defender Alejandría frente a ataques procedentes del mar.

Qaitbay una fortaleza donde estuvo el Faro de Alejandría
Qaitbay una fortaleza donde estuvo el Faro de Alejandría

Pero la parte más antigua de la historia se encuentra delante y debajo de ella. Las investigaciones arqueológicas submarinas desarrolladas en el entorno de Qaitbay han identificado más de 3.000 elementos arquitectónicos, entre columnas, estatuas, capiteles y bases. Entre ellos aparecen grandes bloques relacionados con el Faro y con las construcciones de la antigua isla de Pharos.

Algunos superan las veinte toneladas. Los restos se extienden bajo el agua desde el borde de la ciudadela y convierten este sector del litoral en un gran yacimiento arqueológico sumergido.

Qaitbay no sustituye, por tanto, al Faro desaparecido. Su interés reside precisamente en lo contrario: una fortaleza del siglo XV ocupa el emplazamiento de una de las construcciones más célebres de la Antigüedad mientras parte de aquella historia permanece bajo las aguas que la rodean.

Bibliotheca Alexandrina: recuperar una idea, no reconstruir un edificio

En el otro extremo del puerto oriental, la Bibliotheca Alexandrina plantea una respuesta contemporánea a otra de las grandes ausencias de la ciudad.

La institución actual no pretende ser una reconstrucción arqueológica de la biblioteca antigua. Su objetivo es recuperar su espíritu de apertura, conocimiento e investigación mediante una institución cultural contemporánea.

Bibliotheca Alexandrina
Bibliotheca Alexandrina

El complejo reúne la biblioteca principal y diferentes bibliotecas especializadas, además de cuatro museos —Antigüedades, Manuscritos, Historia de la Ciencia y Sadat—, un planetario y espacios dedicados a la investigación y divulgación.

Su arquitectura refuerza la ruptura con cualquier intento de imitación histórica. El gran volumen circular inclinado hacia el Mediterráneo convierte la biblioteca en uno de los edificios contemporáneos más reconocibles de Alejandría.

Una biblioteca construida sobre la antigua Alejandría

Existe, además, una conexión física entre la nueva institución y la ciudad antigua. Durante las excavaciones realizadas para construir la Bibliotheca Alexandrina entre 1993 y 1995 aparecieron piezas de los periodos helenístico, romano y bizantino.

El Museo de Antigüedades conserva 111 objetos procedentes de aquellas excavaciones, entre ellos mosaicos que podrían haber formado parte de los pavimentos de los palacios reales que ocuparon este sector de la ciudad.

La colección incorpora también antigüedades recuperadas del Mediterráneo en las proximidades del puerto oriental y de la bahía de Abukir. La institución que recupera la memoria de la biblioteca antigua conserva así objetos encontrados bajo el edificio contemporáneo y bajo el mar situado frente a él.

Es una de las mejores síntesis de Alejandría: una ciudad moderna que no puede separarse de las sucesivas ciudades construidas en el mismo lugar.

Kom el-Shoqafa: Egipto, Grecia y Roma bajo tierra

Las catacumbas de Kom el-Shoqafa muestran esa mezcla cultural de una manera completamente diferente. La necrópolis comenzó a utilizarse a finales del siglo I o comienzos del II d. C. y permaneció activa hasta aproximadamente el siglo IV.

El conjunto desciende unos veinte metros y se organiza en tres niveles. Una escalera de caracol conduce hacia una rotonda y desde allí a diferentes espacios funerarios, galerías y cámaras excavadas bajo tierra.

Kom el-Shoqafa
Kom el-Shoqafa

Pero su importancia no depende únicamente de la profundidad o de la complejidad de la construcción. La decoración combina tradiciones funerarias egipcias con formas y símbolos grecorromanos.

Una de las imágenes que mejor resume ese sincretismo es Anubis representado con elementos propios de un legionario romano y combinado con referencias iconográficas procedentes de distintas tradiciones. Columnas, relieves y motivos funerarios continúan esa mezcla en otros espacios.

