Essaouira, situada en la costa atlántica de Marruecos, es mucho más que una ciudad blanca con puertas azules; es un testimonio vivo de la historia marítima, cultural y artística de Marruecos. Conocida antiguamente como Mogador, su existencia se remonta a tiempos fenicios y cartagineses, que ya reconocían la estratégica importancia de este enclave.
La ciudad ha visto pasar siglos de comercio, migraciones y encuentros culturales, y cada calle, plaza y fortificación es un capítulo de su historia.
Para entender Essaouira no basta con recorrer su medina: hay que sentir el viento constante del Atlántico, escuchar el vaivén de las olas en el puerto y observar la vida cotidiana en sus plazas y mercados.
Historia: de Mogador a Essaouira
El nombre Mogador aparece en textos antiguos y mapas de navegación fenicios y romanos, aunque la región estuvo habitada por comunidades bereberes desde tiempos inmemoriales. Los fenicios utilizaban el puerto como punto de aprovisionamiento y como centro de comercio de púrpura, un producto extremadamente valioso en el Mediterráneo. Más tarde, los romanos establecieron factorías para el comercio de pescado seco y salazones, consolidando la relevancia del lugar como puerto atlántico.

Sin embargo, la Essaouira que conocemos hoy se configuró en el siglo XVIII bajo la visión del sultán Sidi Mohammed ben Abdallah, quien decidió fundar una ciudad moderna que uniera Marruecos con Europa y África subsahariana. Para ello encargó la planificación urbana a ingenieros portugueses y franceses, que aplicaron principios de fortificación de Vauban. La medina se diseñó con un trazado geométrico, calles rectas, plazas amplias y murallas robustas. Esto le permitió combinar defensa y comercio, una característica que la distingue de otras ciudades marroquíes más laberínticas.
Durante el siglo XIX, Essaouira se consolidó como puerto comercial y centro de exportación de productos agrícolas, pescado, madera de thuya y artesanía. La ciudad se convirtió en un punto de encuentro de comerciantes europeos y judíos, quienes aportaron capital y conocimientos al comercio local. La presencia de consulados europeos y la influencia de arquitectos portugueses y franceses dejaron su impronta en las murallas, puertas y bastiones, que hoy forman parte de su patrimonio histórico.

En el siglo XX, Essaouira se convirtió en refugio de artistas y músicos internacionales. Escritores, pintores y músicos encontraron en la ciudad una fuente de inspiración gracias a su luz, su viento constante y la riqueza de su cultura. Hoy, Essaouira sigue siendo un lugar donde la historia se percibe en cada esquina, pero donde la vida contemporánea mantiene un ritmo pausado y armonioso.
Qué ver en Essaouira
La medina de Essaouira, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, es el corazón histórico de la ciudad. Su arquitectura combina tradición marroquí y planificación europea del siglo XVIII. Las casas blancas con puertas azules, los callejones rectos y las plazas amplias generan una estética sobria y elegante. La medina es un espacio vivo: talleres artesanales, galerías de arte, pequeños cafés, tiendas de música y riads históricos conviven en armonía.
Cada barrio tiene su carácter propio. En el quartier des Juifs, se percibe la historia de la convivencia entre judíos y musulmanes, con sinagogas y casas tradicionales que muestran el legado cultural. En el quartier des artisans, el aroma de la madera de thuya, el cuero y las especias se mezcla con el sonido de martillos y sierras en talleres que transmiten técnicas ancestrales. Además, la medina alberga espacios culturales, exposiciones de arte contemporáneo y tiendas de productos locales, que permiten apreciar la creatividad y el espíritu abierto de Essaouira.
La Plaza Moulay Hassan funciona como un auténtico salón urbano. Es el lugar donde se cruzan turistas y locales, pescadores, músicos y vendedores ambulantes. Cafés con terrazas permiten contemplar el puerto mientras se disfruta del té de menta o un café especiado.
Por la tarde, familias, estudiantes y artistas llenan el espacio, y la plaza refleja el ritmo cotidiano de Essaouira, tranquilo pero marcado por el viento que es constante en la ciudad.
El puerto de Essaouira es un espacio activo y auténtico. Barcos de madera pintados de azul regresan cada mañana cargados de sardinas, pulpos y doradas, mientras gaviotas y pelícanos sobrevolan el muelle. Los pescadores descargan la captura y la venden en el mercado local, donde se prepara al momento en parrillas o tajines. El puerto no es solo un atractivo turístico, sino también un núcleo económico y social vital para la ciudad.

