De la historia de la
ciudad se sabe muy poco hasta que en 1169 Fernando II concede foros al
burgo Pontus Veteri, que poco después fue donado a la iglesia
compostelana. Durante los siglos XIV, XV y XVI fue el primer puerto de
Galicia, con un importante gremio pescador, el de los mareantes, que
le dio a Pontevedra un talante burgués y comercial. La importancia de
su economía en el período tardomedieval y en los comienzos de la Edad
Moderna hicieron de ella la ciudad preferida por la nobleza gallega
para residir, de modo que hoy conserva una buena muestra de pazos
urbanos. La ciudad se ha desarrollado fundamentalmente gracias a la
pesca, sobre todo con la salazón y comercialización de la sardina.
La riqueza de la ciudad y la facilidad de acceso por mar y tierra la
hicieron preciado objeto de deseo de numerosos pueblos que practicaron
el pillaje: razzias musulmanas y sucesivos ataques de normandos,
daneses, franceses, portugueses y piratas turcos y berberiscos, además
de las más sanguinarias incursiones inglesas de los siglos XVI
(comandadas por el corsario Drake) y XVIII (general Homobod). Los s.
XVII y XVIII supusieron un período de crisis en la ciudad,
propiciada por la reducción de los bancos de sardina, el progresivo
colmataje en la ría con la consiguiente pérdida de importancia del
puerto y con la marcha de muchas familias nobles. Tan sólo con la
consecución de la capitalidad municipal en 1833 logra frenarse el
declive, con un nuevo período de esplendor cultural y político que
llegó de la mano de sus nuevas funciones administrativas, que
desde entonces son las que marcan sus ritmos vitales.
Comenzaremos nuestro paseo por la atractiva zona antigua de la ciudad,
que destaca, más allá del indudable interés de sus monumentos, por su
harmonioso conjunto pétreo, lleno de casas nobles blasonadas,
soportales y plazas que mantienen una fuerte vitalidad urbana.
Partiremos de la Basílica de Santa María la Mayor, situada en
uno de los puntos más altos de la ciudad. Fue erigida en el siglo XVI,
costeada por el gremio de los mareantes, cuyo barrio de A Moureira se
asentaba al pie de la fachada sur del templo, fachada plateresca de
muy lograda factura.

Basílica de Santa María la Mayor.
Buscando el carácter
hidalgo de la ciudad nos desplazamos a través de la calle Isabel II
hacia la Praza do Teucro, nombre del mítico fundador griego de la
ciudad, en la que nos detendremos a contemplar varios pazos barrocos
dieciochescos (Gago, Montenegro, el del conde de San Román e Pita).
Siguiendo camino y visitando las plazas de Curros Enríquez y Méndez
Núñez vemos las huellas de la hidalguía en numerosas residencias.
Es interesante pasear por estas laberínticas pero evocadoras calles,
especialmente hermosas en las horas nocturnas, que se abren
continuamente en acogedoras plazas que en varios casos
mantienen el nombre de su vocación mercantil tradicional, como la de
la Verdura, donde aún continúa su venta, o la de la Leña, muy típica y
de carácter popular, con casas de buena cantería granítica,
soportales, galerías y un cruceiro en el centro que conforman una de
las postales más conocidas de la urbe. En este lugar se encuentra el
Museo de Pontevedra, que hay que visitar por la importancia y variedad
de sus colecciones.
Continuamos camino en la búsqueda de la Praza da Ferrería, organizada
en torno a una muy bella fuente del s. XVI, donde encontramos un
amplio espacio abierto que incluye la Praza da Estrela y los Jardines
de Casto San Pedro. Es este el corazón de la ciudad, lugar de
paso, ocio y celebraciones variadas, en el que destaca la presencia
del convento de San Francisco y de la Iglesia de la Peregrina.

Imagen de la Praza da Estrela.
El antiguo convento de
San Francisco, conserva la iglesia gótica de más de cien metros de
longitud, destacando de ella la fachada con un gran rosetón y
numerosos sepulcros y tumbas de pontevedreses ilustres. Por su parte,
La Peregrina, situada al pie del Camino Portugués a Compostela, fue
erigida con forma de vieira y fachada curva a finales del siglo XVIII.
Desde aquí cogemos la calle Cobián Roffignac, en la que se sitúan las
nuevas instalaciones de ampliación del Museo de Pontevedra, y vamos
hacia el río, en el que tras atravesar el puente de Santiago podemos
visitar el atractivo parque Rosalía de Castro.
Siguiendo camino por el Paseo del ingeniero Rafael Areses aparece la
Illa das Esculturas, que acoge obras de gran formato de variados
artistas de gran renombre en un espacio de 70.000 m2 en el que la
naturaleza también está muy presente. En las cercanías aparece una
interesante obra de arquitectura contemporánea que hay que visitar, el
Pazo de Congresos y Exposiciones, y el campus universitario.
Retornamos a la ciudad por el puente del Burgo, de origen
romano pero sustituido en el s. XII por otro con once arcos de medio
punto, por el que transcurre el camino jacobeo portugués en el que se
sitúa la hermosa capilla del Santiaguiño. Desde ella tomamos camino
hacia el magnífico Mercado de Abastos, restaurado por el arquitecto
César Portela en 2003, y nos acercamos a la Praza da Pedreira, donde
se yergue el pazo barroco de Mugartegui, la sede del Consejo Regulador
de la Denominación de Origen Rías Baixas, y en una de sus esquinas una
antigua casa que conforma un arco por el que nos indica la salida de
la plaza.

