Bollinger, el champán de James Bond


La casa Bollinger inició sus actividades oficialmente en 1829, pero sus orígenes se remontan tres siglos atrás, cuando la familia Hennequin adquirió unos viñedos en Cramant (Francia). Conocido para el gran público por ser el champagne preferido de James Bond o del príncipe Carlos de Inglaterra, Bollinger es algo más.

Junto a esta familia, fue fundamental para el nacimiento de la maison otra saga, la de los Villermont, que se establecieron en la actual sede de Bollinger, en el número 16 de la rue Jules Lobet de Aÿ en 1750. Hennequin de Villermont, junto a Paul Levieux y Jacques Bollinger fundaron Bollinger el 6 de febrero de 1829, y desde entonces, la historia de este champagne ha estado ligada a estas familias, aunque a partir de los años sesenta del siglo XX la empresa fue gestionada únicamente por los Bollinger.
Durante este tiempo, Bollinger se ha convertido en el proveedor oficial de la corte británica, recibiendo una Cédula Real de la reina Victoria en 1884. Ya en el siglo XX, la expansión de la casa estuvo muy vinculada a la figura de Emily Law de Lauriston Bourbers, conocida como “Lilly Bollinger”, que se dedicó a promover la marca por todo el mundo con varias citas notables en torno al champagne que han trascendido en el tiempo.
Ya bajo la dirección de Claude d’Hautefeuille y posteriormente de Christian Bizot, la marca se modernizó, estableció una Carta de Ética y Calidad en 1992 y se expandió adquiriendo viñedos por toda Francia y desarrollando el nombre Bollinger internacionalmente. En una de esas promociones, la marca fue utilizada en algunas películas de James Bond, lo que le catapultó a la fama ante los ojos del público menos fiel al vino espumoso.
Actualmente Bollinger posee casi 160 hectáreas de viñas, que consiguen abastecer a la maison con más del 60% de sus necesidades. En la mayoría de ellas predomina el clon 186 de la variedad Pinot Noir, considerada por los responsables de la casa la que mejor garantiza las cualidades de su vino. El mayor terreno de viñas de Bollinger se encuentra en la localidad de la región de Champaña-Ardenas de Aÿ, donde se ubica igualmente su bodega y sede central, aunque también poseen cepas en Cuis, Verzenay, Tauxières, Louvois o Champvoisy.
Una de las características diferenciadoras de Bollinger respecto a otras casas de champagne es su amplia bodega de más de 300.000 mágnums, clasificadas por añadas, en un sistema de reserva de vino que lo hace único en la región y que contribuye al especial encanto de sus dos champagnes más exquisitos: el Spécial Cuvée y el Bollinger La Grande Année, que se produce sólo en añadas especiales.
Bollinges es la última gran casa francesa que conserva su total independencia financiera o la única que emplea a un tonelero encargado de fabricar y reparar 350 toneles al año en contraposición con los recursos tecnológicos utilizados por las grandes maisons en la actualidad.
Desde su creación en 1829, Bollinger produce dos familias de vinos procedentes exclusivamente de la Cuvée (el mejor mosto procedente del prensado): los no millesimes (sin indicación de añada) y los grandes millesimes (con indicación de añada), estos últimos sujetos por definición al azar de la naturaleza.
Todos sus vinos maduran al menos durante 3 años en botella antes de salir al mercado y se crían en toneles para garantizar una oxidación en su justa medida, un perfecto desarrollo de sus aromas y una larga vida.
Pero sin duda, la joya más preciada de Bollinger es el “Spécial Cuvée”. Este vino encarna lo mejor de la preparación tradicional de los champagnes, y para elaborarlo cuenta con más de 300.000 vinos de reserva en formato magnum almacenados durante 10 años.
Precisamente el Spécial Cuvée es el componente principal de otro gran vino de la casa, el Bollinger Rosé, al que se añade entre el 5% y el 6% de vino tinto y que está elaborado a partir de uvas procedentes exclusivamente de Grands Crus del viñedo Bollinger.
Otro de sus más preciados tesoros es el Grande Année («gran cosecha»), concebido para expresar el carácter del “millesime”. Sólo se produce cuando la bodega cree que hay una cosecha excepcional y permanece durante cinco años sobre sus lías para posteriormente añejarse en botella.

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