Kom el-Shoqafa corrige así una visión demasiado simple de la Alejandría antigua. La ciudad no fue solamente griega, romana o egipcia dependiendo de quién ejerciera el poder en cada momento. Durante largos periodos fue un espacio en el que esas culturas se encontraron y produjeron formas propias.

Kom el-Dikka: mucho más que un «anfiteatro romano»

En el centro de la ciudad aparece otro fragmento de la Alejandría romana y bizantina. Kom el-Dikka ocupa unas cuatro hectáreas y sus excavaciones sistemáticas comenzaron en 1964.

El edificio más conocido suele aparecer identificado turísticamente como «anfiteatro romano», aunque esa denominación puede inducir a error. Se trata de un pequeño teatro u odeón y forma parte de un conjunto arqueológico mucho más amplio.

El Teatro Romano de Alejandría (también conocido como el anfiteatro de Kom el-Dikka) es el único monumento de su tipo en Egipto, construido en el siglo II d.C.
El Teatro Romano de Alejandría (también conocido como el anfiteatro de Kom el-Dikka) es el único monumento de su tipo en Egipto, construido en el siglo II d.C.

Las excavaciones han sacado a la luz termas, una gran cisterna, viviendas de élite con mosaicos, talleres y otros espacios urbanos. El Ministerio de Turismo y Antigüedades egipcio destaca además la existencia de auditorios que pudieron estar relacionados con actividades docentes o intelectuales.

El valor de Kom el-Dikka está precisamente en esa diversidad. Frente a los grandes monumentos asociados a reyes y gobernantes, aquí aparece algo parecido a una sección de la ciudad cotidiana: lugares para vivir, reunirse, bañarse, aprender y asistir a representaciones.

Incluso algunos grandes objetos procedentes de las excavaciones submarinas de Qaitbay han terminado expuestos en este yacimiento. La Alejandría sumergida y la Alejandría excavada vuelven a encontrarse.

La Columna de Pompeyo que nunca fue de Pompeyo

Pocos nombres arqueológicos de Alejandría resultan tan engañosos como el de la Columna de Pompeyo.

La gran columna de granito de Asuán no fue erigida para el general romano Pompeyo. Fue levantada en 297 d. C. en honor del emperador Diocleciano. El fuste monolítico mide aproximadamente 22 metros y, sumado a la base y al capitel corintio, el monumento alcanza alrededor de 30 metros.

Su emplazamiento añade otra capa de interés. La columna se encuentra junto a los restos del Serapeum, el gran santuario dedicado a Serapis, divinidad cuyo culto combinaba componentes egipcios y griegos y alcanzó una considerable difusión por el Mediterráneo.

En el área sobreviven restos del templo, galerías subterráneas y diferentes piezas arqueológicas. El santuario fue destruido a finales del siglo IV después de que el emperador Teodosio I prohibiera los cultos paganos.

La columna terminó sobreviviendo como el gran elemento vertical del conjunto mientras su nombre popular la vinculaba durante siglos con un personaje al que nunca estuvo dedicada.

La Corniche: la Alejandría que sigue mirando al Mediterráneo

Después de catacumbas, templos desaparecidos y restos sumergidos, la Corniche devuelve el recorrido a la ciudad contemporánea.

El paseo marítimo acompaña durante kilómetros la fachada mediterránea de Alejandría. El tráfico, los edificios residenciales, los cafés, los pescadores y el movimiento alrededor del puerto muestran una ciudad que continúa dependiendo visualmente del mar incluso cuando su función económica y urbana ha cambiado.

El famoso paseo marítimo de La Corniche, bordeando el mar Mediterráneo
El famoso paseo marítimo de La Corniche, bordeando el mar Mediterráneo

También ayuda a relacionar lugares que de otro modo podrían parecer independientes. Qaitbay ocupa un extremo del antiguo puerto oriental; la Bibliotheca Alexandrina se encuentra al otro. Entre ambos se extiende un espacio marítimo bajo cuyas aguas permanece parte del antiguo puerto real ptolemaico.