El Puente del Burgo.
Nos dirigimos hacia el
Parador Nacional de Turismo, erigido entre los s. XVI y XVIII.
Seguimos camino por una concurrida zona de vinos y tapas, pasando por
la Praza das Cinco Rúas, siguiendo la de Paio Gómez Chariño y
desembocando en la calle Tetuán, donde aparece el Teatro Principal, de
mediados del s. XIX y la Casa das Campás, edificio del rectorado
universitario. Muy cerca aparece la Praza de España, en la que se
sitúan la Casa Consistorial, las ruinas góticas de Santo Domingo, de
evocador aire romántico, y una serie de espacios verdes que son los
restos de las antiguas huertas de los dominicos: la Alameda Arquitecto
Sesmeros, los Jardines de Colón y los de Vincenti. Desde aquí nos
dirigimos a la Praza de San Xosé o da Música, espacio para la cultura,
pues podremos acercarnos al Café Moderno (Centro Cultural Caixa
Galicia) y al Centro Cultural Caixanova.
Para encaminarnos ya al final de la ruta continuamos por la Avda. da
Raíña Victoria Eugenia y San Roque hacia la Plaza de Toros, en cuyas
cercanías aún tenemos la suerte de poder visitar algunas de las
tradicionales casas de pescadores del barrio de A Moureira, muy
simples pero de gran tipismo y hermosura, encaladas y a doble
vertiente.

Casa típica del barrio de A Moureira.
Desde aquí volvemos hacia
la Alameda y terminamos en la Praza de Alonso de Fonseca tras recorrer
la Avenida de Santa María, en la que aparecen las casas de los Fonseca
y Méndez Núñez, aunque perdió las impresionantes torres arzobispales
que la completaban.
La zona comercial de la ciudad por antonomasia son las calles
Michelena, Peregrina y Oliva, así como su entorno inmediato, con
numerosas pequeñas tiendas en las que se puede encontrar casi de todo.
Además, Pontevedra cuenta con un mercado muy concurrido todos los
sábados en el parque Rosalía de Castro. Otra buena opción para las
compras es el reciente Centro Comercial Vialia, situado en la estación
de RENFE, en la Praza de Calvo Sotelo, con una amplia oferta, no sólo
comercial sino también de ocio.
Las numerosas terrazas de la Ferrería y la Praza da Estrela, así como
en las calles próximas de San Sebastián o la Praza da Verdura, cuentan
con numerosas tascas y restaurantes para degustar variadas
raciones de productos de la tierra y de la ría. La ciudad es reflejo
gastronómico de su entorno, de modo que cuenta con buenas carnes de
cerdo y ternera llegadas del interior de la provincia, pescados y
mariscos del mar que se abre delante de la urbe y los deliciosos
caldos albariños, entre los que hay que destacar los de la zona de O
Salnés.
La noche pontevedresa se vive fundamentalmente en el casco viejo. La
zona entre la Praza das Cinco Rúas y la Praza de España, junto con las
calles adyacentes como Paio Gómez Chariño, es una activa zona de vinos
en la que hay un gran ambiente hasta horas avanzadas de la noche. Las
plazas son una buena opción para ir a las terrazas, destacando las de
la Leña, Verdura y Teucro. La movida juvenil se concentra en la zona
del Campiño de Santa María.
El visitante de Pontevedra no debe abandonar la ciudad sin pasear por
la orilla del Lérez, recuperada muy acertadamente para el ocio de la
ciudad, pues ofrece al caminante un encanto muy evocador, con rincones
muy agradables y que incluso parecen sacados de un cuento. En la
orilla Norte aparecen los mejores lugares para pasar un momento
agradable, y entre ellos hay que recomendar encarecidamente la Illa
das Esculturas, en la que se puede disfrutar de un paseo que
combina naturaleza y cultura. En esta isla fluvial de 7 hectáreas se
puede admirar una variada lista de obras escultóricas de gran tamaño
de reputados artistas gallegos y foráneos al mismo tiempo que se pasea
por un espacio natural de gran valor ecológico.
Más información:
Turgalicia
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