Presidiendo este enclave se encuentra Bab el-Marsa, la gran puerta monumental que conecta el mar con la medina. Construida en el siglo XVIII, simboliza la importancia estratégica de Essaouira y permite comprender su historia como puerto protegido y punto de comercio internacional.
Las fortificaciones de Essaouira, entre las que destacan la Sqala du Port y la Sqala de la Kasbah, ofrecen paseos panorámicos sobre el océano. Los cañones antiguos apuntan hacia el Atlántico, recordando su función defensiva. Desde las murallas se puede observar la extensión del puerto, la medina y la playa, comprendiendo cómo la ciudad fue construida para proteger su actividad comercial sin renunciar al paisaje. Los atardeceres sobre el océano, combinados con el viento constante, crean un escenario único que ha atraído a viajeros y artistas durante siglos.

El Bayt Dakira, o Casa de la Memoria, recuerda la larga presencia de la comunidad judía en Essaouira y su influencia en la vida cultural y comercial de la ciudad. La sinagoga Slat Lkahal, restaurada y abierta al público, permite recorrer el legado religioso y cultural. Los barrios judíos reflejan una convivencia histórica con la población musulmana, y su legado se percibe tanto en la arquitectura como en la actividad comercial y artesanal.
La ciudad es famosa por la madera de thuya, utilizada en la creación de muebles, cajas e instrumentos musicales. Los talleres permiten observar todo el proceso de producción, transmitido de generación en generación. Además, la música Gnaoua y la escena artística contemporánea están muy presentes. El Festival Gnaoua y Músicas del Mundo transforma Essaouira en un escenario abierto donde se mezclan ritmos africanos, jazz y blues, manteniendo viva la tradición musical y cultural de la ciudad.

La gastronomía de Essaouira está íntimamente ligada al mar. Los platos principales son sardinas, doradas, pulpos y calamares, preparados al grill o en tajines aromáticos. El couscous de mariscos, la pastilla de pescado y los guisos de la costa son habituales. En la medina y junto al puerto, pequeños restaurantes ofrecen recetas tradicionales acompañadas de pan marroquí, limón y especias locales. El té de menta marca el ritmo de las pausas y la conversación.
La playa de Essaouira se extiende por varios kilómetros, ideal para paseos, kitesurf, windsurf o paseos a caballo. El viento constante no solo define la arquitectura, sino también la forma de vida local. El litoral combina belleza natural y actividad deportiva, y los atardeceres sobre el Atlántico constituyen uno de los espectáculos más apreciados por locales y turistas. Otras atracciones:
- Muelle de Mogador: actividad pesquera, observación de barcos y vida portuaria.
- Museo Sidi Mohammed ben Abdallah: historia, navegación, cultura local.
- Galerías de arte: artesanía tradicional y arte contemporáneo.
- Riad Baladin y otros riads históricos: arquitectura residencial típica.
- Plaza de la Kasbah: mirador y espacio cultural.
Guía para el viajero a Essaouira
Hotel recomendado
Hôtel Le Médina Essaouira Thalassa Sea & Spa: frente al mar, con spa, habitaciones modernas y vistas panorámicas. Ideal tras recorrer medina y playas.
Sitio web: https://all.accor.com/hotel/2967/index.fr.shtml
Restaurantes recomendados
Dar Baba Restaurant & More – Cocina marroquí y mediterránea. Dirección: 8 Rue Moulay Hassan, Essaouira 44000.
The Hungry Nomad Rooftop Essaouira – Terraza con vistas, platos marroquíes y mediterráneos. Dirección: 5 Rue de la Kasbah, Essaouira 44000.
Zahra’s Grill Gastrobar – Cocina grill y creativa. Dirección: 7 Rue Skala, Essaouira 44000.
Essaouira no se impone con monumentos gigantes; seduce con coherencia. La luz, el sonido del viento, la medina blanca y azul, el puerto, la gastronomía y los talleres artesanales crean un lugar que se descubre lentamente y se recuerda para siempre. Es una ciudad para caminar sin prisa y volver, con la certeza de que siempre hay algo nuevo que descubrir.
Más información: Viajes a Marruecos a medida y en privado | Turismo Marruecos
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