El yacimiento arqueológico submarino del puerto oriental ocupa aproximadamente 600 hectáreas y conserva restos a profundidades de entre dos y ocho metros.

Caminar junto al Mediterráneo significa, por tanto, recorrer simultáneamente el frente marítimo de la ciudad actual y el límite de otra Alejandría que continúa bajo el agua.

Pescado y marisco: comer en una ciudad portuaria

La relación con el Mediterráneo llega también a la mesa. En Alejandría, el pescado y el marisco forman parte natural de una gastronomía vinculada a una ciudad portuaria y permiten introducir un registro diferente después de varias visitas arqueológicas.

Pescado elegido según disponibilidad, preparaciones a la parrilla o fritas, marisco, arroz, ensaladas, tahina y otros acompañamientos habituales de la mesa egipcia forman una combinación coherente con el territorio.

Un almuerzo marinero cerca de la Corniche encaja así dentro del recorrido sin depender de una dirección concreta que pueda cambiar con el tiempo. El producto y la proximidad al puerto importan más que convertir la experiencia en una recomendación cerrada de restaurantes.

Es también un recordatorio de que Alejandría no es únicamente un gran yacimiento fragmentado. La ciudad continúa viviendo junto al mismo Mediterráneo que explica buena parte de su historia.

El Alamein: por qué la guerra llegó hasta este punto del desierto

Al salir de Alejandría hacia el oeste cambia radicalmente el periodo histórico que domina el viaje. El Mediterráneo continúa acompañando la costa, pero poco más de un centenar de kilómetros separan la ciudad fundada por Alejandro Magno de un nombre asociado universalmente a la Segunda Guerra Mundial.

En 1942, el avance de las fuerzas del Eje por el norte de África había alcanzado Egipto. La geografía convirtió El Alamein en una posición especialmente difícil de rodear: el Mediterráneo cerraba el frente por el norte y, hacia el sur, la depresión de Qattara constituía un importante obstáculo natural para grandes unidades mecanizadas.

En ese corredor se desarrollaron dos batallas durante 1942. La segunda, librada entre octubre y noviembre, terminó con la victoria del Octavo Ejército británico sobre las fuerzas germano-italianas y obligó al Eje a iniciar su retirada hacia el oeste. El Alamein no terminó por sí solo la campaña del norte de África, que continuaría hasta 1943, pero marcó uno de sus grandes cambios de dirección.

Comprender esa geografía es importante antes de entrar en el museo. A diferencia de Alejandría, donde edificios, excavaciones y restos sumergidos materializan más de dos milenios de historia urbana, en El Alamein el territorio ofrece pocas referencias capaces de transmitir por sí mismas la dimensión de lo ocurrido.

El Museo Militar de El Alamein: devolver la batalla al paisaje

El Museo Militar de El Alamein cumple precisamente esa función. Fue creado en 1965 y posteriormente reformado para documentar las batallas mediante armamento, vehículos, mapas de operaciones, uniformes, fotografías, objetos personales y recreaciones.

La exposición exterior reúne carros de combate, piezas de artillería, vehículos blindados y aviones. Dentro, el recorrido se distribuye entre una sala conjunta y espacios dedicados a Gran Bretaña, Egipto, Alemania e Italia. La organización permite observar el enfrentamiento desde las distintas fuerzas participantes en lugar de reducirlo a la actuación de dos comandantes convertidos posteriormente en figuras históricas: Bernard Montgomery y Erwin Rommel.

El Museo Militar de El Alamein
El Museo Militar de El Alamein

Entre el material documentado por el propio museo aparecen un avión Spitfire, un cañón antiaéreo alemán de 88 milímetros, vehículos de abastecimiento, armamento y pertenencias de combatientes y mandos. Los mapas son especialmente útiles porque devuelven cada pieza al territorio que se acaba de recorrer.

El entorno conserva además cementerios y memoriales relacionados con soldados de diferentes nacionalidades muertos durante la campaña. No es necesario recorrer todos ellos para percibir esa dimensión humana: después de los mapas, carros y piezas de artillería del museo, los lugares de enterramiento recuerdan inmediatamente qué significaron sobre el terreno aquellas operaciones militares.

