Madrid vive desde hace años una auténtica ebullición gastronómica. La capital acumula aperturas, nuevas tendencias y propuestas llegadas de todos los rincones del mundo. Sin embargo, en un sector donde muchos proyectos aparecen y desaparecen con rapidez, hay restaurantes que han logrado algo mucho más difícil: mantenerse durante décadas conservando su personalidad y ganándose la fidelidad de varias generaciones de clientes.
Ese es el caso de Montes de Galicia, un establecimiento que se ha convertido en una referencia imprescindible para quienes buscan cocina gallega de calidad en Madrid. Lo que comenzó como el sueño de un joven emigrante gallego terminó transformándose en uno de los restaurantes más reconocidos de la ciudad, capaz de combinar tradición, producto y evolución constante sin perder su esencia.
De una aldea gallega a la capital
La historia de Montes de Galicia está estrechamente ligada a la trayectoria de su fundador, José Espasandín. Nacido en Pudenza, una pequeña localidad de la provincia de A Coruña, descubrió desde niño su pasión por la cocina observando a su abuela entre fogones.
Como tantos gallegos de su generación, decidió buscar oportunidades lejos de su tierra. Con apenas 15 años se trasladó a Madrid con una idea clara: algún día abriría su propio restaurante. El camino, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo.
Sus primeros trabajos fueron los habituales de quien empieza desde abajo en la hostelería. Lavó platos, trabajó largas jornadas y aprendió cada detalle del oficio en distintos establecimientos madrileños. Esa experiencia acabaría convirtiéndose en el mejor aprendizaje posible para emprender su propio proyecto.
En 1997, aquel sueño tomó forma con la apertura de Montes de Galicia en la calle Azcona, muy cerca de la Plaza de Toros de Las Ventas. Desde el primer momento, el concepto fue diferente: trasladar a Madrid la esencia de la cocina gallega tradicional, pero adaptada a un entorno urbano y contemporáneo.
La cocina gallega sigue conquistando Madrid
La gastronomía gallega vive desde hace años uno de sus momentos de mayor prestigio. La riqueza de sus costas, la calidad de sus pescados y mariscos, la importancia del producto de temporada y una cocina basada en el respeto a la materia prima la han convertido en una de las más valoradas de España.
Madrid, además, se ha consolidado como uno de los grandes escaparates de esa cocina. Numerosos restaurantes gallegos forman parte del paisaje gastronómico de la capital, pero pocos han logrado alcanzar el reconocimiento de Montes de Galicia.
La clave parece estar en una filosofía que apenas ha cambiado en casi tres décadas: priorizar siempre el producto por encima de cualquier moda pasajera.
En Montes de Galicia la innovación no busca sustituir la tradición, sino encontrar nuevas formas de poner en valor los mejores ingredientes.
Ese equilibrio entre respeto por las raíces y capacidad de adaptación ha permitido que el restaurante siga siendo relevante para públicos muy diferentes.
Un restaurante que ha sabido evolucionar
La longevidad de un restaurante no depende únicamente de la calidad de sus platos. También exige capacidad para interpretar los cambios en los hábitos de consumo y las nuevas expectativas de los clientes. Montes de Galicia ha entendido bien esta transformación. Su propuesta gastronómica ha evolucionado de forma constante, incorporando nuevas técnicas culinarias, presentaciones más cuidadas y experiencias más completas para el comensal.
Sin embargo, esa modernización nunca ha supuesto abandonar los platos que han construido su reputación. Especialidades como la lasaña de merluza, el pulpo a la brasa o los buñuelos de bacalao continúan siendo algunos de los grandes protagonistas de una carta que combina recetas clásicas con una visión contemporánea de la cocina gallega.
A ello se suma una apuesta cada vez más decidida por elaboraciones fuera de carta y productos exclusivos seleccionados según mercado y temporada.
El valor de los pescados salvajes y el producto de temporada
Uno de los aspectos que más está definiendo la evolución reciente del restaurante es su interés por incorporar materias primas cada vez más exclusivas.
La búsqueda de pescados salvajes difíciles de encontrar, mariscos seleccionados y productos llegados directamente desde Galicia se ha convertido en una de las señas de identidad de la casa.
Esta tendencia conecta además con una corriente cada vez más visible en la alta restauración española: el regreso al producto como elemento central de la experiencia gastronómica.
Frente a propuestas excesivamente técnicas o conceptuales, muchos comensales valoran hoy la autenticidad de los ingredientes, su procedencia y su temporalidad. En este sentido, Montes de Galicia ha encontrado una fórmula que conecta tanto con clientes habituales como con nuevos públicos interesados en descubrir sabores ligados al territorio.
Un punto de encuentro para personalidades de todos los ámbitos
La reputación alcanzada por el restaurante ha hecho que sus mesas se conviertan en un lugar frecuentado por figuras destacadas de diferentes sectores.
Artistas, deportistas y representantes institucionales forman parte de una clientela que ha contribuido a aumentar la visibilidad del establecimiento. Entre quienes han pasado por el restaurante figuran nombres como Ana Mena, Pablo López, Edurne, Fernando Torres, Jan Oblak, Endrick, Alberto Contador, Juancho Hernangómez o Isabel Díaz Ayuso.
Sin embargo, más allá de las fotografías o de los nombres conocidos, el verdadero activo del restaurante sigue siendo su clientela habitual, formada por madrileños y visitantes que regresan atraídos por una propuesta reconocible y consistente.
El relevo generacional como garantía de continuidad
Uno de los momentos más importantes en la historia reciente de Montes de Galicia ha sido la incorporación de la segunda generación familiar al proyecto. Con el paso de los años, Daniel Espasandín asumió la dirección del restaurante con el reto de preservar el legado construido por su padre y, al mismo tiempo, adaptarlo a las nuevas exigencias del mercado.

El relevo generacional es un desafío que muchos restaurantes históricos no consiguen superar. En este caso, la transición se ha planteado como una evolución natural que mantiene intactos los valores fundacionales del establecimiento.
La atención al detalle, el cuidado del servicio, la estética de los platos y la creación de una experiencia gastronómica más completa forman parte de esta nueva etapa.
Una visita imprescindible para los amantes de la cocina gallega
Situado en una de las zonas gastronómicas más dinámicas de Madrid, entre el distrito de Salamanca y el entorno de Las Ventas, Montes de Galicia resulta una parada especialmente recomendable para quienes desean descubrir la riqueza culinaria gallega sin salir de la capital.
Si visitas Madrid por turismo gastronómico, reservar con antelación es una buena idea, especialmente durante fines de semana y temporadas de mayor afluencia. La experiencia encaja tanto con celebraciones especiales como con comidas de negocio o encuentros familiares.
Tras casi treinta años de trayectoria, el restaurante continúa demostrando que la mejor manera de mantenerse vigente no es seguir las modas, sino perfeccionar aquello que hizo especial un proyecto desde el primer día. En un panorama gastronómico tan competitivo como el madrileño, esa capacidad para evolucionar sin perder identidad explica por qué Montes de Galicia sigue ocupando un lugar destacado entre los restaurantes más apreciados de la ciudad.
Más información: Los Montes de Galicia

