Septiembre devuelve a los hogares españoles los horarios, los colegios y las jornadas laborales, pero también una preocupación recurrente: cómo comer bien sin dedicar demasiado tiempo a la cocina. En ese escenario, el pescado busca mantener su espacio en la cesta de la compra y dos productos de origen noruego afrontan el nuevo curso desde posiciones diferentes: el salmón, ya plenamente asentado entre los consumidores españoles, y el bacalao fresco, que mantiene una posición destacada dentro de su categoría.
La evolución del mercado ayuda a entender esa diferencia. Según los datos del Consejo de Productos del Mar de Noruega, España es uno de los principales mercados internacionales para el salmón noruego. En 2025, el país importó salmón noruego por un valor de 8.200 millones de coronas noruegas y Noruega alcanzó una cuota del 86 % en el mercado español de salmón atlántico.

El salmón ya forma parte de la cocina cotidiana
Más que un producto asociado exclusivamente a ocasiones especiales, el salmón se ha incorporado progresivamente a la alimentación doméstica. El Consejo de Productos del Mar de Noruega calcula que cada español consume de media cerca de 2,7 kilos de salmón al año y que casi ocho de cada diez hogares españoles compraron este pescado al menos una vez durante 2025.
El dato encaja con una transformación más amplia de los hábitos de compra. El consumo de productos del mar en España mantiene una tendencia descendente, pero el salmón noruego constituye una excepción dentro de ese comportamiento. Al mismo tiempo, las cadenas de distribución están ampliando la oferta de productos de pescado procesados y preparados, en respuesta a una demanda creciente de soluciones que reduzcan el tiempo dedicado a cocinar.
Ahí aparece una de las principales fortalezas del salmón: su capacidad para adaptarse a diferentes momentos y estilos de cocina. Puede aparecer en una tostada o un brunch, en una ensalada o un poke, incorporarse a una comida para llevar o convertirse en el ingrediente principal de una preparación al horno o a la plancha.
También ha contribuido a su popularización la diversidad de formatos disponibles. Salmón fresco, ahumado, marinado o en porciones individuales permiten incorporarlo a recetas cotidianas sin necesidad de una elaboración especialmente compleja.
“Septiembre es el mes de los nuevos propósitos y de la vuelta a las rutinas. Es también un buen momento para recuperar hábitos saludables”, señala Tore Holvik, director del Consejo de Productos del Mar de Noruega en España.
El bacalao fresco, una categoría estratégica
La situación del bacalao es diferente. El mercado español continúa teniendo una fuerte relación con este pescado, pero la posición de Noruega se concentra especialmente en el segmento fresco. Según los datos del propio Consejo, el mercado español de bacalao alcanzó las 126.800 toneladas en 2025, mientras que Noruega obtuvo una cuota del 79 % en el mercado de bacalao fresco.
El dato requiere, sin embargo, cierta perspectiva. Las exportaciones noruegas de bacalao fresco a España descendieron un 29 % en volumen durante 2025, hasta las 3.243 toneladas. La caída estuvo relacionada en buena medida con el descenso de las exportaciones de bacalao salvaje fresco. Por eso, más que hablar de un crecimiento lineal, el interés de Noruega se sitúa en reforzar el valor y la presencia del producto fresco en un mercado especialmente vinculado al consumo de pescado.
Es también un producto que permite ampliar el repertorio culinario más allá de las preparaciones tradicionales. El bacalao fresco puede incorporarse a recetas al horno, a la plancha o acompañado de verduras, pero también a propuestas de inspiración internacional como el sushi, el sashimi o los tartares.
De la receta tradicional a las cocinas internacionales
La evolución de estos productos refleja, en parte, la transformación de la cocina doméstica española. El pescado ya no aparece únicamente ligado a elaboraciones tradicionales y los consumidores combinan cada vez más ingredientes y técnicas procedentes de diferentes gastronomías.
El salmón es probablemente uno de los ejemplos más claros de este cambio. Su presencia en el sushi y el sashimi, los poke bowls, los tacos o las preparaciones con aguacate convive con recetas mucho más próximas a la cocina cotidiana española.
Con el bacalao ocurre algo parecido. Junto a preparaciones clásicas aparecen propuestas con curry, ensaladas templadas, elaboraciones con verduras o recetas en las que su textura permite jugar con técnicas y sabores procedentes de otras cocinas.
La versatilidad se convierte así en un argumento de consumo tan relevante como el propio producto. En una época en la que buena parte de las comidas se resuelven entre el trabajo, los desplazamientos y las obligaciones familiares, la posibilidad de preparar un pescado de diferentes maneras y en poco tiempo adquiere un peso creciente.
Nutrición, comodidad y origen
El componente nutricional es otro de los argumentos utilizados por el sector para reivindicar el papel del pescado dentro de una alimentación equilibrada. El salmón aporta proteínas y ácidos grasos omega 3, mientras que el bacalao destaca por tratarse de un pescado blanco de bajo contenido graso.
El Consejo de Productos del Mar de Noruega sitúa además la trazabilidad y el origen como elementos relevantes para diferenciar sus productos en el mercado español. En el caso del bacalao fresco, la organización destaca especialmente la posición de Noruega dentro de esta categoría.
La cuestión resulta especialmente relevante en un mercado en el que el consumidor encuentra cada vez más productos preparados y diferentes formatos en los lineales. La comodidad puede facilitar el consumo, pero también hace más importante identificar con claridad el origen y las características del pescado que llega al hogar.
Dos pescados, dos momentos del mercado
La vuelta a la rutina sirve, por tanto, como punto de partida para observar dos realidades diferentes dentro del pescado noruego en España. El salmón cuenta ya con una presencia consolidada y con un consumo doméstico elevado, mientras que el bacalao fresco representa una categoría en la que Noruega mantiene una posición particularmente fuerte y busca nuevas formas de conexión con el consumidor.
Más allá de las recetas concretas, ambos productos participan de una transformación más amplia: la de una cocina cotidiana que busca combinar producto, variedad y rapidez. Una tendencia que probablemente seguirá condicionando la forma en que el pescado llega a las mesas españolas durante el próximo curso.
Más información: Consejo de Productos del Mar de Noruega