Cómo organizar Alejandría y El Alamein

Alejandría necesita tiempo porque sus principales lugares no forman un único recinto arqueológico. Qaitbay y la Corniche pertenecen al frente marítimo; Bibliotheca Alexandrina ocupa el extremo oriental del antiguo puerto; Kom el-Dikka se encuentra dentro de la trama urbana y Kom el-Shoqafa y el Serapeum obligan a desplazarse hacia otros sectores.

La lógica más cómoda es agrupar las visitas por zonas en lugar de intentar seguir estrictamente un orden cronológico. Qaitbay y Corniche forman una combinación natural; Bibliotheca Alexandrina requiere una visita propia; Kom el-Shoqafa, Kom el-Dikka y el Serapeum permiten dedicar otra parte del recorrido a la arqueología grecorromana.

El Alamein funciona mejor como desplazamiento independiente desde Alejandría. De este modo, el museo dispone del tiempo necesario y no queda convertido en una prolongación apresurada de una jornada arqueológica por la ciudad.

Horarios, entradas y condiciones de acceso pueden modificarse. Antes del viaje es recomendable consultar el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, la Bibliotheca Alexandrina y la información oficial del Museo Militar de El Alamein.

Dónde alojarse en Alejandría

Para este recorrido tiene más sentido establecer una única base en Alejandría y desplazarse a El Alamein que cambiar de alojamiento. La zona central y el entorno de la Corniche facilitan además buena parte de las visitas urbanas.

El Steigenberger Cecil Hotel Alexandria, en Saad Zaghloul Square y junto al frente marítimo, es una de las referencias hoteleras históricas del centro. Su ubicación permite mantener la Corniche como eje de la estancia y acceder con facilidad a diferentes sectores de la ciudad.

El Windsor Palace Hotel ofrece otra posibilidad vinculada al patrimonio hotelero alejandrino. Situado también cerca del Mediterráneo, conserva el carácter de los establecimientos históricos relacionados con la etapa cosmopolita de la ciudad.

En ambos casos, el interés está tanto en la posición como en su relación con la historia urbana de Alejandría. Disponibilidad, servicios y condiciones deben comprobarse directamente con los establecimientos antes de reservar.

Cuándo viajar a Alejandría

La posición mediterránea diferencia el clima de Alejandría del que muchos viajeros asocian inmediatamente con Egipto. Los inviernos son más húmedos y las temperaturas estivales quedan moderadas por el mar, aunque la humedad puede ser elevada.

Para un viaje centrado en arqueología, paseos urbanos y El Alamein, primavera y otoño ofrecen un equilibrio razonable. En verano aumenta el movimiento vacacional en la costa norte egipcia y el calor condiciona más las visitas exteriores.

El viento y el estado del Mediterráneo también forman parte de la experiencia de una ciudad completamente abierta al mar, algo que conviene considerar especialmente para recorridos largos por la Corniche y visitas exteriores.

Alejandría y El Alamein: la memoria de una costa

En Alejandría y El Alamein, la historia no aparece ordenada en una sucesión de monumentos intactos. El Faro permanece en parte bajo el Mediterráneo; una biblioteca contemporánea recupera la memoria de otra desaparecida; las catacumbas mezclan dioses y lenguajes artísticos; una columna dedicada a Diocleciano conserva el nombre de Pompeyo. Más al oeste, el paisaje aparentemente vacío de El Alamein guarda la memoria de una batalla librada más de dos mil años después. El mismo Mediterráneo que convirtió Alejandría en uno de los grandes puertos de la Antigüedad volvió a hacer estratégica esta costa en el siglo XX.


Reportaje elaborado por el equipo editorial de Gulliveria a partir de fuentes documentales, información institucional y trabajo periodístico especializado. Los datos prácticos pueden variar. Para información actualizada, consulte las fuentes oficiales enlazadas en el reportaje. Para colaboración editorial: info@gulliveria.com