Hay destinos que solo se revelan cuando los recorres despacio. El Lacio es uno de ellos: una región que va mucho más allá de Roma y que, sin embargo, pocas veces aparece en los itinerarios de quienes vuelan hasta Italia con una semana por delante.
Aldeas medievales, lagos volcánicos, valles franciscanos y abadías benedictinas forman un paisaje interior que durante siglos fue el escenario de las grandes peregrinaciones europeas. Ahora, una iniciativa financiada por la Unión Europea dentro del Plan de Recuperación italiano pone ese paisaje al alcance de cualquier viajero, sin necesidad de meses de preparación ni de resistencia física para largas jornadas de marcha.
Siete ventanas al Lacio profundo
La propuesta se llama Antichi Cammini d’Italia y su última novedad son siete itinerarios en autobús que permiten recorrer en una sola jornada las etapas laciales de los cinco grandes caminos históricos que convergen en Roma. La inscripción es gratuita a través de Italia.it, y los recorridos están diseñados para un perfil de viajero amplio: desde peregrinos que ya conocen alguno de los caminos hasta familias con niños, aficionados al arte sacro o simplemente curiosos que quieren descubrir una Italia diferente a la de las colas del Coliseo.

La iniciativa responde a una tendencia que lleva varios años consolidándose en el turismo europeo: la del viajero que busca experiencias de slow travel sin poder —o querer— comprometerse con semanas de trekking. Las grandes rutas de peregrinación, el Camino de Santiago incluido, han aprendido que su público potencial va mucho más allá del peregrino clásico. El Lacio, con esta propuesta, entra en ese mismo juego con criterio propio.
Las rutas, una por una
El programa es variado y cada itinerario tiene una personalidad distinta. Uno de los más evocadores sigue las huellas del arzobispo Sigerico de Canterbury, que en el año 990 documentó su regreso desde Roma en 79 etapas, dando origen a lo que hoy conocemos como la Vía Francígena. El recorrido atraviesa Viterbo, Sutri, Capranica y Campagnano para llegar a la basílica de San Pedro al atardecer, un cierre que, seamos honestos, pocas rutas pueden igualar en carga dramática.
Otro itinerario recorre la Romea Strata entre Viterbo, Montefiascone y el lago de Bolsena, uno de los lagos volcánicos más grandes de Europa y uno de los grandes desconocidos del turismo internacional. Una variante de esta misma ruta incluye una travesía en barco hasta la isla Bisentina, un pequeño territorio lacustre con una iglesia renacentista y una historia que mezcla lo papal con lo medieval de manera casi inverosímil.
Para quienes sienten especial atracción por la espiritualidad franciscana, hay un itinerario dedicado al Valle Santo de Rieti que visita los cuatro santuarios donde San Francisco vivió momentos clave de su vida: Greccio, Fonte Colombo, La Foresta y Poggio Bustone. Si viajas con cierto conocimiento de la figura del santo de Asís, este recorrido tiene una densidad emocional difícil de encontrar en otros circuitos organizados.
El Cammino di San Benedetto conecta Subiaco con Montecassino, dos lugares imprescindibles para entender la historia monástica de Occidente. Y dos itinerarios adicionales proponen una lectura de Roma desde la arquitectura contemporánea y la arquitectura sacra del siglo XX, un ángulo que la ciudad raramente muestra a sus visitantes habituales.
Una experiencia que va más allá del paisaje
Lo que diferencia estos tours de un simple servicio de transporte turístico es la capa experiencial que los envuelve. Cada autobús lleva a bordo intérpretes que dan voz a figuras históricas: el propio Sigerico narrando su viaje, un soldado imperial de Federico Barbarroja, o las Fuentes Franciscanas en lectura dramatizada. Durante los traslados hay contenidos de audio diseñados para el recorrido específico, y en cada parada se organizan degustaciones narradas de productos locales.
Comer un producto es, en muchos casos, la forma más directa de entender un territorio. Cuando pruebas el Est! Est!! Est!!! DOC de Montefiascone mientras alguien te cuenta por qué un obispo alemán del siglo XII mandó grabar esa exclamación en la puerta de una taberna, el vino sabe diferente.
Entre los productos que protagonizan estas degustaciones están la Nocciola Romana DOP, el Aleatico de Gradoli, el azafrán de Acquapendente y los productos elaborados por los monjes de Montecassino. Cada participante recibe además un kit sensorial y un obsequio conmemorativo. Son detalles que, sumados, convierten una excursión en un recuerdo con forma y sabor concretos.
Por qué este tipo de turismo importa ahora
Más allá del disfrute individual, iniciativas como esta tienen una función estructural para el turismo de una región. El Lacio recibe millones de visitantes cada año, pero la inmensa mayoría de ellos no sale de Roma —o, en todo caso, llega hasta Tívoli o los Castelli Romani. Los territorios que atraviesan estos caminos históricos tienen una densidad patrimonial extraordinaria pero carecen de la visibilidad de los grandes circuitos. Los siete itinerarios de Antichi Cammini d’Italia funcionan como una herramienta de desestacionalización y distribución del flujo turístico: llevan viajeros a lugares que los necesitan y que tienen mucho que ofrecer.
El proyecto está financiado por la Unión Europea a través de NextGenerationEU y ejecutado por ENIT bajo la supervisión del Ministerio de Turismo de Italia, lo que garantiza continuidad y una infraestructura de apoyo sólida, que incluye señalética inteligente desplegada a lo largo de los caminos y más de 1.000 fichas de puntos de interés disponibles en la aplicación de Italia.it.
Información práctica
La inscripción es gratuita y se realiza en Italia.it, donde encontrarás todos los detalles sobre fechas, plazas disponibles y programas de cada itinerario. Los tours están pensados para realizarse en una jornada completa y son accesibles para viajeros sin condición física especial. Si combinas alguno de estos recorridos con una base en Roma o Viterbo, tienes la estructura perfecta para un viaje al Lacio que va mucho más allá de lo habitual.
Te recomendamos reservar plaza con antelación: la gratuidad y el formato experiencial hacen que las plazas se agoten rápido, especialmente en primavera y en los puentes de otoño, que son las épocas más agradables para recorrer esta parte de Italia.

