En el extremo oriental de Galicia, donde el mar Cantábrico rompe con fuerza contra los acantilados y el verde lo invade todo, Ribadeo se presenta como una de las villas costeras más elegantes y serenas del norte peninsular. Punto de encuentro entre Galicia y Asturias, su identidad marinera, su arquitectura indiana y su proximidad a algunos de los paisajes naturales más espectaculares del país la convierten en el inicio perfecto de una escapada corta, pero intensa.
A poco más de una hora por carretera, Lugo ofrece el contrapunto ideal: una ciudad interior, de ritmo pausado, custodiada por la única muralla romana del mundo que se conserva íntegra. Un solo día basta para comprender por qué esta combinación —mar y piedra, océano y Roma— funciona tan bien. No se trata de verlo todo, sino de vivir lo esencial.
Ribadeo por la mañana: patrimonio indiano y horizonte atlántico
Ribadeo se recorre con facilidad y sin prisas. El paseo comienza en su casco histórico, donde conviven plazas tranquilas, calles comerciales y edificios que evocan su pasado como puerto clave del comercio marítimo. El entorno de la Praza de España, el Campo de San Francisco y el barrio de San Roque permiten una primera toma de contacto con una villa cuidada, luminosa y abierta al mar.
Entre todos sus edificios destaca la Torre dos Moreno, uno de los grandes iconos arquitectónicos de Ribadeo. Construida a comienzos del siglo XX por emigrantes retornados de América, su estilo ecléctico y su presencia dominante recuerdan una época de prosperidad ligada al fenómeno indiano, que dejó una huella profunda en toda la Mariña Lucense.
Faro de la Isla Pancha: el guardián de la ría de Ribadeo
El Faro de la Isla Pancha se alza sobre un pequeño islote unido a Ribadeo por un estrecho istmo, convirtiéndose en uno de los enclaves más fotogénicos de la Mariña Lucense. Construido en 1857 para guiar la navegación en la ría de Ribadeo, su silueta blanca contrasta con el azul cambiante del Cantábrico y el verde del entorno, creando una imagen serena y poderosa a la vez. Desde este punto privilegiado, la vista abarca tanto la costa gallega como la asturiana, recordando la importancia estratégica de este paso marítimo.

Más allá de su función original, el faro se ha convertido en un lugar de paseo y contemplación. El acceso a la isla, regulado para preservar el entorno, permite disfrutar de un paisaje abierto al océano, especialmente al atardecer, cuando la luz transforma el horizonte y el sonido del mar adquiere un protagonismo absoluto. La Isla Pancha no es un lugar para la prisa, sino para detenerse y comprender la relación histórica de Ribadeo con el mar.

La Playa de las Catedrales: el gran monumento natural de Galicia
La Playa de las Catedrales, oficialmente conocida como Praia das Catedrais o As Catedrais, es uno de los grandes símbolos naturales de Galicia y una referencia ineludible del litoral cantábrico. Sus impresionantes arcos de roca, formados por la erosión marina a lo largo de miles de años, recuerdan a las naves de una catedral gótica abierta al océano. Durante la bajamar, el arenal se transforma en un escenario casi monumental, donde el visitante puede caminar entre pilares de piedra y pasadizos naturales esculpidos por el tiempo.

Este espacio natural protegido exige respeto y planificación. El acceso está regulado en determinadas épocas del año para garantizar su conservación, y la visita debe adaptarse siempre al ritmo de las mareas. Más allá de su valor paisajístico, la Playa de las Catedrales representa la fuerza del mar como creador de belleza y la necesidad de preservar un entorno único que se ha convertido en emblema de la costa gallega.
Comer en Ribadeo: sabores del Cantábrico
Antes de abandonar Ribadeo, la gastronomía se convierte en una parte fundamental del viaje. El entorno del puerto y el centro urbano concentran restaurantes donde el producto manda: pescados del día, mariscos frescos y arroces marineros preparados sin artificios.
Comer en Ribadeo es una forma de prolongar la experiencia del mar, de entender su relación histórica con el océano y de disfrutar de una cocina honesta, basada en materia prima y tradición.
Del litoral al interior: camino hacia Lugo
El trayecto entre Ribadeo y Lugo atraviesa algunos de los paisajes más verdes y tranquilos del norte gallego. Pequeñas aldeas, colinas suaves y prados abiertos acompañan el viaje, marcando un cambio progresivo de atmósfera. El mar queda atrás y el interior toma protagonismo.
Esta transición no es solo geográfica, sino también temporal. El viajero deja el Cantábrico para adentrarse en una ciudad fundada hace más de dos mil años: Lucus Augusti.

