Sedella y Valenciso: un viaje especial con dos propuestas que nos cautivarán.

852 kilómetros separan a las dos bodegas que presentamos hoy. Hay casi 10 horas de distancia en coche entre Sedella, en la Axarquía malagueña y Ollauri, en La Rioja. Desde luego no son cercanas y no comparten suelos, ni el clima, o el paisaje, ni tan siquiera los acentos. Pero tienen algo en común y es que nos encontramos dos joyas enológicas, son ambos vinos de autor, de limitada producción, emocionantes y merecedores de ser compartidos.

Para el Sedella hay que cerrar los ojos y desde el primer trago no resulta exagerado decir que nos ha trasladado al monte. Mediterráneo, salino, yodado, frutal, asilvestrado, forestal, con piedras que crujen a nuestro paso y esa brisa fresca que acaricia la cara… a lo lejos podríamos ver la mula con sus cuatro cajitas, lleva bayas azuladas de bonito color y todas ellas han captado el entorno.

Mientras tanto, en una tierra de grandes y buenos vinos destaca un proyecto inteligente y serio. Tiene mérito, y mucho, atreverse a competir con un Rioja tan personal y a la vez tan adaptado al gusto de diferentes perfiles. La apuesta por el equilibrio y la elegancia, y sobre todo la honestidad de un único vino de reserva, Valenciso acompañado de su sorprendente par blanco.

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