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La Rochelle cuenta con unos 100.000 habitantes y está situada en la costa oeste de Francia, al norte de la Gironde, entre las costas de Bretaña y el golfo de Gascuña.
La ciudad destila historia y arte que a su vez es reflejo de la vocación marítima de la que fue ciudad fortificada. Así destacan las torres que custodian la entrada del Viejo puerto, el gran reloj cuya puerta lleva del puerto a la ciudad fortificada, las residencias medievales, renacentistas y del siglo XVIII, pertenecientes a los navieros y comerciantes, sus calles con portales...
Para comprobarlo es imprescindible recorrer la explanada de la tour de la Lanterne, el viejo Puerto y el casco urbano, en el entorno de la Porte de la Grosse-Horloge, la Plaza de Verdun y la zona del Hôtel de
Ville.
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Tour Lanterne.
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El viejo Puerto, levantado bajo el auspicio de Leonor de Aquitania, es un recinto de férreas defensas, entre las que destaca la torre de San Nicolás, de 42 metros de altura, construida sobre pilares de roble.
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Torres de San Nicolás y la Cadena custodian la entrada al viejo puerto. |
Enfrente resalta la tour de la Chaîne, torre de la cadena, creada en el siglo XIV y dañada en conflictos posteriores, si bien fue restaurada en el XIX y XX. Entre un fuerte y el otro se encontraba la cadena que evitaba la entrada al puerto.
La zona en la actualidad además está cuajada de atractivos comercios de souvenirs y cafés.
Al casco viejo se accede desde el puerto por la puerta de La Grosse
Horloge.
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Puerta de la
Grosse-Horloge |
En principio era un acceso de la villa fortificada, se compone de una puerta ubicada entre torrecillas, a la que en el siglo XV se añadió la parte central para poner un campanario octogonal. En el siglo XVIII se modificó nuevamente y es como hoy lo vemos.
Entre los edificios sobresalientes de la ciudad -aparte de las casas de arquitectura tradicional y edificios nobles de piedra- está el Palacio de Justicia, el edificio la Maison Henri II, construido en el siglo XVI, en estilo renacentista y el hôtel de la Bourse del siglo XVIII donde está actualmente la Cámara de Comercio y el Tribunal de Comercio.
Por el perpetuo conflicto de religiones al que fue sometida la ciudad quedan pocas manifestaciones de arte religioso.
Entre ellas permanecen la torre de Saint-Barthélemy, del siglo XV, vestigio de un templo originario del XIII del que sólo queda el campanario -se salvó por su importancia estratégica-militar-.
También la Iglesia de San Salvador edificada en el siglo XIII, destruida en el XV por un incendio, reconstruida en estilo gótico y finalmente afectada por las luchas religiosas, de tal forma que lo que contempla el viajero hoy es parte gótica y parte del XVIII.
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Patio Principal del Ayuntamiento |
Finalmente en La Rochelle, como era sede diocesana, los católicos necesitaban un edificio para que hiciera las veces de catedral, para lo cual utilizaron uno protestante, si bien ardió, fue entonces cuando se pensó en construir una catedral -la de San Luis- que hasta 1784 no se bendeciría. En el XIX se concluyeron el ábside y la cúpula, pero no así los campanarios, razón por la que el edificio parece incompleto.
También en el casco antiguo el visitante se topa con el ayuntamiento de La Rochelle, tras un muro del gótico final -flamígero- y fachada renacentista sobre unas gruesas columnas del arquitecto Du Cerceau. Además en este edificio se puede conocer la historia de la
ciudad.
Aparte de por su historia y su arte, La Rochelle es una cita obligada para los amantes del
deporte náutico. Desde hace años, La Rochelle viene siendo sede campeonatos franceses o mundiales de distintas categorías y tipos de competiciones.
No en vano, La Rochelle se ha convertido en el primer puerto de recreo de la costa del Atlántico con el puerto de Minimes, accesible en "bus de mer" partiendo del viejo puerto.
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Puerto deportivo de Les Minimes en La Rochelle |
En la Rochelle es obligatorio hablar de gastronomía. La ciudad ofrece quinientos restaurantes donde saborear lo mejor de la cocina francesa. Recomendamos no perderse uno de los platos típicos de la ciudad la Mouclade, mejillonada, regada con una sabrosa salsa, que qué mejor que acompañarlos de los buenos vinos de las cercanas Cognac y
Bordeaux.
Finalizamos este recorrido por la ciudad, recomendando otras visitas interesantes para el viajero: el parque Charruyer y el paseo del Mail; los museos del Nuevo Mundo -imprescindible para el que quiera conocer la relación de la ciudad con América-, el museo d'Orbigny-Bernon -con cerámicas, arte del extremo Oriente y la historia de La Rochelle-, el museo de Historia Natural -destacamos las colecciones etnográficas y de historia natural, arte primitivo de Asia y Oceanía-, el museo de las Bellas Artes - muestra pinturas del siglo XVII hasta nuestros días y de los maestros originarios de la Rochelle: Chasseriau, Fromentin, Bouguereau-, el museo del frasco de perfume -una colección de mas mil frascos-, y finalmente, el museo Grévin -para descubrir los momentos claves de la historia de La
Rochelle-.
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